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Esperando la primavera en un año sin invierno
Carlos Egio
Salgo de casa a caminar por la ciudad. No tengo prisa, nadie me espera en ningún sitio; tampoco tengo obligaciones más allá de las que me imponga por darle un sentido al día, así que puedo recorrer las calles tranquilamente, fijándome en los detalles. Casi sin darme cuenta, en un momento llego al río y lo cruzo como tantas veces he hecho.
Reconozco el ritmo lento, a veces demasiado lento, de Murcia. Con la que está cayendo y nada inmuta a mis paisanos que una ocasión tras otra se empeñan en depositar su confianza en los que ya parecen los de siempre. Con la que está cayendo y la tienda de cafés de lujo de una conocida marca junto al Teatro Romea está repleta de gente que parece pensar que lo más importante en el día a día es aparentar ´glamour´ hasta en la bebida caliente de las mañanas. Por cierto que el teatro sigue cerrado y a nadie le preocupa, a nadie salvo a los luchadores de causas imposibles; a los que se desgañitan un día tras otro intentando rasgar el velo que oculta la realidad. No me detengo, las calles me llaman, quiero reconocer viejos rincones en los que fui feliz. A mi paso por Alfonso X me cruzo con señoronas bien vestidas que se saben las dueñas de este tiempo, su discurso de cotorras repasa las noticias de la jornada con agrado, hicieron bien especulando con aquellos pisos en el centro y vendiendo parcelas de huerta; ahora solo hay que esperar a que vuelvan los ´buenos momentos´ para hacer mejores negocios. Quién iba a decir que el siglo veintiuno iba a ser de los mismos que se adueñaron del veinte.
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Y ya tenemos aquí, imperante, a Rajoy
Pedro Egio
Poco ha tardado en vérsele el plumero. Ninguna reducción en sueldos y prebendas de los señores políticos, promesas de mayor protección a los empresarios, subida de impuestos muy poco proporcionada, abordaje muy insuficiente del fraude fiscal, congelación del salario mínimo, congelación de plazas y sueldos de funcionarios, subida de pensiones sin mimar las más bajas...; y en varias autonomías, por ejemplo en Castilla-La Mancha, privatizaciones de áreas esenciales para el ciudadano, véase los hospitales de Tomelloso, Villarrobledo y Manzanares.
¡Totalmente desconsolador! La crisis la paga el menos pudiente. Ya el último Zapatero se entregó a las desesperadas demandas de los mercados, sin haber recibido muchos honores precisamente; pues ahora la capacidad de maniobra del capital para salvarse a sí mismo, y sólo a sí mismo, es toda una carrera de fondo también aquí, en nuestro país, como en casi todas partes.
Está claro: algo no va muy bien en este mundo. Ya sabemos desde hace siglos que esto se parece bastante a un ´valle de lágrimas´, que el hombre es ángel caído de todas sus prerrogativas de ángel, y siempre hemos intentado mirar al cielo para paliarlo; pero la sociedad de los últimos veinte o treinta años está atravesada por tremendas contradicciones; por ejemplo, la técnica más avanzada y las carencias más fundamentales para cada vez más población. Se complican las cosas y el capitalismo lame sus heridas con más capitalismo, sin lograr los resultados esperados. Problemas complejos que queremos solucionar ahogando a los más débiles, entre ellos a los trabajadores, precisamente quienes modelan en primera instancia este mundo, sin querer compartir con ellos la carga de esta delicada situación.
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Ideas del Procomún y Gobierno Abierto
Gabriel Navarro
En estos tiempos de injusta incertidumbre y de desenfrenada privatización de casi todo, incluso de algunos sueños, emerge con fuerza y con proyección de futuro la idea del procomún junto a la, cada vez más necesaria, vertebración en nuestra sociedad del gobierno abierto, un escenario fundamental en la participación activa de los ciudadanos por el bienestar común.
Por “procomún” (provecho común, traducción al castellano del commons anglosajón) o bien comunal se entiende aquellos bienes, recursos, procesos o cosas cuyo beneficio, posesión o derechos de explotación pertenecen a un grupo o a una comunidad de personas. Estos bienes corresponden a tres categorías generales: regalos de la naturaleza, creaciones materiales y creaciones intangibles. Procomún es la forma de expresar una idea muy antigua: que algunos bienes pertenecen a todos, y que constituyen una constelación de recursos que debe ser activamente protegida y gestionada por el bien común. (MediaLabPrado) El concepto esta ligado a la figura jurídica de dominio público.
Por Gobierno Abierto se entiende que los temas de gobierno y administración pública deben ser abiertos a todos los niveles posibles en cuanto a transparencia, creando espacios permanentes de participación y colaboración ciudadana. Pretende una evolución del sistema de democracia representativa hacia otro modelo de democracia participativa, y el objetivo final es la mejora de la democracia y de la calidad de vida de los habitantes. Aunque esta idea aparece ya en la Ilustración, ha adquirido un protagonismo notable al incorporarse en la agenda de gobierno del presidente Obama en USA, y al desarrollarse en gobiernos de distintas administraciones en muchos países.
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El invierno de nuestro descontento
Patricio Hernández Pérez
Se dice que vivimos en un tiempo de gran condensación histórica, que atravesamos una rápida aceleración de procesos que están sentando las bases de un momento nuevo de la vida colectiva. Todos lo sentimos en nuestras propias vidas y en nuestro entorno, con más inquietud que curiosidad, pues la mutación viene acompañada del empeoramiento de nuestras condiciones de vida y de negros presagios sobre el futuro que nos aguarda.
Crece la inseguridad socialmente producida, y vemos amenazadas nuestras bases materiales -"la precaridad está por todas partes" (Bourdieu)- pero también las simbólicas, empezando por el vaciamiento del concepto mismo de democracia. Se vuelve a citar al clásico: «Todo lo sólido se disuelve en el aire». El sentimiento resultante es una mezcla de miedo, resignación e indignación, en dosis diferentes según de quien se trate.
En muy poco tiempo hemos pasado del éxtasis del festín consumista a la psicosis de la escasez, de la quimera del pleno empleo al paro masivo, del Estado protector al precarizador, de una Europa garantía de nuestro bienestar a una instancia despiadada de poder coactivo. La sensación es que nos hemos desplazado del centro a la periferia del mundo, y que somos impotentes y muy vulnerables frente a las decisiones de los incontrolables centros de poder economico-financieros. Estamos bajo estado de shock en el nuevo auge del capitalismo del desastre que obtiene sus beneficios de explotar sistemáticamente el miedo y la desorientación de los ciudadanos (Naomi Klein).
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