Un cambio de consciencia global

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Alejandro Moreno

Alejandro MorenoUn modo habitual de pensar nos lleva a creer que el desencadenamiento de las crisis depende de una serie de personas concretas que están a cargo de puestos clave en el sistema. Así que, cambiando a esta serie de personas por otras, todo será diferente: un nuevo presidente, un nuevo gestor, etc., y las cosas cambiarán a mejor. También ese mismo modo habitual de pensar nos induce a creer que las crisis económicas requieren de soluciones económicas, las crisis políticas de soluciones políticas, las crisis demográficas de soluciones demográficas, las crisis tecnológicas de soluciones tecnológicas, etc. Cada cosa en su lugar, una aislada de la otra, un problema-una solución. Éste es un modo habitual de pensar.

Pero la abrumadora realidad que entra a borbotones por nuestros ojos, a diario, por todas partes, es una sensación de que todo-está-en-crisis; de que el mundo está patas arriba, de que nada funciona. El mismo modo habitual de pensar trata de encontrar el origen de sus causas, los responsables, ¡hasta los culpables de todo! En ese modo habitual de pensar está detrás la imagen de un tirano, un déspota o un dictador que sostiene toda la estructura en crisis y subyuga al resto de súbditos. Es también la imagen de una pirámide en cuya cúspide está el poder y en la base está la crisis; arriba los privilegiados y abajo los pordioseros.

Pero, de nuevo, la abrumadora realidad nos muestra una crisis múltiple, poliédrica, simultánea, a la vez económica, política, cultural, moral, espiritual y todos los ´–al´ que podamos imaginar. ¿Cómo puede ser todo ello asunto de unas cuantas personas, partidos, empresas o instituciones? ¿No sería entonces relativamente fácil la tarea de sustituir unos por otros? Puesto que el modo habitual de pensar tan sólo ve piezas, entonces piensa en cambiar unas piezas viejas por otras nuevas, y asunto arreglado. Una solución para esto, otra solución para aquello, etc.

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Los recortes en educación y el consejero en campaña

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Sara Henarejos y Ángel L. Hernández

Los profesores están en pie de guerra contra la última ocurrencia de Educación. Multitud de claustros de profesores de IES manifiestan un profundo malestar con la actitud manipuladora y caciquil que la consejería de Educación está teniendo con un tema sensible: la atención de alumnos que presentan mayores problemas de aprendizaje.

Durante estos días se están convocando, precipitadamente, claustros en numerosos IES, en los que se debate la participación, o no, en el nuevo programa que la consejería quiere imponer, como sustituto del eliminado Plan PROA. Ahora lo que se propone es una tomadura de pelo; y todo ello apelando a la profesionalidad, a la pasión que sentimos por esta profesión, y al cariño por nuestros alumnos.

Pero, ¿qué era el PROA? Durante los últimos años este plan se ha venido realizando en toda la Región, llegando a 146 centros de infantil y secundaria, atendiendo a los alumnos con mayores problemas, con un presupuesto anual en torno a los tres millones de euros. Dicha atención, realizada por el profesorado del propio centro, ha obtenido, según la propia consejería, unos resultados ´excelentes´, y sin embargo el plan fue eliminado por unos recortes que, una vez más, recaen en los más desfavorecidos: los hechos son la mejor declaración de intenciones.

A finales de noviembre el consejero Sánchez presentó un ´plan experimental´, dotado con hasta 200.000 euros y para un máximo de cuarenta centros de Secundaria, que fue vendido como una medida de apoyo al alumnado, ofreciendo hasta 5.000 euros a cada centro que se acoja a dicho programa. Se trata de un parche para ocultar sus vergüenzas y que tiene trampa.

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Seguridad contraciudadana

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Pedro Luis López

Bajo un Gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel», escribía Henry David Thoreau en 1848 en su conferencia titulada La desobediencia civil, cita que el Gobierno ha puesto de plena actualidad. Dicha obra sirvió de inspiración a Gandhi en la resistencia contra la ocupación británica en la India, o a Martin Luther King, Jr. en la estrategia de acciones directas no-violentas en contra de las leyes segregacionistas de la población negra en EE UU. La desobediencia civil y la presión social han conseguido a lo largo de la historia la modificación de leyes que hoy consideramos injustas y nefastas. En cambio, el anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana presentado por el Gobierno de España en Consejo de Ministros incide claramente en la criminalización de la desobediencia civil.

El título del citado anteproyecto de ley ya es de por sí manipulador; seguridad ciudadana no es criminalizar al ciudadano que protesta pacíficamente contra las medidas que lo están empobreciendo; seguridad ciudadana es tener servicios públicos de calidad; seguridad ciudadana es tener la garantía de que si pierdes el empleo no vas a vivir en la miseria; seguridad ciudadana es confiar en que siempre va a haber una solución habitacional para ti y tu familia; seguridad ciudadana es saber que aunque lo estés pasando mal económicamente tus hijos e hijas van a poder comer como mínimo tres veces al día y, en definitiva, seguridad ciudadana es tener la seguridad de que no vas a perder tu condición de ciudadano, es decir, que vas a poder conservar intactos tus derechos independientemente de tu estatus laboral y económico.

