EL NACIONALISMO HIDRÁULICO
Antonio Campillo, Felipe Iracheta,
Caridad de Santiago, Manuel Tovar, Jesús Solá,
Teodoro Antolinos, Alicia Poza, Martín Rodríguez,
y otros veinte miembros del Foro Ciudadano.
Publicado en diario La Verdad de Murcia
el 18 de Julio de 2005
El Foro Ciudadano publicó en 2003 , un amplio
y detallado estudio en el que más de cincuenta expertos
hacían un riguroso análisis de la situación
económica, social, cultural y política de la
Región de Murcia. En ese estudio se mostraba que esta
comunidad, pese a contar con una de las tasas de crecimiento
económico más altas de España, sigue
ocupando el furgón de cola en la mayor parte de los
indicadores de desarrollo humano: empleo, educación,
sanidad, servicios sociales, cultura, vivienda, urbanismo
sostenible, transportes públicos, energías renovables,
protección del patrimonio natural y cultural, pluralismo
político e informativo, participación ciudadana,
etc.
Ante esta contradicción entre el alto crecimiento
económico y el bajo desarrollo social, cultural y político,
es inevitable hacerse una doble pregunta: ¿quiénes
son los responsables políticos de esta injustificable
situación, habida cuenta de que el PP ha gobernado
en España durante ocho años y sigue gobernando
en la Región y en la mayoría de sus ayuntamientos
desde hace diez?; ¿y a qué bolsillos han ido
a parar los elevados beneficios económicos generados,
puesto que no se han destinado a procurar un desarrollo más
equitativo y sostenible de la Región?
Sin embargo, los murcianos no han exigido responsabilidades
ni han castigado electoralmente al PP, sino todo
lo contrario: desde 1995, el PP murciano ha ido aumentando
su ventaja con respecto al PSRM-PSOE e IURM en todas las convocatorias
electorales. El 14 de marzo de 2004, cuando el PP de Aznar
pasó de la mayoría absoluta a la oposición
y perdió diputados en todas las comunidades, en la
murciana aumentó su apoyo electoral, convirtiéndose
así, junto con Ceuta y Melilla, en la única
excepción a la regla. La Región de Murcia es
hoy, sobre todo tras el cambio político en Galicia,
la comunidad más conservadora de España.
¿Cómo explicar esta excepción política
en un país que ha optado mayoritariamente por un gobierno
progresista y que reclama mayores avances en políticas
sociales, medioambientales, de pluralismo informativo y de
profundización democrática? ¿Por qué
los murcianos se han mantenido al margen de esta renovación
política en el conjunto del país y no han castigado
tampoco al gobierno regional y a los gobiernos locales, pese
a su manifiesta incapacidad para mejorar el desarrollo social,
cultural y político de la Región?
Sin lugar a dudas, el gran éxito del PP murciano ha
consistido en crear un nuevo mito político, una nueva
bandera con la que ocultar su incompetencia y acallar toda
posible crítica: el “nacionalismo hidráulico”.
Conviene recordar que en 1990 el llamado “problema del
agua” era la mayor preocupación sólo para
el 0,4% de los ciudadanos de la Región, según
un estudio del Departamento de Sociología de la UMU.
El “nacionalismo hidráulico” ha sido, pues,
una invención reciente y exitosa.
A diferencia de otras comunidades autónomas, la Región
de Murcia no cuenta con ningún partido nacionalista,
ni se había dotado hasta ahora de una imaginaria “identidad
nacional”, ni se había afirmado frente a otras
comunidades como un “nosotros” unitario y excluyente.
Sin embargo, desde 1995, ha sido el PP, el partido supuestamente
garante de la unidad de España, el que ha conseguido
crear de la nada un sentimiento patriótico
de “murcianía” que, como todos
los sentimientos patrióticos, se manifiesta políticamente
de forma fanática, exaltada y agresiva. Pero este nuevo
sentimiento se asienta sobre una “seña
de identidad” muy peculiar: el agua, convertida
en el gran tótem comunitario de los murcianos mediante
la simple y reiterada consigna del “agua para todos”.
