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MEDIO AMBIENTE Y URBANISMO |
(La Opinión, 9-2-08)
1.
Murcia hoy dota de razón al anuncio de los Situacionistas
en el París de 1961: el urbanismo contemporáneo debe
someterse a la lupa del criminólogo y del penalista. Lo que
estamos conociendo de muchos municipios murcianos desmiente el supuesto
“carácter aislado” de tal o cual caso de corrupción,
como argumentan defensivamente desde el Gobierno Regional de Ramón
Luis Valcarcel. No son hechos aislados, pues no son únicamente
individuos los materiales que componen la corrupción urbanística.
El enfoque individualista debe dar paso a una sociología
de la corrupción urbanística, como nos proponía
recientemente el Foro Ciudadano en un debate sobre la cuestión,
en la cual tal fenómeno quede definido como una acción
socialmente estructurada e institucionalmente construida.
2. En los casos de corrupción
que conocemos, una apreciación salta inmediatamente a la
vista. Hay en todos ellos una precisa división social del
trabajo en la cual una variopinta gama de agentes con funciones
socialmente definidas ha requerido movilizarse para el ejercicio
de la corruptela: alcaldes y concejales recalificadores; promotores
y propietarios; periodistas locales que silencian, entidades financieros
prestamistas o “limpiadoras”, notarios y registradores
de la propiedad, arquitectos municipales, jefes de la policía
local, etc. Es decir, auténticas tramas, o mejor dicho redes
con papeles y funciones bien delimitadas, y que cruzan de arriba
abajo el espacio social.
3. Redes que tienen una historia,
y además una larga historia en el tiempo. En esas redes duraderas
los individuos se suceden, pero las posiciones y las funciones permanecen.
Los individuos son contingentes, pero la división social
del trabajo es necesaria. Es interesante reconstruir la historia
de vida de estas redes: ¿cómo y dónde empezó
todo? ¿cómo se constituyó? ¿cuál
es la trayectoria familiar y profesional de cada uno de los implicados?
El caso Fabra en Castellón es emblemático: se trata
de una auténtica dinastía familiar que lleva sucediéndose
en la Diputación de Castellón desde que Victorino
Fabra Gil fallecía en 1907 siendo presidente. Su actual sucesor
en la familia, el actual presidente de la Diputación, Carlos
Fabra ha multiplicado su patrimonio personal desde que accedió
al poder en 1995, así como sus acciones en bolsa. La agencia
tributaria ha detectado 600.000 euros no justificados por Fabra.
26 asesores nombrados a dedo (y 700.000 euros destinados a pagarles
en sueldos), gastos en 2003 de 165.00 euros en comidas y 26.000
en entradas para los toros.
4. Comidas y entradas para
los toros: normalmente los miembros de la red de corrupción
tiene una intensa vida social. Es así como se forman las
clientelas y simpatías sociales. Estos días leemos
las divulgadas mediáticamente conversaciones telefónicas
relacionadas con las alcaldías de Fuente Álamo y Torre
Pacheco. Muy relevantes de lo que es la Murcia de hoy la reacción
del candidato número dos de la lista del PP al Congreso por
Murcia, Vicente Martínez-Pujalte: “los vecinos de Torre
Pacheco y Fuente Álamo volverán a votar al PP”
(La Opinión, 5/II/2008). Impresiona esta certeza. Pero sabemos
que en toda red corrupta hay un mecanismo de usurpación del
poder público, poniendo el capital político al servicio
del interés privado; y un mecanismo de redistribución
social del beneficio, el cual suele amortizarse con el respaldo
del voto de los electores.
5. Álvarez Junco denominó
a la corrupción “la política en la penumbra”.
Cuando se crean y arraigan espacios de opacidad dentro del sistema
democrático, la democracia se torna inviable. La dinámica
de SICILIANIZACIÓN de Murcia nos lleva por derroteros de
perversión de la democracia, impidiendo cualquier proyecto
de región social y ambientalmente sostenible.
6. Me parece que para entender
la sociología de la corrupción urbanística
hoy es interesante establecer un paralelismo con el fenómeno
del caciquismo decimonónico de la Restauración: “Cacique
es la persona que ejerce el poder político en una localidad,
estando vinculado formalmente, a través de un partido político,
a un oligarca, informalmente a la autoridad, y que tiene a las personas
o grupos sobre los que ejerce el poder en situación de clientela”
(Juan del Pino Artacho, 1972). Sustitúyase en este párrafo
el término “cacique” por el de “corrupto”,
y tendremos una perfecta definición sociológica de
la corrupción entendida como, en primer lugar, una estructura
o estrategia de poder de apropiación de capital político.
En segundo lugar, una estructura o estrategia de poder político
conectada con las relaciones oligárquicas de propiedad del
suelo. En tercer lugar, un sistema de utilización del poder
político por parte de los que usurpan oligárquicamente
la propiedad de la tierra. Y finalmente, un sistema que enraíza
en la comunidad local a través de estructuras clientelares.
.Andrés Pedreño,
profesor de Sociología de la Universidad de Murcia.
Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
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