Por contra, ¿legisla este Gobierno contra la corrupción y el fraude fiscal que en un 80% es atribuible solamente a las grandes empresas y fortunas? No, porque esto sería legislar contra sí mismo y contra la minoría que representa; esa minoría que se sigue enriqueciendo a costa de la mayoría social que va camino de la miseria; minoría que es rescatada con dinero público, que evade impuestos, que lleva el dinero a paraísos fiscales. La Policía debería estar para protegernos de estos antipatriotas de pulserita de España, debería estar para perseguir a corruptos y a los banqueros culpables de esta crisis, y no para reprimir a los ciudadanos que protestan en la calle.

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Política en tiempos de cólera

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Jose Luis López Mesas

José Luis López MesasLa crisis provocada por el poder financiero ha dado la vuelta a las relaciones entre los que vivimos en Europa. Las burbujas varias han sido aprovechadas por los causantes del desaguisado para afianzar su estatus y recortar drásticamente lo que habíamos conseguido arrancarles al arrullo de los tiempos de bonanza ficticia, que ya vemos en lo que se quedó. Es el tiempo de que el mercado arrase con todo lanzando una salvaje andanada de privatizaciones, de forma que se convierte en motivo de negocio los más básicos de los derechos humanos. Fin de la cita, que diría uno de los sicarios de los financieros. Se acabó la fiesta, según otros.

Es una situación nueva que ha provocado también una convulsión en las formas de organizarnos políticamente. La falta de cintura de los partidos tradicionales y los sindicatos de clase, ha generado montones de organizaciones sociales que han atomizado todavía más el poder de respuesta de los ciudadanos que no pertenecemos a la minoría dominante. Si unos no han sabido desgajarse del sistema, los otros tampoco han entendido que no se quita uno de encima las cadenas solo con luchas parciales que dejan al poder actual todo el campo de la política decisoria.

De esta forma el campo de batalla a este lado de la trinchera está compuesto por organizaciones anquilosadas que ya no valen tal como están actualmente y por grupos de entusiastas cada uno en su parcela: sanitarios, maestros, desahuciados, pensionistas, parados y un largo etcétera, incapaces de entender que la sanidad, la enseñanza, el derecho a la vivienda, al trabajo o a una pensión digna, son cosa de todos, no de los grupos afectados.

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El engendro de Wert

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José Roberto Barrilado

José Roberto BarriladoHabemus LOMCE. El jueves ((21/11/13) quedó refrendada en el Senado la nueva Ley de Educación, que hará retroceder la educación en España cuarenta años. Su promotor, José Ignacio Wert, revienta este mes las encuestas del CIS situándose como miembro peor valorado del Gobierno con una puntuación histórica de 1,46 y lleva imparable paso de convertirse en el peor ministro de la democracia. Esto tiene mucho mérito cuando hay que competir con gestores de la talla de Narcís Serra, aquel socialista después reciclado sorpresa a banquero, que se embolsaba sueldos anuales de cuarto de millón de euros mientras se hundía Caixa Catalunya y los de a pie acudíamos al rescate con nuestras nóminas, nuestras becas, nuestra sanidad y nuestras pensiones; o cuando compites con nuestro paisano Federico Trillo, aquel más chulo que un ocho, que hasta tiraba euros a los periodistas que osaban preguntarle por la marcha de la búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak.

Y es que la habilidad de Wert para hacer amigos no conoce límites. Un día hago subir el sentimiento independentista catalán varios puntos del tirón largando que hay que «españolizar a los niños catalanes». Otro día arraso las becas Erasmus (porque, cuidado, no ha habido marcha atrás, sólo un parche, y a partir del año próximo, se acabó la ayuda estatal a nuestros estudiantes). Otro día autoenmiendo mi propia ley y monto un lío descomunal unificando los bachilleratos de Humanidades y Ciencias Sociales y obligando a los alumnos de esta última rama cuyo destino son los estudios de Economía y ADE, Magisterio, Periodismo o Relaciones Laborales, entre otros a cursar obligatoriamente dos años Latín en detrimento de las Matemáticas. El disparate fue tan mayúsculo que incluso la Sociedad Española de Estudios Clásicos se pronunció en contra. Podríamos seguir con el denigrante trato a la Filosofía, a la Tecnología? y no acabar nunca, o con el regreso triunfal de las reválidas que, lejos de mejorar la calidad de nuestro sistema, sólo busca profundizar en la segregación del alumnado y la polarización elitista entre escuela pública y privada.

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