DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

MEDIO AMBIENTE Y URBANISMO

RÉQUIEM POR EL MAR MENOR
MIGUEL ÁNGEL ESTEVE SELMA

(La Verdad, 2-6-2006)

Como muchos otros murcianos soy hijo adoptivo del Mar Menor, nuestra magnífica laguna litoral. Lo soy en lo emocional y en lo racional. Me crié acariciado por sus aguas en esos larguísimos veranos de entonces y he desarrollado una parte sustancial de mis trabajos como ecólogo en él y en su entorno inmediato.

Milito en la defensa de esta laguna desde hace casi treinta años. Durante este periodo y las décadas anteriores, las amenazas y los impactos han ido sucediéndose en un continuo palpitar de problemas: los vertidos mineros en la cuenca sur antecesores de los de Portmán, el boom urbanístico de los 60-80 en el que, entre otras cosas, asfaltamos las dunas de La Manga, la ruptura de las condiciones ecológicas de la laguna por la ampliación del canal del Estacio para el Puerto Tomas Maestre, la perpetua amenaza del acceso Norte, los vertidos de aguas residuales urbanas, la presión por urbanizar La Manga Ancha (incluido Calblanque), la contaminación agraria difusa, hija del regadío del Campo de Cartagena, y sus medusas y ahora un nuevo y decisivo proceso de masificación urbanística que amenaza con saturar definitivamente este espacio.

El Mar Menor está sufriendo una realidad contradictoria. Por un lado los ambientalistas hemos logrado que sean reconocidos sus valores naturales, con batallas muy difíciles como la de Salinas de San Pedro o el mismo Calblanque y, en general, todos los paisajes preservados a las orillas de la laguna, objetivos en un momento u otro de la codicia urbanizadora. Hemos conseguido que haya cuatro espacios protegidos en desarrollo de la legislación básica nacional (Salinas de San Pedro, Calblanque y Peña de Águila, Islas y Espacios Abiertos del Mar Menor y Reserva Marina de Cabo Palos-Las Hormigas) y otras cuatro figuras internacionales que protegen la práctica totalidad de las zonas naturales de la laguna y su costa mediterránea (ZEPA, LIC, Zona Ramsar y ZEPIM). Pero al mismo tiempo, estas iniciativas no terminan de consolidarse ni de dar sus frutos pues, paralelamente, todo el territorio del Mar Menor se ha puesto en venta para el desarrollo urbanístico y la Comunidad Autónoma mira hacia otra parte. Ya no es La Manga Ancha ahora es la Ciudad del Golf, un continuo de resort desde Cartagena a Cabo Palos, al tiempo que San Javier consuma la urbanización de La Manga. Los Alcázares, San Pedro y Torre Pacheco, apuestan también por lo mismo, aunque siempre hayan matices.

El resultado de todo esto es que vamos camino de culminar todas las previsiones urbanísticas de los planeamientos anteriores, lo que supone más de 126.000 viviendas, y le vamos a añadir unas 80.000 más con los nuevos planes, aunque esta cifra es sólo estimativa y probablemente conservadora. El Mar Menor va a tener a un plazo medio unas 200.000 viviendas, lo que supondrá una población de unas 800.000 personas presionando a este frágil ecosistema. Cada usuario de la laguna tocará a 7 centímetros lineales de ribera lagunar o a un metro y medio cuadrado de playas, ya artificialmente aumentadas. Lógicamente no todos vamos a coincidir en el momento de bajar a la playa pero son estándares suficientemente demostrativos de la insostenibilidad del modelo. Estas 800.000 personas irán al aseo, se desplazarán con el coche, regarán sus jardines o jugarán al golf, precisarán de un mayor gasto energético, irán al médico, sus hijos a las escuelas, generarán más basura y agua residual, visitarán y presionarán sobre los espacios protegidos remanentes, en definitiva demandarán y serán consumidores netos de servicios. ¿Quién costeará todo esto?, ¿se harán con suficiente antelación todas estas infraestructuras y servicios?

Este aspecto es muy relevante. Los gastos se socializarán rápidamente. Todos pagaremos los costes, económicamente o en calidad de vida. Las expectativas son inequívocamente preocupantes, por una razón evidente: ¿Cuál es la situación actual en cuanto a dotación de servicios e infraestructuras en nuestra costa? La respuesta no deja opción a la duda: infradotación con problemas e incidencias continuadas. No pasa una temporada sin vertidos directos de aguas residuales al mar, atascos reiterados y masivos, cortes de electricidad por falta de inversión en la red, dificultades en la integración de los hijos de los nuevos residentes en el sistema escolar, inseguridad ciudadana o cierto colapso en la atención sanitaria. Las perspectivas es que esta nueva ola de crecimiento urbanístico, que no desarrollo, va a ser un verdadero tsunami para nuestro territorio, ya que las instituciones municipales se presentan excesivamente débiles para gobernar con racionalidad y equilibrio esta transformación masiva, pues ni siquiera pueden solventar una situación mucho más accesible como la actual.

Nuestros poderes públicos muestran una temeraria pereza planificadora. La ordenación territorial la hacen los promotores, algo inadmisible. La suma de las ambiciones de cada promotor, por mucho que se empeñen, no da lugar al interés general, pues en esa ecuación suele estar ausente lo social, lo ambiental y las generaciones venideras. El Mar Menor es un microcosmos de intangibles malgastado estúpidamente. Reaccionemos, seamos inteligentes. Establezcamos una moratoria para los nuevos crecimientos urbanos en ciernes. Constituyamos un Consejo del Mar Menor donde estemos todos los que tenemos algo que decir. Pongámonos unos plazos razonables y formulemos entre todos la terapia que precisa el Mar Menor para salir de la UVI. Si no actuamos de inmediato se nos va a ir definitivamente de las manos. Benito Mercader tiene la palabra y la responsabilidad.

Miguel Ángel Esteve Selma es profesor de Ecología y miembro de Ecologistas en Acción.

 

 
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