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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
(La Opinión, 27-9-08)
Fue el pasado mes de junio cuando,
una mañana, entré al Mercadona para comprobar con
mis propios ojos lo que había visto por televisión:
psicosis colectiva y compras compulsivas. Las estanterías
estaban mayoritariamente vacías, fueran las del pescado,
la carne, el pan, la leche, etc. Me impactó mucho esta imagen
que nunca había visto antes. Esas personas estaban comprando
y derrochando para llenar sus despensas y prevenirse ante una supuesta
“crisis alimentaria” como consecuencia de la huelga
del transporte.
En principio, la cordura parecía
decir: “ante la crisis, previsión y seguridad”
o, dicho de otra forma, “llévatelo tú antes
de que se lo lleve otro”. ¿Era ésta una reacción
normal o un acto de egoísmo puro y simple?
El caso es que esta escena de
pánico fabricado me condujo directamente a otras escenas
que ya tenía almacenadas en mi mente. Pensaba en el miedo
inyectado que mueve la vida diaria de tantos cerebros y cerebras.
Empecé a pensar en la gente que prefiere condenar laboralmente
su vida para poder pagar una hipoteca a 40 años, por miedo
a llegar a la jubilación y quedarse en la calle. Pensé
en el miedo de la gente que cree en la existencia de armas de destrucción
masiva, que necesita vigilancia nocturna en sus edificios, seguros
de vida y, en general, toda la industria de la vigilancia y la seguridad,
cuyo ejemplo paradigmático, como señala Naomi Klein,
es la multinacional estadounidense “Blackwater”. Pensé
en el miedo y en el placer de la gente que siente tanta satisfacción
al ver que las calles de Murcia tienen más y más patrullas
de policía. Pensé en el miedo que tiene la gente en
hablarle a un “moro”, pensando que tal vez esté
tramando una nueva Reconquista española. Pensé en
el miedo de los padres y madres que controlan y protegen a sus hijos
e hijas hasta extremos enfermizos, hasta el punto de estrangular
su infancia. Pensé en el miedo de los estadounidenses que
votaron a Bush en 2000 y 2004 por miedo al “Eje del Mal”.
Pensé en el miedo que gestiona los aeropuertos, especialmente
ingleses y estadounidenses. También pensé en todas
las personas que tienen miedo a expresar su rabia por las injusticias
que sufren, y que no se atreven a participar en algún movimiento
de resistencia pacífica, sólo por el “qué
dirán”. O ya la última, pensé en el miedo
existente en una sociedad que consiente vivir en una ciudad (Murcia)
vigilada 24 horas por las videocámaras de “seguridad”
instaladas en las plazas, calles y parques.
Creo que una manera interesante
de comprender los pensamientos y las actitudes de las personas está
en enlazar sus propias palabras con el miedo que están cargando
en sus espaldas. Dime qué hablas y te diré qué
temes. Esto es importante para desmontar esa mentira de desayuno
diario que nos dice que vivimos en una sociedad cada vez más
libre. ¡Mentira! La libertad que tienen las personas para
apropiarse de objetos y acumularlos es directamente proporcional
a su miedo pulsional. Es espectacular cómo nos inyectan miedo
por todos lados: políticos, medios de comunicación,
la gente…Vivimos en una sociedad que se jacta de ser libre
y que está habitada por personas con muchas dificultades
para expresarse libremente. Miedo, eso es lo que hay en esta Región,
miedo a ser libres sin tutelas paternales disfrazadas de seguridad.
No suelo entrar al Mercadona,
pero aquella mañana entré para presenciar una escena
de egoísmo y pánico ficticio. Egoísmo por no
comprender que aquella era una situación transitoria en la
que la patronal del transporte estaba presionando al gobierno de
Zapatero, y pánico ficticio por creerse que la novena potencia
(económica) del mundo está pasando por una crisis
de alimentos. En definitiva, una escena provocada por el miedo absurdo
que tanto frecuenta nuestras sociedades libres.
Por cierto, una última
reflexión. Somos tan libres que alimentarnos depende cada
vez más de unas pocas empresas de supermercados y grandes
superficies multinacionales. Esto no hubiera ocurrido hace no mucho,
en la Murcia que tenía huerta y que celebraba el Bando de
la Huerta, la misma que un político difamó esos mismos
días de junio como la Murcia del “señor de burro
y alpargata”. Sin comentarios.
Alejandro Moreno Lax es miembro
del Foro Ciudadano.
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