DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

MEDIO AMBIENTE Y URBANISMO

"Hacia una Murcia basura"
MIGUEL ÁNGEL ESTEVE SELMA

(La Verdad, 23-5-07)

Escribo este artículo al salir de un debate radiofónico sobre el crecimiento urbanístico que sufre Murcia. Otra vez he tenido que presenciar a Miguel del Toro, presidente de los empresarios murcianos, leyendo de una manida chuleta los supuestos beneficios del crecimiento urbanístico al que asistimos los murcianos, unos sonrientes, otros indolentes y muchos indignados.

En el mensaje de los empresarios siempre hay un error de concepto: se confunde crecimiento con desarrollo. Podemos crecer económicamente pero el desarrollo exige a éste condiciones de tipo cualitativo: el crecimiento debe ser responsable social y ambientalmente. Esta es la condición para que sea sostenible. Responsabilidad social significa que no seamos la Región con más empleo precario, con una mayor proporción de economía sumergida o con unos índices de fracaso escolar más elevado, justamente porque el dinero fácil atrae a los jóvenes alejándolos de opciones formativas de más calidad. La responsabilidad ambiental del crecimiento está relacionada con los costes en recursos hídricos, energéticos, en paisaje y otros recursos naturales y también en contaminación (residuos, producción de CO2, etc.), en general sobre la calidad de vida.

Impulsar en la Región de Murcia 800.000 nuevas viviendas o 500.000 en la contabilidad más conservadora, es una grave irresponsabilidad. Los últimos años han oscilado entre las cuarenta mil y las cuarenta y siete mil las nuevas viviendas iniciadas. A este ritmo en 10 años llegaremos al horizonte de las 500.000 y en 15 a las 800.000, duplicando o triplicando la población.

Seguir a este ritmo es apostar por una Murcia basura, insostenible social y ambientalmente. Añado algunos datos como ejemplo. Cada nueva vivienda supone 42 toneladas de CO2 emitidas en su construcción. En el modelo resort, que correspondería al menos la mitad de las viviendas planificadas en Murcia (en España oscila entre el 20 y el 30%), el consumo de agua es 4 veces más elevado por persona y día que el existente en la ciudad compacta, al que hay que sumar los consumos de los 500.000 metros cúbicos por campo de golf convencional (18 hoyos con zona de entrenamiento, unas 45-50 hectáreas). Estos consumos irán en aumento en la lógica del cambio climático. Los costes energéticos (urbanización y construcción) también tienen una relación 5:1 entre vivienda en baja densidad y vivienda en ciudad compacta. Las ciudades difusas tipo resort se basan en maximizar el uso del coche particular con una media por vivienda de 1.92 coches, con lo que el parque de vehículos murciano se incrementará entre 1 y 1,5 millones de coches. Con los cálculos correspondientes podemos adelantar que seguir con las tasas actuales de urbanización supondrá pasar de producir 8,5 millones de toneladas de gases efecto invernadero a 18 millones, el doble de lo permitido bajo las premisas del Protocolo de Kioto, el déficit hídrico aumentará en unos 350 millones de metros cúbicos, lo que equivale a detraer el agua a unas 55.000 hectáreas de regadío, y los costes globales de mantenimiento público de dichas urbanizaciones (infraestructuras de transporte, de residuos, hidráulica, de todo tipo de servicios sociales, etc.) obligará a triplicar los presupuestos municipales y regionales en este campo. Todos estos datos proceden de trabajos de campo y experimentales, realizados en situaciones similares a la nuestra (investigaciones en urbanizaciones catalanas, vascas, navarras, etc.).

En el debate que hacía mención antes, se me acusó de menospreciar al mercado. Nunca serían tantas viviendas como las planificadas pues el mercado se encargará de reducirlas a cifras menores, adaptándolas a la demanda. No obstante mi interlocutor no parecía conocer que, justamente, el sector inmobiliario en la situación actual se le considera un antimercado, pues la vivienda no es una mera mercancía demandada por su uso potencial, sino un activo económico cuyo atractivo principal es la inversión y la especulación. Por esta razón el precio y la construcción de viviendas ha crecido en paralelo, y los verdaderos demandantes usuarios de vivienda (los jóvenes, principalmente) no pueden acceder a ella, a pesar del mandato constitucional en este sentido. Así opina uno de los economistas más prestigiosos de nuestro país como es el Dr. José Manuel Naredo. Léanlo, por favor, si tienen oportunidad.

Por último decir que, si al final la ciudadanía murciana apoya mayoritariamente la opción política que está construyendo esta Murcia basura, después no vengan con los lamentos de los problemas de tráfico, de agua, de camas en los pasillos de los hospitales, de degradación en el paisaje, de vertidos a las playas, de más impuestos indirectos, del recibo del agua y de la luz más caros, de la difícil integración de sus hijos en la escuela, del fracaso escolar, del empleo precario y el subempleo, etc. Ellos serán corresponsables de haber apostado por una vida basura, que por desgracia para esta generación y para la venidera nos obligarán a vivirla a todos los murcianos. Todavía estamos a tiempo, reflexionemos y seamos inteligentes, Murcia no se vende.

Miguel Ángel Esteve Selma es profesor de Ecología y miembro de Ecologistas en Acción.

 

 
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