El nacionalismo hidráulico, como todo nacionalismo,
se apoya en tres mentiras básicas,
que repite machaconamente hasta convertirlas en dogmas de
fe. En primer lugar, el victimismo: la culpa
de nuestros males es siempre de “los otros”, de
los forasteros, de quienes nos agreden o nos arrebatan lo
que es nuestro, en este caso de los catalanes, aragoneses
y manchegos, porque no nos quieren dar un agua que reclamamos
como nuestra y sobre la que creemos tener una especie de “derecho
histórico”. En segundo lugar, el narcisismo:
tenemos un “derecho” inalienable a ese agua que
corre por el Tajo, el Ebro o cualquier otro río que
se nos antoje reclamar, porque “somos mejores que los
demás”, porque “aprovechamos el agua mejor
que ellos”, porque nuestros productos horto-frutícolas
y nuestras construcciones urbano-turísticas son más
rentables que las de esas otras comunidades que “desperdician
el agua y la tiran al mar”. En tercer lugar, la
unanimidad: tras la pancarta del “agua para
todos”, que ha vuelto a salir a la calle el 14 de junio,
“estamos unidos todos los murcianos”, gobierno
y oposición, empresarios y sindicatos, constructores
y agricultores, cajas de ahorro y medios de comunicación,
peñas huertanas y cofradías de moros y cristianos,
y quien no se sume al coro unánime ya no es “uno
de los nuestros”, sino un “traidor”, un
“enemigo interior”, un “antimurciano”,
un infiltrado al servicio de “los otros”, y por
tanto hemos de insultarlo, acallarlo, condenarlo a la muerte
civil y conseguir así la “limpieza étnica”
y la unanimidad proclamada.
Este nacionalismo hidráulico ha permitido
al PP murciano eludir toda responsabilidad en el ejercicio
de su gestión durante los últimos diez años,
al desplazar hacia uno o varios enemigos exteriores todos
los conflictos internos. Por ejemplo, el conflicto
entre agricultores y constructores, ya que estos
últimos están incrementando incontroladamente
la demanda de agua a costa de aquéllos, y al mismo
tiempo los están utilizando como punta de lanza contra
el gobierno central y las comunidades “insolidarias”.
¿Por qué lo consienten los agricultores? Quizá
porque muchos de ellos se han convertido de la noche a la
mañana en propietarios de solares, gracias a la política
de recalificaciones masivas promovida por el gobierno regional
y ejecutada por los gobiernos locales. De modo que el conflicto
entre el regadío y la especulación inmobiliaria
se transforma en una complicidad de intereses amparada
por los gobernantes regionales y municipales, y en
la que la legítima defensa de su subsistencia por parte
de los pequeños agricultores se encuentra mezclada
con la codicia, la irresponsabilidad, la corrupción
y la hipocresía de quienes saben muy bien los negocios
que se traen entre manos, aunque los revistan con la noble
bandera del patriotismo herido y airado.
Ya es hora de decir bien alto y bien claro –como ha
hecho la coordinadora -
que estos supuestos patriotas murcianos están
esquilmando el patrimonio natural y cultural de la Región
y vendiéndolo sin el menor escrúpulo.
Ya es hora de denunciar –como vienen haciendo desde
hace años ANSE, Ecologistas en Acción, Greenpeace,
el Foro Ciudadano y otras muchas asociaciones de la Región-
el disparatado incremento de regadíos ilegales y de
“resorts” con campos de golf (más de 50
ya, en una región con 45 municipios), que ha tenido
lugar con la connivencia del gobierno regional, los ayuntamientos
e incluso las comunidades de regantes.
Ya es hora de poner encima de la mesa el verdadero problema
de esta Región: un incremento desmesurado e
irresponsable de la demanda de agua, que se disparó
por vez primera al socaire del trasvase Tajo-Segura -de modo
que éste acabó siendo insuficiente antes de
terminarse-, que volvió a acelerarse con el proyectado
trasvase del Ebro -vendiendo así la piel del oso antes
de cazarlo- y que pretende seguir incrementándose a
costa del agotamiento de las reservas propias y de la reclamación
de nuevos aportes externos, sin tener en cuenta los más
elementales criterios de sostenibilidad y autosuficiencia,
ni la Directiva Marco del Agua, ni el callejón sin
salida al que lleva la llamada “guerra del agua”,
ni los previsibles efectos del cambio climático en
el litoral mediterráneo. Por cierto, los 400 científicos
que cuantificaron recientemente dichos efectos fueron calificados
como “palmeros” de la ministra Narbona por el
preclaro señor Cerdá, durante muchos años
consejero de Agua, Agricultura y Medio Ambiente, hasta que
Medio Ambiente ha pasado a ser gestionado junto con Industria
(¡olé la coherencia!) por otro preclaro político,
el “ecologista” Marqués.
Ya es hora de que los ciudadanos de esta Región denunciemos
las mentiras del nacionalismo hidráulico y reclamemos
otro modelo de desarrollo –mucho más
equitativo, sostenible y participativo- y otros representantes
políticos que tengan la capacidad y la honestidad para
hacerlo posible. |