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DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN |
( La Opinión, 7-3-08)
Digamos que llamo chavalote
a todo aquel joven de entre 18 y 98 años que tiene su peña,
pandilla, grupete, partida de dominó, agregados al msn…y
que se reúne en locales, bares, discotecas, plazas o calles
públicas.
Tras largas investigaciones de campo he reunido los principales
argumentos de los que manifiestan públicamente la frase del
mes: “Yo no voto”. En mi recorrido por los lugares y
ambientes más dispares con las gentes más variopintas
he descubierto que el abanico de argumentos no es muy amplio y me
propongo rebatir una a una las supuestas razones que se escuchan
para desoír la llamada a las urnas.
En primer lugar está lo de “todos son iguales”.
Siendo uno de los más frecuentes tal vez sea el más
débil. En realidad esta afirmación sólo trasluce
una incultura política del quince, comparable al que ante
un vino Rioja de reserva y otro de barril barato cree estar tomando
el mismo caldo. El desconocimiento y la gandulería suele
traducirse en desprecio de la calidad. Y es que las diferencias
entre unos y otros partidos saltan a la vista a poco que se abran
los ojos: no es lo mismo apoyar una guerra que rechazarla, bajar
impuestos para los ricos o para todos, preocuparse del medio ambiente
o promover el urbanismo sin límites, ampliar derechos individuales
o bien oponerse a ellos. No es lo mismo profundizar en el estado
laico que afianzar privilegios de la Iglesia, y así un largo
etcétera que debería hacer enrojecer al que volviera
a utilizar este falso motivo de abstención.
En segundo lugar vendría aquello de “a mí la
política no me interesa ni me da de comer”. Por obvio
que parezca, aclarémoslo: si quieres que te den de comer
no vayas al Ayuntamiento ni al Parlamento, suele dar mejor resultado
ir a un restaurante. Pero según como se gestionen las inversiones
públicas, sí es probable que nos sea más fácil
o más difícil conseguir un trabajo que nos permita
ir tirando. Y por cierto, los que más exhiben su desinterés
político y tienen fácil el insulto o la descalificación
para diversas actuaciones políticas, disfrazan así
de pasotismo lo que no es más que gandulería y falta
de compromiso…aunque sólo sea para leer un periódico
o ver un telediario.
Otra perla más: “si hace buen tiempo me voy y si llueve
me quedo en casa, ¿qué más da un voto más
que menos?”. Grave error que interpreto como propio de los
creídos y los prepotentes. A más de uno le molesta
que su voto valga lo mismo que el de un analfabeto, un recién
llegado o un enfermo de Alzheimer…Pero es que esta es la esencia
misma de la democracia: una persona un voto sin mirar formación,
recursos ni clase y por esto han luchado las personas más
valientes y más lúcidas que la humanidad ha parido.
El que considera poca cosa que su movimiento –de casa a la
urna- valga sólo por uno debería revisar la opinión
que tiene de sí mismo y no mirarse tanto al espejo de los
listos.
En cuarto lugar está lo de “son unos vividores que
luego hacen lo que quieren”. Cree el ladrón que todos
son de su condición. Ni todos roban ni los que roban salen
siempre impunes ni los sueldos son tan altos (el fichaje del PP
M.Pizarro ganó el pasado año más del triple
que todos los ministros juntos, por ejemplo) ni harían lo
que quisieran si participáramos más en partidos, asociaciones
de vecinos, Ampas, sindicatos y cualquier otra actividad de la llamada
sociedad civil. Pero es tan fácil criticar lo que se hace
cuando uno mismo no hace nada…
Y he dejado para el final el argumento más hermoso, más
juvenil, más ingenuo…y más tonto. El propio
del chavalote machote, revolucionario, gracioso y quedón
que te suelta el discursillo antisistema, que te tilda de burgués
reformista vendido al capital que es la otra cara de una democracia
falsa, lejos de las paradisíacas asambleas de la democracia
directa y bla, bla, bla… y que termina con aquello de “Oye
me voy que se me hace tarde”.
Estos son los más duros de pelar porque no entienden que
las asambleas tienen su lugar –poblaciones concienciadas y
reducidas-, son fácilmente manipulables –suele ganar
el que más grita o más amedrenta- y no salen bien
casi nunca, y si no que asistan a la reunión de su escalera
de vecinos. Tal vez cuando miren la etiqueta de sus vaqueros o la
marca de gasolina que le echan a su moto, o para quien van a terminar
trabajando, verán que el sistema, querido mío, el
sistema eres tú. Y negarse a participar en política
es hacerle el juego a las fuerzas más oscuras, - lo que llamaban
en la Guerra de las Galaxias “el lado oscuro de la fuerza”-
las del puro interés monetario, que sólo tienen como
freno y contrapoder unos ciudadanos que se dejan de cuentos infantiles
y trabajan con su frescura por un “sistema” donde los
ideales que merezcan ese nombre gocen del mayor apoyo posible para
reformar y transformar la realidad que, queramos o no, compartimos.
¿Es posible resumir todo lo anterior en una sola línea?
Creo que sí: “Déjate de tontunas y vota”
Francisco Sempere
Miembro del Foro Ciudadano. de la Región de Murcia
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