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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
(LA VERDAD, 24-3-07)
La
mentira como arma política tiene una larga historia, desde
las antiguas tiranías hasta los modernos Estados totalitarios.
En ambos casos, no solo se mata al mensajero, se reprime a las personas
y grupos disidentes y se impide por todos los medios que la gente
opine y actúe libremente, sino que al mismo tiempo se la
manipula con campañas sistemáticas de tergiversación
de la realidad. Como dice Hannah Arendt, el terror totalitario se
funda en la policía secreta y en los órganos de propaganda.
Por eso, añade Arendt, cuando un gobierno
democrático comienza a abusar de los servicios secretos y
a convertir la información en propaganda, como ocurrió
en Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, solo caben dos posibilidades:
o la democracia degenera en despotismo o se regenera a sí
misma y cambia de gobierno. En las sociedades democráticas,
los gobiernos también pueden recurrir a la coacción
y la mentira, pero si la democracia es el menos malo de los regímenes
políticos, lo es precisamente porque dispone de múltiples
recursos para desenmascarar y castigar a ese tipo de gobiernos corruptos:
los controles parlamentarios, las elecciones periódicas,
los tribunales de justicia, los medios de comunicación plurales,
la investigación científica independiente y la libre
expresión de las personas y organizaciones ciudadanas.
Mencionaré tres ejemplos recientes. En
primer lugar, el gobierno de Bush en Estados Unidos. Si el mundo
es hoy más inseguro, injusto e insostenible que hace diez
años, no lo es por el 11-S, sino por las mentiras que Bush
urdió a partir de ese atentado. Por un lado, las mentiras
sobre el régimen tiránico de Sadam Husein (posesión
de armas de destrucción masiva y conexión con la red
terrorista de Ben Laden), utilizadas para justificar la invasión
de Irak y otras muchas transgresiones del Derecho Internacional
(Guantánamo, Abu Grahib, los vuelos y detenciones secretas
de la CIA, etc.), con las que Bush ha incentivado la carrera nuclear
y el terrorismo de Al Qaeda; y que también ha utilizado para
coaccionar y fustigar como antipatriotas a todos los estadounidenses
opuestos a su política. Por otro lado, las mentiras relacionadas
con el cambio climático (la negación misma de que
lo hubiera o de que se debiera a causas humanas), utilizadas para
no firmar el Protocolo de Kioto y eludir así la responsabilidad
de Estados Unidos ante el mundo (ya que este país emite la
cuarta parte de todos los gases contaminantes). Ambas mentiras están
estrechamente relacionadas: Bush ha gobernado al servicio de las
grandes compañías petroleras y su objetivo prioritario
ha sido adueñarse de las reservas de Oriente Próximo
para mantener el control hegemónico de la economía
mundial. Aunque hayan tardado, los estadounidenses han acabado dándose
cuenta de todas estas mentiras y han castigado al Partido Republicano
en las últimas elecciones legislativas.
El segundo ejemplo está conectado con
el anterior: el gobierno de Aznar en España. Si nuestro país
es hoy más inseguro, injusto e insostenible, lo es ante todo
por las mentiras de Aznar. Por un lado, las mentiras relacionadas
con Irak, que le llevaron a despreciar la opinión mayoritaria
de los españoles, apoyar servilmente a Bush y mentir en el
11-M sobre los autores reales del atentado, un triple error que
el PP acabó pagando en las elecciones del 14-M; pero sus
sucesores políticos y su coro mediático no han escarmentado
y siguen urdiendo toda clase de mentiras sobre el 11-M y sus secuelas
(la teoría de la conspiración, la deslegitimación
del proceso judicial en curso contra los autores reales, la acusación
a Zapatero de rendirse ante ETA, la minusvaloración del terrorismo
de Al Qaeda y de sus víctimas, etc.). Por otro lado, las
mentiras relacionadas con la política territorial, ambiental
e hidrológica, que sirvieron para ocultar la estrecha alianza
entre el gobierno del PP y las grandes empresas constructoras, y
el expolio económico (sin precedentes en la historia de nuestra
democracia) al que se han visto sometidas las rentas salariales
(para poder acceder a una vivienda digna) y el patrimonio natural
y cultural de todos los españoles: la Ley del Suelo de 1998,
que abandonó la promoción pública de vivienda
social como un deber constitucional y convirtió en urbanizable
casi todo el territorio español, con el falaz argumento de
que así se iba a abaratar el precio de la vivienda; el proyectado
trasvase del Ebro, que supuestamente estaba destinado a garantizar
la solidaridad de las autonomías españolas, pero que
en realidad pretendía financiar con dinero español
y europeo el gran negocio de la especulación inmobiliaria
en el levante español; y, como colofón, la desactivación
de la Fiscalía Anticorrupción, para impedir que pudiera
investigar la evasión de capitales, el blanqueo de dinero,
la corrupción política y la financiación ilegal
de los partidos.
Y así llegamos al tercer ejemplo: el
gobierno de Valcárcel en la Región de Murcia. Un gobierno
que ha engañado a los agricultores y a todos los murcianos
con la gran mentira del «agua para todos», tras la que
se ha ocultado el crecimiento vertiginoso e insostenible de los
nuevos regadíos, la multiplicación de los pozos ilegales,
el expolio de los recursos hídricos y, sobre todo, su derivación
fraudulenta hacia el negocio del ladrillo: las macrourbanizaciones
y los campos de golf. En los doce años de gobierno de Valcárcel,
hemos pasado de un crecimiento incontrolado del regadío a
un crecimiento incontrolado del ladrillo. El suelo y el agua de
esta Región han ido a parar a unas pocas manos, y los nuevos
terratenientes y aguatenientes han conseguido que sus socios políticos,
a cambio de una pequeña porción del pastel especulativo,
conviertan las tierras cultivadas e incluso los espacios protegidos
en solares urbanizables, mediante la Ley del Suelo de 2001 y la
generalización de los convenios urbanísticos. Así
es como llegamos a la trama de corrupción organizada que
está degradando el funcionamiento de las instituciones públicas.
El gobierno de Valcárcel se ha convertido en una simple marioneta
al servicio del lobby del ladrillo. Incluso ha tenido la desfachatez
de cederle el control de la nueva televisión autonómica.
Mientras tanto, la Región de Murcia sigue estando en el furgón
de cola de las comunidades españolas, en la mayor parte de
indicadores de desarrollo humano: rentas salariales, precariedad
laboral, bolsas de pobreza, integración de los inmigrantes,
acceso a la vivienda, discriminación de la mujer, nivel educativo
y cultural, servicios sanitarios y asistenciales, etc.
Ante esta situación, y dado que en un
par de meses van a celebrarse elecciones municipales y autonómicas,
la pregunta es obvia: si los estadounidenses han acabado castigando
las mentiras de Bush y los españoles han hecho lo mismo con
las mentiras de Aznar, ¿cuándo castigarán los
murcianos las mentiras de Valcárcel?
Antonio Campillo
Presidente del Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
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