DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

MEDIO AMBIENTE Y URBANISMO

"Portmán: la condonación parcial de una deuda histórica"
MIGUEL ÁNGEL ESTEVE SELMA

(La Verdad, 4-5-2007)

Escribo este artículo en la estela del Día Internacional de la Tierra. Una nueva llamada de atención sobre la insostenibilidad de nuestro desarrollo, empeñado en malgastar recursos y territorios en aras de un crecimiento económico que se muestra desigual e irreflexivo y que compromete severamente nuestro futuro inmediato, tanto localmente, por la adoración sin paliativos de los poderes murcianos al ladrillo, como globalmente, con el cambio climático como expresión máxima de esta excesiva depredación ambiental.

No obstante, algunas de estos problemas parecen trazar caminos más ilusionantes. Diecisiete años después de que el vertido minero más dañino del Mediterráneo occidental cesara en la costa y bahía de Portmán, este ejemplo de agresión ambiental y deseconomía parece tener un horizonte esperanzador. El compromiso de la ministra de Medio Ambiente, Dña. Cristina Narbona, parece cumplirse. Nos garantizó que la rehabilitación de la bahía se iniciaría en esta legislatura y que dichos trabajos mostrarían una ruta irreversible donde no cabría marcha atrás.

Todos nos hemos de felicitar de que la bahía vaya a restaurarse aunque sea parcialmente pero, como siempre, en esta superación de una deuda histórica ambiental y social como es Portmán, están habiendo luces y sombras. Las luces se han proyectado desde dos focos diferentes: el ministerio de Medio Ambiente (todos sus estamentos implicados, sin excepción), y el tejido social (vecinos, Fundación Sierra Minera, ecologistas y Universidad). Ambos, después de algún conflicto inicial, han querido entenderse y lo están haciendo. Y a este entendimiento le deberemos la restauración futura de la bahía. Por el contrario las sombras proceden principalmente de nuestras Administraciones regional y local, que parecen no darse cuenta de la extraordinaria trascendencia social y ambiental del proyecto, preocupándose únicamente de los aspectos relacionados con el negocio que se puede derivar directamente de la restauración de la bahía, como es el puerto deportivo y el crecimiento urbanístico. Sus demandas en ambos temas son tan exageradas que pueden comprometer la sostenibilidad definitiva de la restauración ambiental de la bahía, que es al fin y al cabo la razón última de esta iniciativa.

La viabilidad del proyecto ha venido pivotando sobre varios componentes o posicionamientos, algunos de ellos contradictorios entre sí, que pueden ser agrupados en tres niveles:

Los esenciales: I) el proyecto trata fundamentalmente de una restauración ambiental; II) esa finalidad ambiental debe ser compatible con la aceptación social del proyecto; III) acoplada a la restauración, pero sin comprometerla técnicamente, se admite la construcción de un puerto pesquero y deportivo, y IV) en respuesta al principio de equidad, los sectores que se benefician económicamente y de forma inmediata de la restauración deben contribuir significativamente a los costes de la misma.

Los dirigidos a una mayor integración ecológica y cultural: I) debemos conectar la restauración de parte de la sierra minera con el proyecto; II) hay que incorporar iniciativas que garanticen la conservación y recuperación del patrimonio cultural minero, y III) el conjunto del proyecto y las actividades de desarrollo que conlleve (puerto, urbanizaciones, equipamientos culturales) deben ser ambiental y socialmente sostenibles, bajo estándares internacionales de referencia.

Los dirigidos a un mayor negocio económico: I) el puerto deportivo pretenden que sea lo más grande posible, al menos en torno a 1.000 puntos de amarre o lámina de agua equivalente (petición de la Comunidad Autónoma) y II) el desarrollo urbanístico podría suponer unas 9.000 viviendas nuevas en el escenario paisajístico de la bahía y espacios inmediatos (propuesta del ayuntamiento de La Unión).

El consenso logrado hasta el momento ha recogido los ingredientes esenciales del proyecto. Los referidos a una mayor integración ecológica y cultural, demandados por los sectores sociales, son valorados por la Administración central como propios de otras etapas posteriores a la restauración de la bahía. Su consideración, según el ministerio, comprometería la viabilidad temporal del proyecto de restauración. En cuanto a los dirigidos a incrementar la expectativas económicas inmediatas (puerto y urbanización), su aceptación en las dimensiones demandadas por la administraciones murcianas supondría comprometer la viabilidad técnica y conceptual del proyecto de restauración. Tanto puerto como urbanización deben reducir sus dimensiones, el primero al menos en la mitad, la segunda a una fracción aún más pequeña. Si no es así, y se mantienen las posiciones, el puerto puede comprometer gravemente la sostenibilidad técnica y de uso social de la bahía restaurada y la urbanización, por su parte, desbordar desde el mismo inicio las posibilidades de una aprovechamiento turístico de calidad y sustentable. Las cifras de 9.000 viviendas supondría para la bahía restaurada triplicar la presión turística media que sufre actualmente un Mar Menor ya saturado. Tendríamos en Portmán 0.5 metros cuadrados de playa útil por persona, 10 veces menos que los estándares internacionales propuestos para un turismo sostenible, además de una presión inaceptable para los espacios protegidos inmediatos (Calblanque-Peña del Águila) y un modelo constructivo necesariamente denso y banal desde el punto de vista paisajístico, ya que los terrenos realmente disponibles son limitados.

Seamos inteligentes. Procedamos a la restauración de la bahía, con un puerto y una actuación urbanística de menores dimensiones, en coherencia y armonía con el contexto de deuda ambiental y de riqueza cultural y ecológica de los espacios inmediatos. Lo pequeño no sólo es siempre hermoso, sino que además incrementa exponencialmente las opciones de sustentabilidad. En esta ocasión, nuestra administración local y regional no puede confundir el interés general que subyace en este proyecto, que supone una inversión económica generosa del conjunto de la ciudadanía española cifrada en unos 130 millones de euros en fondos propios del Estado, con el negocio particular de unos pocos, como desgraciadamente suele hacer. No lo podemos confundir. Si lo hacemos, el consenso se hará añicos, la ambición desmesurada de nuestros miopes gobernantes locales y regionales habrá roto el saco.

Miguel Ángel Esteve Selma es profesor de Ecología y miembro de Ecologistas en Acción.

 

 
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