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MEDIO AMBIENTE Y URBANISMO |
(La Verdad, 10-3-2007)
Así
reza una de las tantas iniciativas propagandística de la
Consejería de Industria y Medio Ambiente: en Murcia es posible
crecer económicamente y proteger al mismo tiempo los espacios
naturales y su riqueza biológica. No obstante al gobierno
regional se le ha olvidado añadir en estos mensajes algunos
datos:
Estamos más de un punto
por debajo de superficie protegida por vía convencional con
respecto a la media española. Hemos de recordar que desde
hace 6 años esta red tiene 15.000 hectáreas menos
por una desprotección masiva auspiciada por el Partido Popular
con su ley regional del suelo.
Con respecto a los LIC o Lugares
de Importancia Comunitaria estamos 7 puntos por debajo de la media
española. Este importante déficit sólo es compensado
parcialmente por nuestras Zepas (Zonas de Especial Protección
para las Aves), con dos puntos por encima de la media española,
aunque como saben la Zerrichera es una Zepa (y un LIC), por lo que
el trato a este tipo de espacios protegidos por parte del gobierno
regional no es muy ejemplar que digamos. Recordemos que el gobierno
regional además de la Zerrichera ha intentado desproteger
parte de Calblanque-Peña del Águila e incluso atribuye
edificabilidad a los espacios protegidos, computables como sistemas
generales.
El diseño de la red de
espacios se aleja de los mínimos criterios de funcionalidad:
nuestros espacios son la mitad de extensos que la media española,
porque hemos dirigido la protección exclusivamente a sus
núcleos, dejando todas las zonas periféricas, claves
desde el punto de vista funcional, sin tutela e indefensas ante
los cambios de uso más agresivos con nuestro medio como los
urbanísticos.
Tardamos tres veces más
tiempo que la media de las Comunidades Autónomas en aprobar
los Planes de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) necesarios
para la gestión de los espacios protegidos.
Algunos de estos PORN, como
los del Mar Menor, están teniendo una tramitación
larga y tortuosa pues se les ha modificado de forma premeditada
para permitir actuaciones urbanísticas como Lo Poyo o Novo
Cartago.
El gobierno regional está
continuamente dando bombo y platillo a su propuesta de protección
del litoral: no se pueden hacer desarrollos residenciales en 500
metros de la franja costera allí donde aún esté
sin urbanizar. Pero ésta es sólo una verdad a medias
(o a terceras partes). En la franja litoral aún salvaje no
se pueden hacer chalets u otras edificaciones residenciales, y esto
está bien, pero por el contrario sí se pueden hacer
hoteles de todo tipo, campos de golf y cualquier otro equipamiento
deportivo o de ocio. Su propuesta debe entenderse de otra manera:
no mataremos la costa virgen con balas de plomo, la mataremos con
balas de metales algo más preciosos.
Los errores y deficiencias deliberadas
en el diseño de la red de espacios protegidos facilitan una
política urbanística demasiado discrecional, agresiva
con los recursos naturales y sobredimensionada, ya que sólo
los territorios protegidos están fuera de la ola urbanizadora,
aunque en Murcia, como se ha dicho, esta regla tiene demasiadas
excepciones e irregularidades. De 600.000 a 800.000 nuevas viviendas
para las próximas décadas, según distintas
contabilidades, y al menos la mitad en resort y otras actuaciones
dispersas, las más consumidoras de recursos naturales y servicios,
hacen impensable un futuro sostenible para Murcia. Los cálculos
de distintos indicadores de sostenibilidad nos dan siempre el mismo
resultado: por cada unidad de riqueza (PIB) que crecemos los murcianos,
consumimos cada vez más recursos naturales, generamos más
residuos y artificializamos más el paisaje; es decir, crecemos
de una forma objetivamente insostenible.
No obstante, claro que en Murcia
es posible un desarrollo sostenible, sólo hemos de cambiar
de gobierno. Este cambio es condición necesaria y, aunque
no es garantía suficiente (realmente de lo que hay que cambiar
es de modelo de crecimiento), facilitará mucho las cosas
para que lo sea. A dos meses de las elecciones autonómicas
pido a todos los murcianos sensibles con nuestra calidad de vida
y la de sus hijos, con nuestra naturaleza, con las raíces
culturales murcianas y con nuestro patrimonio arqueológico,
que se activen y se alíen con el futuro apoyando un cambio
para esta región. Devolvámosle algo de cielo y tierra
a los búhos reales y démosle su merecido a los especuladores
y a sus colaboradores necesarios, a los que confunden el interés
general con sus propios intereses. En Murcia es posible el desarrollo
sostenible siempre y cuando sea posible otra Murcia. En nuestras
manos está, no la desaprovechemos. Nunca un voto habrá
evitado tanto daño.
.Miguel Ángel
Esteve Selma es profesor de Ecología y miembro de Ecologistas
en Acción.
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