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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
(Lista de Foro Ciudadano, 31-5-07)
Después de las elecciones
del 27 de mayo y el triunfo incontestable del Partido Popular, parece
ya un hecho que la izquierda murciana se encuentra en una crisis
profunda: los analistas tratan de rastrear los errores estratégicos
de la oposición, los aciertos del partido ganador, la coyuntura
económica, el nivel de participación electoral, etc.
Es más que una evidencia la necesidad de hacer autocrítica
y recomponer las líneas maestras de trabajo para el futuro.
No puede ser de otra manera, pues es cierto que se han cometido
errores fundamentales. En la calle hay una opinión muy extendida
respecto a la carencia de un líder de la oposición
lo suficientemente seguro, convincente y carismático, capaz
de echar a sus espaldas la responsabilidad de su partido y suscitar
confianza entre los electores indecisos. A día de hoy, la
estrecha dependencia entre el PSOE regional y la Moncloa erosiona
cualquier posibilidad de construir una autoridad política
alternativa a la existente. El discurso defendido durante estos
últimos cuatro años ha sido difuso, y el mejor ejemplo
lo tenemos con el agua, un capítulo clave para obtener el
voto de la mayoría.
Además, el enorme filón político que suponen
los escándalos de corrupción y especulación
urbanística tampoco ha sido rentabilizado, principalmente
por haber salpicado a distintas alcaldías del mismo Partido
Socialista. No es creíble el discurso de la lucha contra
la corrupción cuando ésta se ha instalado en casa.
Con todo esto me refería al principal partido de la oposición.
No creo que la izquierda haya fracasado después de cuatro
años, por lo menos no desde el punto de vista de los movimientos
sociales. Bajo el lema “No se Vende”, en nuestra Región
se ha construido un grupo de presión ciudadana que no tiene
igual en el resto del país. En sólo dos años
se ha logrado normalizar y generalizar un lema contestatario al
recalcitrante “Agua para todos”. El éxito de
este movimiento está en su notable repercusión mediática
y social, además del crecimiento expansivo de nuevos miembros
que se sienten sensibilizados con la destrucción de nuestro
patrimonio natural y cultural.
Personalmente, y más allá de los errores estratégicos
cometidos, creo que merece especial atención el análisis
de los votantes. Todos dicen que Murcia es la región más
conservadora de España, pero sería un error tratar
esta visión de un modo substancial y definitivo. No hay más
que recordar que los primeros 12 años de democracia murciana
fueron socialistas, tan mayoritarios y aplastantes como lo es ahora
el gobierno de la derecha. Por aquel entonces, en 1995, la corrupción
solamente logró salpicar la conciencia ciudadana cuando se
le unió unas tasas de paro galopantes que alcanzaron la cota
máxima del 24%. Sólo entonces el electorado dejó
de ser mayoritariamente socialista para convertirse en mayoritariamente
conservador. Aquí no hay substancialismo que valga.
El sueño de la Ilustración del XVIII aspiraba a un
futuro donde el conocimiento y la información erradicaran
la ignorancia del pueblo. Pues bien, 200 años después
poco hemos avanzado. Por un lado, podemos decir que nuestra sociedad
(no sólo la murciana), a lo sumo, se ha especializado profesionalmente
a la vez que ha incrementado sus inquietudes culturales, lo cual
dista mucho de la necesaria cultura política que debería
exigirse a todo ciudadano con derecho a voto. Como dice Chomsky,
informarse cuesta, y los murcianos no están dispuestos a
emplear su tiempo libre en algo diferente al fútbol, la playa
o el consumo de masas.
El problema consecuente a esta falta de cultura política
es la ineficacia de esa herramienta maravillosa llamada democracia,
la cual puede dar el poder mayoritario a gobiernos tan corruptos
y dispares como puedan ser George Bush en Estados Unidos o el GIL
en Marbella. El caso de Murcia es muy similar, pues aquí
se jalea la corrupción tanto como en EEUU se apoya la guerra
en Irak. Con esto no quiero denunciar una supuesta demonización
de los murcianos, pero sí quiero reflejar el sencillo pensamiento
que han hecho los votantes en el momento de las urnas: “aunque
haya corrupción, hay trabajo y crecimiento, así que,
aunque a día de hoy me cueste llegar a fin de mes, confiando
en el futuro seguro que parte de ese dinero fresco, limpio o negro,
llegará a mis bolsillos”. Si hay un principio que regula
la vida animal, ese es el principio de autoconservación,
cueste lo que cueste (incluida la destrucción del medio ambiente).
Considero que el vuelco electoral hacia la izquierda no se producirá
de un modo paulatino y reflexivo sino, como ocurrió en el
pasado, a partir de una catástrofe, de una crisis del presente
modelo de desarrollo que repercutirá en una crisis económica:
desempleo, pérdida de poder adquisitivo, deficiencia de los
servicios públicos, etc. Otra posibilidad es la de Marbella:
la intervención judicial es la que expulsa del poder a un
gobierno corrupto elegido democráticamente durante cuatro
legislaturas.
De este modo, la alternativa sólo se abriría desde
una crisis económica o un escándalo denunciado por
la fiscalía anticorrupción. Creo que, a pesar de la
gravedad de este panorama, los que creemos en la insostenibilidad
de este modelo de desarrollo salvaje e injusto no podemos renunciar
a nuestra tarea de sensibilización y concienciación
social. Dado el descrédito de la política parlamentaria
contemporánea, donde los partidos llamados socialistas participan
del mismo credo neoliberal que el resto de la socialdemocracia europea,
la función que espera a la izquierda progresista consiste
en influir en ese 10% de ciudadanos potencialmente sensibles a los
destrozos irreversibles que se están cometiendo indiscriminadamente
día tras día. A la espera de esa catástrofe
que he mencionado antes, donde el gobierno elegido se disolverá
por sí mismo, por condena judicial o por crisis económica,
creo que la única esperanza está en trabajar dentro
de todos esos movimientos sociales aglutinados bajo el lema “Murcia
No se Vende”.
Alejandro Moreno Lax
Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
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