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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
( La Opinión, 3-4-08)
Tras la formación del
nuevo gobierno, hay dos ministerios que están trayendo cola:
el de Defensa y el de Igualdad. Los motivos parecen distintos, aunque
en el fondo sean los mismos.
No voy a entrar a hacer ningún comentario acerca de los episodios
intestinales de individuos de la calaña de Berlusconi, obispos
italianos, “copes” y similares. Ni quiero, ni debo,
ni me apetece, ni se lo merecen. Queda zanjada, pues, la cuestión.
Ahora bien, si deseo hacer algún comentario acerca del Ministerio
de Igualdad, y no sobre su titular, a la que no conozco ni como
persona ni como política, aunque imagino que será
muy competente, dado su nombramiento.
¿Hay una necesidad real para su creación o responde,
más bien, a medidas propagandísticas?
Desconozco cuál es la intención del presidente Zapatero
y de sus asesores. El tiempo lo dirá y como siempre pondrá
a cada uno en su sitio, aunque sea éste un absurdo consuelo
en el que se aglutinan las oportunidades perdidas. Mi opinión
personal y autorizada, si se me permite el exceso, ya que llevo
muchos años investigando la violencia de género, es
que este Ministerio SÍ es necesario. Muy necesario.
Pero para ver esta necesidad hay que reconocer previamente que la
violencia de género es un problema real que existe en una
sociedad complementaria (domino/sumisión), en la que las
mujeres son y están en dependencia de lo masculino: como
personas, esposas y madres.
Precisamente este reconocimiento es el primer gran obstáculo
que debe vencer el nuevo Ministerio. Nada fácil, por cierto,
ya que tiene los datos en contra: sólo el 2,6% de la población
mayor de 18 años, reconoce que la violencia doméstica
es un problema grave en España; y apenas un 0,32% considera
que la mujer tenga problemas en la sociedad actual. Pero estos datos,
que no aparecen en el preámbulo de ningún proyecto
o análisis, de la situación de la mujer en la sociedad
española (han sido extraídos por mí a partir
de las encuestas de población realizadas por el CIS desde
2001 hasta 2007), son tan “elevados” porque incluyen
las opiniones de las mujeres, que si vemos los relativos exclusivamente
a los hombres: la otra parte del problema, que siempre se nos olvida,
la situación es para echarnos a llorar: por lo menos algunos,
porque a la inmensa mayoría les trae sin cuidado.
Dado este punto de partida, es muy importante que la ministra tenga
muy claro cuándo, cómo, dónde y por qué.
Ya que en este gravísimo problema, que apunta en última
instancia a las más profundas estructuras de la condición
femenina, están involucrados valores económicos, religiosos,
morales, jurídicos y políticos. Por esta razón,
el nuevo Ministerio tiene que servir de aglutinante, guía
y contexto para otros ministerios e instituciones: Economía,
Trabajo y Asuntos Sociales, Educación, Justicia, Sindicatos,
Patronal, medios de comunicación…, a los que hay que
dirigir con respecto a la cuestión femenina, y de los que
hay que reclamar una acción conjunta a corto, medio y largo
plazo.
Para llevar a cabo esta ingente tarea, los objetivos del Ministerio
de Igualdad tienen que ser muy claros y concisos, debiendo abarcar
desde la más inmediata intervención, para proteger
a las víctimas y rehabilitar a víctimas y agresores
(si es posible), hasta el desarrollo de valores sociales en los
que se defienda la autonomía de la condición femenina
con respecto a la masculina. Y todo esto con el objetivo final (por
muy utópico que resulte), de construir una sociedad en la
que las relaciones entre mujeres y hombres sean de reciprocidad.
Los pasos a seguir (es una sugerencia fruto de 6 años de
investigaciones antropológicas):
- Desmontar la condición
complementaria del matrimonio y acentuar la unidad doméstica
como sistema de relaciones sociales.
- Manifestar la relación intrínseca existente entre
los modelos complementarios de familia y la situación de
la mujer en la sociedad.
- Mostrar que la violencia de género es un fenómeno
cultural y universal que conlleva maltrato psicológico,
económico y sexual, y que el feminicidio es su manifestación
externa.
- Incorporar la condición femenina como contenido específico
en los currículos de la Enseñanza Secundaria.
- Generar estrategias que incidan sobre los hombres como parte
del problema y de la solución.
- Desarrollar campañas permanentes e inteligentes para
elevar la conciencia de los individuos.
- Proporcionar unas bases a los especialistas, para la asistencia
social integrada de víctimas y agresores.
- Dotar a víctimas y agresores de los contenidos necesarios
para realizar terapias integrales y efectivas de recuperación.
- Ofrecer al sistema jurídico los fundamentos necesarios
para que las sentencias expresen una concepción integrada
de la violencia doméstica.
A partir de este momento –invito
a la utopía-, todos debemos intentar colaborar con nuestras
opiniones y actitudes, para hacer posible un mundo sin violencia
de género. Y yo desde aquí estoy dispuesto a seguir
trabajando en ello.
Buena suerte, Sra. Ministra.
Javier Ortega Cañavate
es miembro del Foro Ciudadano.
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