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MEDIO AMBIENTE Y URBANISMO |
(La Verdad, 4-5-2007)
Escribo
este artículo en la estela del Día Internacional de
la Tierra. Una nueva llamada de atención sobre la insostenibilidad
de nuestro desarrollo, empeñado en malgastar recursos y territorios
en aras de un crecimiento económico que se muestra desigual
e irreflexivo y que compromete severamente nuestro futuro inmediato,
tanto localmente, por la adoración sin paliativos de los
poderes murcianos al ladrillo, como globalmente, con el cambio climático
como expresión máxima de esta excesiva depredación
ambiental.
No obstante, algunas de estos
problemas parecen trazar caminos más ilusionantes. Diecisiete
años después de que el vertido minero más dañino
del Mediterráneo occidental cesara en la costa y bahía
de Portmán, este ejemplo de agresión ambiental y deseconomía
parece tener un horizonte esperanzador. El compromiso de la ministra
de Medio Ambiente, Dña. Cristina Narbona, parece cumplirse.
Nos garantizó que la rehabilitación de la bahía
se iniciaría en esta legislatura y que dichos trabajos mostrarían
una ruta irreversible donde no cabría marcha atrás.
Todos nos hemos de felicitar
de que la bahía vaya a restaurarse aunque sea parcialmente
pero, como siempre, en esta superación de una deuda histórica
ambiental y social como es Portmán, están habiendo
luces y sombras. Las luces se han proyectado desde dos focos diferentes:
el ministerio de Medio Ambiente (todos sus estamentos implicados,
sin excepción), y el tejido social (vecinos, Fundación
Sierra Minera, ecologistas y Universidad). Ambos, después
de algún conflicto inicial, han querido entenderse y lo están
haciendo. Y a este entendimiento le deberemos la restauración
futura de la bahía. Por el contrario las sombras proceden
principalmente de nuestras Administraciones regional y local, que
parecen no darse cuenta de la extraordinaria trascendencia social
y ambiental del proyecto, preocupándose únicamente
de los aspectos relacionados con el negocio que se puede derivar
directamente de la restauración de la bahía, como
es el puerto deportivo y el crecimiento urbanístico. Sus
demandas en ambos temas son tan exageradas que pueden comprometer
la sostenibilidad definitiva de la restauración ambiental
de la bahía, que es al fin y al cabo la razón última
de esta iniciativa.
La viabilidad del proyecto ha
venido pivotando sobre varios componentes o posicionamientos, algunos
de ellos contradictorios entre sí, que pueden ser agrupados
en tres niveles:
Los esenciales: I) el proyecto
trata fundamentalmente de una restauración ambiental; II)
esa finalidad ambiental debe ser compatible con la aceptación
social del proyecto; III) acoplada a la restauración, pero
sin comprometerla técnicamente, se admite la construcción
de un puerto pesquero y deportivo, y IV) en respuesta al principio
de equidad, los sectores que se benefician económicamente
y de forma inmediata de la restauración deben contribuir
significativamente a los costes de la misma.
Los dirigidos a una mayor integración
ecológica y cultural: I) debemos conectar la restauración
de parte de la sierra minera con el proyecto; II) hay que incorporar
iniciativas que garanticen la conservación y recuperación
del patrimonio cultural minero, y III) el conjunto del proyecto
y las actividades de desarrollo que conlleve (puerto, urbanizaciones,
equipamientos culturales) deben ser ambiental y socialmente sostenibles,
bajo estándares internacionales de referencia.
Los dirigidos a un mayor negocio
económico: I) el puerto deportivo pretenden que sea lo más
grande posible, al menos en torno a 1.000 puntos de amarre o lámina
de agua equivalente (petición de la Comunidad Autónoma)
y II) el desarrollo urbanístico podría suponer unas
9.000 viviendas nuevas en el escenario paisajístico de la
bahía y espacios inmediatos (propuesta del ayuntamiento de
La Unión).
El consenso logrado hasta el
momento ha recogido los ingredientes esenciales del proyecto. Los
referidos a una mayor integración ecológica y cultural,
demandados por los sectores sociales, son valorados por la Administración
central como propios de otras etapas posteriores a la restauración
de la bahía. Su consideración, según el ministerio,
comprometería la viabilidad temporal del proyecto de restauración.
En cuanto a los dirigidos a incrementar la expectativas económicas
inmediatas (puerto y urbanización), su aceptación
en las dimensiones demandadas por la administraciones murcianas
supondría comprometer la viabilidad técnica y conceptual
del proyecto de restauración. Tanto puerto como urbanización
deben reducir sus dimensiones, el primero al menos en la mitad,
la segunda a una fracción aún más pequeña.
Si no es así, y se mantienen las posiciones, el puerto puede
comprometer gravemente la sostenibilidad técnica y de uso
social de la bahía restaurada y la urbanización, por
su parte, desbordar desde el mismo inicio las posibilidades de una
aprovechamiento turístico de calidad y sustentable. Las cifras
de 9.000 viviendas supondría para la bahía restaurada
triplicar la presión turística media que sufre actualmente
un Mar Menor ya saturado. Tendríamos en Portmán 0.5
metros cuadrados de playa útil por persona, 10 veces menos
que los estándares internacionales propuestos para un turismo
sostenible, además de una presión inaceptable para
los espacios protegidos inmediatos (Calblanque-Peña del Águila)
y un modelo constructivo necesariamente denso y banal desde el punto
de vista paisajístico, ya que los terrenos realmente disponibles
son limitados.
Seamos inteligentes. Procedamos
a la restauración de la bahía, con un puerto y una
actuación urbanística de menores dimensiones, en coherencia
y armonía con el contexto de deuda ambiental y de riqueza
cultural y ecológica de los espacios inmediatos. Lo pequeño
no sólo es siempre hermoso, sino que además incrementa
exponencialmente las opciones de sustentabilidad. En esta ocasión,
nuestra administración local y regional no puede confundir
el interés general que subyace en este proyecto, que supone
una inversión económica generosa del conjunto de la
ciudadanía española cifrada en unos 130 millones de
euros en fondos propios del Estado, con el negocio particular de
unos pocos, como desgraciadamente suele hacer. No lo podemos confundir.
Si lo hacemos, el consenso se hará añicos, la ambición
desmesurada de nuestros miopes gobernantes locales y regionales
habrá roto el saco.
Miguel Ángel Esteve Selma
es profesor de Ecología y miembro de Ecologistas en Acción.
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