DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

MEDIO AMBIENTE Y URBANISMO

"Los fangos políticos del Mar Menor"
MIGUEL ÁNGEL ESTEVE SELMA

(La Verdad, 26-7-07)

El Mar Menor es un ecosistema singular muy enfermo, enfermo de las avaricias del modelo de crecimiento económico e insensibilidad ambiental, que los murcianos nos empeñamos en votar una y otra vez desde hace más de diez años. Alguna vez aprenderemos a no vender nuestro patrimonio por cuatro euros más en el bolsillo y a entender que el Mar Menor es el mejor negocio ambiental que tenemos los habitantes de esta Región y que es a todas luces estúpido que nos empeñamos en malgastarlo.

La laguna, por su confinamiento y mayor dependencia de las actividades humanas, ha anticipado problemas ambientales que ya se muestran como generales en todo el Mediterráneo, como las plagas de medusas, ya preocupantes en el Mar Menor diez años antes de que lo fueran en la costa mediterránea. Del mismo modo, es un ecosistema que nos está mostrando abiertamente desde hace décadas la incapacidad de nuestros poderes públicos para encontrar soluciones. Unos y otros se pasan la patata caliente, y cuando se les señala temas de su exclusiva responsabilidad miran hacia otro lado o buscan excusas baratas, impropias de gobernantes competentes.

El fracaso estrepitoso ha sido la moneda común de las distintas iniciativas adoptadas hasta el momento. Tres directrices de ordenación territorial y un plan de saneamiento, desarrollistas y mal diseñados, con obra civil ociosa e ineficaz, y unos planes de protección del litoral y armonización de usos y un consejo asesor específico para la laguna abortados por la ley del suelo del Partido Popular. Ni siquiera los espacios protegidos tienen sus Planes de Ordenación de Recursos Naturales aprobados, si exceptuamos Calblanque y Salinas de San Pedro, que los tienen de la anterior etapa política, cuando gobernaban los socialistas en San Esteban. La tramitación del Plan de Ordenación del Paisaje Protegido de los Espacios Abiertos e Islas del Mar Menor es, casi con toda seguridad, el plan de tramitación más prolongada y tortuosa de nuestro país y sus diecisiete comunidades autónomas. Todo ello debido a que la administración autonómica se ha empeñado, en contra de cualquier criterio técnico, en considerar los espacios protegidos como los parques de las urbanizaciones inmediatas. La última gran decepción fue protagonizada por el anterior Consejero de Medio Ambiente, el Sr. Marqués, que paralizó una iniciativa de Ordenación Integral, auspiciada nada menos que por el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidades, con una participación pública nutrida y con la financiación internacional ya aprobada: el proyecto Coastal Areas Management Project (Camp) del Mar Menor. Su súbita paralización fue todo un disparate.

Hoy nos encontramos con unas circunstancias algo distintas. Los vecinos de Los Urrutias, Punta Brava y El Carmolí, entre ellos mi familia, que veranea en la zona, se manifiestan exigiendo lo que le está reconocido por el artículo 45 de la Constitución: el disfrute de un medio ambiente adecuado. En consecuencia, nos encontramos con una sociedad algo más sensible y activa ante el problema. Por otra parte, la relación de fuerzas en los ayuntamientos ribereños ha cambiado sustancialmente y la administración central comienza a prestar mayor atención a las zonas costeras, tanto por la nueva filosofía de las demarcaciones hidrológicas impuestas por la Directiva Marco del Agua como por razones estrictamente humanas, de las personas responsables en materia de costas. La compra de terrenos litorales, las nuevas delimitaciones del dominio público marítimo terrestre o la recuperación de la bahía de Portmán son ejemplos de ello. Por su parte, la Comunidad Autónoma insiste en un discurso aparentemente ambientalista en superficie pero netamente desarrollista en lo profundo. No obstante, alberguemos alguna esperanza a pesar de la escasa credibilidad que presenta el gobierno Valcárcel en los temas ambientales.

Bajo mi modesto parecer algunas de las medidas que hay que adoptar con urgencia son:

1. Moratoria de nuevas urbanizaciones, sobre todo las que suponen consumir parte de las ventanas territoriales o espacios abiertos que aún quedan en el Mar Menor, como ocurre con Novo Cartago o Lo Poyo, entre otras. Informes de Sostenibilidad Ambiental para todos los Planes Generales de la comarca.

2. Plan de saneamiento Integral, con un programa de medidas urgentes que incluya todos los déficits de la recogida (red del alcantarillado y colectores) y el tratamiento de las aguas residuales (depuradoras), con el objetivo de vertido cero a la laguna y mediterráneo inmediato.

3. Un Plan de protección y recuperación de la ribera y costa marmenorense, con un programa de medidas de choque de ejecución inmediata.

4. Aprobación sin servidumbres urbanísticas (ni campos de golf) de los Planes de Ordenación de los Espacios Protegidos del Mar Menor.

5. Potenciación de los humedales y espacios periféricos para filtrar los vertidos que transitoriamente, mientras se consigue el vertido cero, o eventualmente en avenidas o posibles incidentes, puedan llegar al Mar Menor, incluidos los drenajes agrícolas.

6. Creación de forma inmediata (este mismo verano, si es posible) de un consejo asesor y de participación pública, aprovechando las mesas territoriales de la nueva demarcación hidrográfica que incluye los sectores costeros correspondientes.

7. Realización para este mismo otoño-invierno de unas jornadas técnicas y sociales sobre el futuro del Mar Menor, en la que participemos todos (vecinos, ecologistas, universidades, IEO, ayuntamientos, comunidad autónoma, demarcación de costas, CHS, etc.) en las que se consensúen las bases para las iniciativas señaladas con anterioridad.

En nuestros poderes públicos debería residir la voluntad política necesaria para hacerlo realidad. No nos defraudéis de nuevo. Los hijos adoptivos de este Mar Menor que se nos va no aceptaremos ni más dilaciones ni más fracasos. Murcia no se vende.

Miguel Ángel Esteve Selma es profesor de Ecología y miembro de Ecologistas en Acción.

 

 
© Foro Ciudadano