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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
(La Opinión, 20-10-07)
En
las últimas elecciones municipales y autonómicas,
el PP de Valcárcel no sólo revalidó su mayoría
absoluta en la Asamblea Regional y en dos tercios de los municipios
de la Región, sino que batió su propio record en casi
dos puntos, con lo que la comunidad murciana volvió a confirmar
la posición alcanzada en las elecciones de 2003 y se ha consolidado
como la comunidad más conservadora de toda España.
Lo curioso es que el PP de Valcárcel,
después de ejercer durante más de doce años
ininterrumpidos un monopolio casi absoluto del poder político,
tanto regional como municipal, ha conseguido que el peso de la Región
de Murcia sea completamente irrelevante en la política nacional,
que estemos enfrentados a cara de perro con varias comunidades autónomas
(Cataluña, Aragón, Castilla-La Mancha y Andalucía)
y con el actual Gobierno central, que seamos percibidos por el resto
de España como unos irresponsables derrochadores de nuestros
recursos hídricos y unos corruptos depredadores de nuestro
patrimonio natural y cultural, y, por si todo eso no fuera suficiente,
que sigamos estando a la cola de las comunidades españolas
en la mayor parte de los indicadores de bienestar social: pensiones,
salarios, precariedad laboral (sobre todo entre jóvenes,
mujeres e inmigrantes), sanidad, educación, acceso a la vivienda,
infraestructuras culturales, innovación tecnológica,
sostenibilidad ambiental, etc. Y, a pesar de todo eso, una mayoría
de electores ha seguido dando su voto a unos dirigentes tan manifiestamente
incompetentes.
Porque el hecho de que sean
incompetentes no quiere decir que sean tontos. Al contrario, son
extremadamente listos, tan listos como para haber construido un
sólido régimen clientelar y haber hecho creer a muchos
murcianos que todos sus males se reducen a la falta de agua, y que
la culpa de esa supuesta falta de agua la tienen los otros, los
“antimurcianos”: manchegos, aragoneses, catalanes, socialistas,
comunistas, ecologistas, etc. Este victimismo engañoso y
simplista, que aquí se repite machaconamente día tras
día, fuera de aquí es percibido como una simple muestra
de subdesarrollo politico y cultural. Dicen que el nacionalismo
se cura viajando. Y eso también vale para el nacionalismo
hidráulico murciano. De hecho, hay muchos profesionales,
científicos y artistas murcianos que han acabado exiliándose
de esta Región. Un dato muy significativo: en las últimas
elecciones, el partido más votado entre los murcianos que
viven fuera de la Región, no fue el PP sino el PSOE.
Cuando uno viaja por Europa,
le llama la atención el enorme prestigio de Zapatero y la
admiración hacia muchas de sus iniciativas en política
exterior, derechos sociales, etc. Sin embargo, en este pequeño
rincón de España, Zapatero es la encarnación
de todos los males. Recientemente, el CIS ha hecho pública
una encuesta realizada en las 13 comunidades que celebraron elecciones
el pasado 27 de mayo. En esta encuesta vuelve a ponerse de manifiesto
la excepcionalidad de nuestra Región: Zapatero aventaja a
Rajoy en casi todas las comunidades españolas (incluidas
comunidades del PP como La Rioja, Castilla-León y Valencia),
con la excepción de Murcia y Madrid. Es en Murcia donde Zapatero
obtiene la peor nota (4,16) y Rajoy la mejor (4,96), aunque el líder
del PP ni siquiera aquí alcanza el aprobado. Confieso que
no consigo comprender el masoquismo de mis paisanos. Sobre todo
sabiendo, como sabe cualquier persona bien informada, que la Región
de Murcia, precisamente por sus malos indicadores sociales, es una
de las principales beneficiarias de las políticas sociales
y de los fondos públicos aportados por el gobierno de Zapatero
en temas tan decisivos como la igualdad de género, la educación,
la sanidad, la vivienda, la integración de los inmigrantes,
la mejora de las pensiones y del salario mínimo, etc.
Pues no, señor, Zapatero
es muy malo porque “no nos quiere dar agua”. Y eso en
una Región que no ha sufrido nunca cortes de agua, ha incrementado
su superficie de regadío en un 25% y ha tenido una tasa de
crecimiento por encima de la media nacional. La mentira es demasiado
clamorosa para cualquier observador imparcial. Sin embargo, los
murcianos siguen viviendo de espaldas a la realidad. En la citada
encuesta del CIS, todas las comunidades consideran que los principales
problemas sociales son, por este orden, el paro, la vivienda, la
inmigración y la inseguridad callejera. Pues bien, Murcia
es la única que considera la falta de agua como el principal
problema (43,8%), seguido de la inmigración (39%), la inseguridad
(32,5%) y sólo en cuarto lugar la vivienda (21%). Porque
el PP regional no sólo ha sabido vender a los murcianos la
moto del Agua para Todos, sino también la moto del Ladrillo
para Todos. Y ahora estamos empezando a sufrir las consecuencias
de esta segunda quimera, que tanto las asociaciones ciudadanas como
los informes de instituciones nacionales e internacionales han venido
anunciando y denunciando desde hace tiempo: por un lado, la crisis
de la insostenible especulación inmobiliaria, con sus secuelas
económicas, laborales, recaudatorias, etc.; por otro lado,
la acumulación de los problemas sociales y ambientales derivados
de un urbanismo salvaje; por ultimo, la rendición de cuentas
de los cargos corruptos ante los tribunales de Justicia.
Ante todas estas secuelas con
las que ahora nos encontramos, hay una pregunta que no podemos dejar
de hacernos: ¿hasta cuándo va a seguir la clase dirigente
murciana echando la culpa a otros de sus propios errores? Y, sobre
todo: ¿hasta cuando van a seguir apoyando los murcianos a
unos gobernantes mentirosos, incompetentes e irresponsables?
Antonio Campillo, es miembro del
Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
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