DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

CULTURA

"¡QUÉ CRUZ! (De lo insostenible en cultura)"
Patricio Hernández

(La Verdad, 15-2-08)

Empezamos ya a ver claro cuál es la estrategia del Consejero Cruz para lograr la explícita y reiterada obsesión central de su gestión, esto es, situar a Murcia en el mapa cultural del país, vender – verbo elocuente- nuestra relevancia y excelencia cultural como ciudad-marca de prestigio. Decimos ciudad porque el modelo-que suele tener de referencia en estos casos a la Barcelona de las Olimpiadas y el Forum- no sirve para algo tan indeterminado y heterogéneo como una región, de ahí que el Consejero parezca más bien el superconcejal de cultura de la capital. El CENDEAC, por su parte, actuaría como autorreferencia próxima del camino a seguir.

La gran diferencia con el modelo catalán-más allá de las críticas que éste merezca y que ha llevado a que algunos hablen de espejismo- radica en que aquí la clave no se pone en las intervenciones urbanísticas, que por razones políticas y administrativas queda fuera del alcance de la Consejería de Cultura, sino en el acontecimiento cultural, lo que supone la rendición fascinada a la producción cultural basada en la lógica del espectáculo, el uso de los media y el marketing publicitario.

La apuesta por el suceso antes que por el proceso significa renunciar a poner la prioridad en el refuerzo del propio tejido cultural y condenar a sus habitantes a ser turistas de propuestas ajenas a su contexto socio-cultural, convertidos en espectadores o consumidores antes que actores, y hace del arte, antes que una experiencia, una representación.

Si se vislumbró con las imposturas del famoso PAC (no me digan que no es de nota presentar como muestra de rigor y buena gestión la brillante reducción de las nóminas de las artistas invitados casi a la mitad por los mismos que las habían negociado antes), lo confirmamos ahora con el anuncio del nuevo Festival SOS 4.8, ese maratón de grandes estrellas de la música electrónica, con algún aditamento artístico, contratado a una gran productora (catalana precisamente), y que en apenas 48 horas será capaz de tragarse, en la capital, la exorbitante cantidad de 1’9 millones de euros del presupuesto público.

Disculpen que hable de algo tan prosaico como el dinero cuando estamos refiriéndonos a la más excelsa cultura, pero se trata de nuestro dinero como contribuyentes, el de todos, vayamos o no a los conciertos. Para que se hagan una idea de lo que representa esa loca cifra-que traducida a las viejas pesetas sería de 316,6 millones, lo que supone un gasto constante de unas 110.000 pesetas por cada uno de los 2880 minutos que tienen esas 48 horas- equivale al gasto público regional acumulado de todo este año en el que se incluyeran las cantidades dedicadas en el presupuesto regional a escuelas de música, agregándole el gasto de fomento de la lectura, más el gasto de adquisición de fondos bibliotecarios, añadiéndole las cantidades dedicadas al apoyo al teatro y la danza profesionales, sumándole las ayudas a los galeristas de arte de la región, y aun quedaría dinero para pagar todas las actividades de la Filmoteca Regional durante 2008.

¿Podemos aceptar en una región como la nuestra, que muestra un contumaz atraso relativo en casi todos sus indicadores culturales (acaba de publicarse el barómetro de hábitos lectores para confirmarlo una vez más) y carencias básicas en sus infraestructuras y en su tejido cultural que este tipo de actuaciones, auténtico despilfarro, constituya una de las prioridades culturales del gobierno regional?

¿Es que hay un grave déficit en nuestra oferta de música actual –prácticamente, lo único en lo que estamos razonablemente bien según las estadísticas culturales oficiales- como para que la Consejería de Cultura, acuda rauda a resolverlo, talonario en mano, pagando cachés inflados, ninguneando a los promotores y programadores de la región, volviendo tercamente- en la búsqueda a ultranza de visibilidad mediática- a esa metonímica sustitución de la región por su capital , para financiar un cartel de éxito seguro, sin más riesgo para cualquier promotor privado que el elevado presupuesto que debería poner en juego?

Aquellos que comenzaron haciendo protestas contra la espectacularización de la cultura han terminado en poco tiempo por creer que somos culturalmente excelentes por que nos traemos a todas las fulgurantes estrellas del universo- artistas, críticos y comisarios, muchas veces astros intercambiables- y les pagamos contratos galácticos (que no conseguirían en otras partes) para montar el mayor espectáculo del mundo; gastamos a continuación una fortuna en publicidad en prensa y así logramos el más elevado propósito de cualquier responsable cultural que se precie, salir un día en los suplementos culturales de la prensa nacional. De la bienalización del arte a la babelización (de Babelia) de la cultura. Una fulgurante y efímera eclosión que no dejara a su paso nada.

Todo esto, además, envuelto en esa huera cháchara en la que se mezclan mentiras dichas con naturalidad (por ejemplo, el empeño-fácilmente refutable ahora que todos habitamos la aldea global- de decir que se trata de algo “distinto y único”) con la superchería retórica del “elitismo de masas” o del “diálogo entre cultura popular y cultura elitista”, con ese lenguaje pseudo-radical con el que se nos invita a“contaminarnos” o se nos da la orden imperativa de pensar (sabiendo que nunca existirá el peligroso riesgo de que los ciudadanos puedan terminar por hacerles caso) y, ahora, una vez más, la apropiación por contrabando ideológico del amuleto de la sostenibilidad para legitimar lo verdaderamente insostenible, este potlach de 48 horas, auténtico ejercicio de la economía del derroche.

Finalmente, todo ello puesto al servicio- no se olvide que la política cultural es, antes que nada, política- del proyecto político de la derecha más reaccionaria de los últimos 30 años de democracia, y en una región donde se han alcanzado las mayores cotas de degradación democrática. De verdad que estamos para un SOS.

Patricio Hernández
Presidente del Foro Ciudadano de la Región de Murcia

 

 
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