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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
(La Verdad, 5-11-07)
Una
de las pruebas más claras de la exitosa derechización
de la sociedad murciana es el escaso interés que parece suscitar
entre nosotros el debate sobre las desigualdades sociales y la cuestión
de la pobreza. Estaríamos ante uno de esos casos en los que,
como propone Lakoff, la derecha habría logrado imponer sus
marcos cognitivos de referencia a partir de los cuales los ciudadanos
interpretan la realidad y que son utilizados para esquivar la fuerza
de los hechos.
Aunque el de igualdad es un concepto complejo (donde pueden jugar
factores territoriales, de género, edad, nacionalidad, capital
cultural, etc.), detengámonos en el determinante factor económico
de renta.
Según el ya clásico esquema de la derecha, el problema
de la desigualdad en la distribución de las rentas es subsidiario
e irrelevante frente al verdadero problema que sería el del
crecimiento de la producción. Primero hay que producir riqueza-se
dice-y sólo después hablar de su reparto. Sólo
que ese momento parece no llegar nunca. Poco importa que sean ya
numerosos los estudios que muestran que las políticas de
equidad, además de promover la cohesión social, son
rentables y favorecen el crecimiento, como ha evidenciado la experiencia
de los países nórdicos.
Una vez ganada la batalla argumental entre crecimiento e igualdad,
lo siguiente es pedir la reducción de la fiscalidad sobre
las rentas más altas para animar la inversión, y terminar
proponiendo, ante la reducción de ingresos fiscales, el recorte
del gasto público, justo aquel que puede tener mayores efectos
redistributivos.
Frente a la búsqueda del bienestar para todos- la mejor aportación
del modelo social europeo- oponen un tentador “derecho al
enriquecimiento” fruto del libre juego del mercado, acompañado
acaso por la compasión caritativa para los más necesitados
de entre sus víctimas inevitables.
Esta vieja doctrina, cuyas consecuencias sociales son bien conocidas,
se ha visto ahora reforzada por un elemento nuevo, genuina aportación
de la ofensiva neoliberal en los tiempos de la globalización:
el prestigio de la figura del “rico”. Como dice Bauman,
los pobres y los ricos ya no viven en universos morales diferentes.
Ahora los pobres viven en un mundo dominado por los criterios triunfantes
de los ricos: “los ricos no son los enemigos, sino el ejemplo
a seguir. No son figuras odiosas, sino ídolos.”
Las mismas relaciones entre “pobres” y “ricos”
se están transformando, añade Beck. “Antes los
ricos necesitaban a los pobres para hacerse ricos. Los nuevos ricos
de la globalización ya no necesitan a los pobres”.
Ahora son superfluos. En una sociedad donde el factor determinantre
ha pasado de la producción al consumo, los pobres son “consumidores
fallidos” que en cualquier momento pueden acabar siendo sospechosos.
Tal vez por todo ello nadie
pareció escandalizarse cuando, días atrás,
la publicación de datos de 2005 de la Agencia Tributaria
señalaba que el número de millonarios murcianos se
había doblado en una década al amparo del boom de
la construcción y del crecimiento de la economía regional.
Algo más de 17.500 murcianos (aproximadamente un 1,25% de
la población regional) declararon un patrimonio de 12.530
millones de euros (una media de 715.00 € por declarante). Este
dato se sumaba a otro conocido un poco antes (difundido por Banif,
la división de grandes fortunas del Banco de Santander) según
el cual 22.800 murcianos (un 1,6% de los habitantes de la región)
acumulaban 6.900 de los 33.433 millones de euros depositados en
cuentas bancarias por todos los murcianos ( el equivalente al 20,6%
del total de estos depósitos).
En el extremo opuesto y siguiendo con datos oficiales, el 67% de
los asalariados murcianos tenían en 2006 un salario bruto
mensual inferior a 1.100 euros (el mayor porcentaje de mileuristas
tras Extremadura). Ser joven en Murcia es muy complicado: casi 117.000
personas entre 18 y 25 años tienen un sueldo mensual promedio
de 560 €.
También los últimos datos del INE, correspondientes
al cuarto trimestre de 2005, nos situaban a la cola del gasto medio
por persona, con 1818 € ( sólo nuevamente por delante
de Extremadura). El porcentaje de hogares con dificultad para llegar
a fin de mes estaba en ese momento en el 67,86% del total (frente
al 54,86% de media española, trece puntos porcentuales inferior).
Por otra parte y como ocurre en general en España, una buena
parte de los pobres murcianos son pensionistas. Sólo que
aquí la pensión media del Sistema de S. Social, con
datos de este mes de octubre, está en 595,90 € (con
una subida en el último año del 4,7%), frente a la
media española de 676.90 € (y una subida del 5,2%),
lo que supone que nuestro pensionistas reciben una pensión
media que es el 88% de la española, de la que se separa más
cada año.
Para completar este panorama tenemos lo que el INE llama “tasa
de riesgo de pobreza”, un indicador de pobreza relativa que
alcanza al 24,5% de los murcianos, 4,6% más que la tasa media
correspondiente española, que es del 19,9%. Se ha estimado
que en situación de pobreza severa y exclusión social
está entre el 5 y el 7% de la población regional.
Finalmente, y otra vez según el INE, Murcia es la región
con mayores diferencias internas de renta: entre el 20% de la población
que más ingresa y el 20% de la que menos ingresa la diferencia
es de casi seis veces.
Murcia no es sólo, como sabemos, la región más
conservadora de España. Después de doce años
de gobierno de la derecha somos también la más injusta
en el reparto de la riqueza, y estos hechos están conectados.
Si la izquierda murciana quiere algún día ser hegemónica
deberá recuperar- y intentar instalar en la mayoría
como marco cognitivo- el que siempre fue su discurso más
genuino, la pasión por la igualdad.
Patricio Hernández Pérez
Presidente del Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
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