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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
( La Opinión, 2-6-07)
Cuando
parecía que la larga ausencia de competitividad electoral
podía haber sido superada en la región entre otras
razones por la nueva y combativa actitud del principal partido de
la oposición regional, coincidente con la aparición
de un activo movimiento social crítico que se ha ido extendiendo
por la geografía murciana en estos últimos años
como reacción a las consecuencias sociales y ambientales
del modelo político-económico practicado, los resultados
del domingo nos devuelven a una realidad desoladora para toda la
izquierda regional.
El PSRM-PSOE, la fuerza política
que ha de nuclear cualquier gobierno de progreso para Murcia, ha
cosechado su cuarta derrota electoral consecutiva, y de una magnitud
sencillamente catastrófica, empeorando unos resultados ya
muy malos -la distancia crece respecto del partido ganador hasta
un astronómico 26,6%, lo que supone una ventaja en las municipales
a favor del PP de 148.00 votos, prácticamente los mismos
que separan a los dos grandes partidos en el ámbito nacional-,
lo que permite al PP obtener los mejores resultados de todas las
regiones, afianzando a Murcia como la España más profundamente
conservadora y uno de los graneros esenciales de votos en la batalla
por la reconquista del gobierno del Estado.
La modesta recuperación
de IU -apenas de unas décimas-, aunque le permite un nuevo
protagonismo en la política de pactos para formar gobierno
en varios municipios, no mitiga en absoluto la desmesura del desastre,
pues tampoco ha capitalizado la denuncia de la vía neodesarrollista
emprendida con ciego entusiasmo en Murcia.
Las consecuencias alcanzarán
también, finalmente, a los movimientos sociales que han venido
impugnando la política territorial y ambiental, que ahora
se verán enfrentados a un poder institucional relegitimado
por un impresionante aval de votos a una política -ahora
sí- inequívoca y meridianamente explícita.
La respuesta a esta traumática
situación -que ya no es posible considerar coyuntural-tiene
que estar a la altura del tamaño del descalabro, comenzando
por analizar y debatir con serenidad y rigor qué es lo que
está ocurriendo. Nuestro conocimiento de la realidad es muy
imperfecto y tenemos que aceptar, por honestidad intelectual, que
se nos escapan muchas de las corrientes que dan forma a las opiniones
y expectativas de nuestros conciudadanos.
Diversas son las cuestiones
que deben ser analizadas. Junto a la idoneidad de la estrategia
y los candidatos, sería necesario saber, por ejemplo, cuánto
puede haber pesado el componente político nacional frente
a la agenda específicamente local; o identificar los elementos
que actúan en el imaginario colectivo de esa comunidad de
elección que forma el apabullante bloque constituido por
la suma del centro y la derecha del electorado murciano logrado-
-¡ay!-- deslumbrantemente por el PP.
Por mi parte, me apresuro a
rechazar la interpretación interesada (viniendo de quien
viene) de aquellos que proponen un llamado “giro al centro”
frente a una supuesta radicalización de estos últimos
tiempos en materia de política urbanística.
El giro que se precisa no es
ese, tan abstracto como retórico. El giro inaplazable es
hacia la coherencia: la falta de credibilidad del mensaje socialista
-responsable de la reaparición de un abstencionismo de izquierdas-
tiene mucho que ver con la contradicción, hábilmente
explotada por la derecha, de un discurso oficial sobre la racionalización
del crecimiento urbanístico desde parámetros de sostenibilidad
ambiental y una práctica, allí donde se gobernaba,
que se compadecía muy mal con este discurso.
Si el electorado no ha identificado
como un problema decisivo el urbanismo salvaje y la corrupción
inevitablemente asociada al mismo -como parece evidente-, no hay
que deshacerse de ese discurso, como parecen proponer algunos, sino
perseverar en definir y transmitir la propuesta propia -aún
muy imprecisa- y mostrarla como ejemplo allí donde se gobierna.
No es verdad que a los ciudadanos
les sea indiferente si el urbanismo es o no sostenible. Las últimas
encuestas del CIS demuestran que les preocupa, pero aún no
lo suficiente para ser determinante de su voto, pues prevalece una
visión básicamente positiva del dinamismo inmobiliario
y de los beneficios que cada uno puede obtener, directa o indirectamente,
de los fenómenos especulativos. Hemos de confiar en que un
día se invertirá la valoración y tenemos que
contribuir pedagógicamente a que ese momento se adelante.
Lo mismo podemos decir de la
corrupción. Que no se haya instalado en las conciencias de
los ciudadanos como un elemento definitivo para rechazar candidatos
bajo sospecha fundada sólo quiere decir que el momento aún
no ha llegado. El ruido producido en torno a unas denuncias que
no han completado su recorrido judicial, enmarañadas con
contraacusaciones a veces artificiosa o retorcidamente hinchadas
(junto a otras no tan artificiosas), ha impedido que la corrupción
funcione como argumento electoral, pero pueden bastar unas cuantas
sentencias firmes para que todo esto cambie. Mientras, podemos evitarnos
el nuevo error de extender la acusación de complicidad con
la corrupción al 60% de los votantes, la mitad al menos de
los cuales hay que intentar recuperar.
Ahora bien, lo primero que debiera
ser abordado es la naturaleza misma de los partidos políticos
que pretender representar a la izquierda murciana. A estas alturas
es evidente, especialmente en el caso del PSRM-PSOE, que precisan
de una verdadera refundación y reconstrucción desde
sus cimientos mismos. Estamos ante una formación debilitada
y esclerotizada, controlada en muchos lugares por pequeñas
oligarquías que la patrimonializan a despecho de su falta
de protagonismo social y crédito ciudadano, que anteponen
sus intereses personales a los de la organización y sus votantes,
con muchas deficiencias como intelectual colectivo para entender
lo que ocurre en su entorno, y a menudo muy vulnerables frente a
unos adversarios mucho más pegados al sentir de la calle
y bien organizados en torno al poder y sus redes clientelares.
La tímida renovación
emprendida por Saura y su equipo, impotente hasta ahora para remover
los grupos de poder instalados en su seno, se ha revelado del todo
insuficiente para galvanizar un partido demasiado acostumbrado en
muchos lugares a la comodidad de una oposición tan indolente
e incompetente como alejada de las verdaderas preocupaciones de
los ciudadanos y, sobre todo, incapaz de ilusionar al electorado
con un proyecto de cambio.
Patricio Hernández Pérez
Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
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