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ECONOMÍA Y TRABAJO |
(La Opinión, 1-12-07)
EHace
unos días me levanté, arranqué mi coche y puse
la radio mientras me dirigía un día más al
trabajo. En las ondas, Esperanza Aguirre vendía en una entrevista
las bondades de las rebajas fiscales, y para ello, no dudó
en invocar a la famosa curva de Arthur B. Laffer. Según Aguirre,
las rebajas fiscales hacen aumentar la actividad económica
y la recaudación impositiva, de forma que estimaba que el
efecto de esta medida supondría para las arcas nada más
y nada menos que 35 millones de euros extras.
No pude evitar que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Si
el señor Laffer hubiera intuido la forma en que su teoría
sería mancillada por Aguirre, quizás hubiera decidido
dedicarse a cualquier otra cosa que no fuera la noble ciencia económica.
De hecho, la curva de Laffer es básicamente una “U”
invertida que nos dice que en cualquier economía el hecho
de aumentar los tipos impositivos hace que la recaudación
aumente sólo hasta un determinado punto, a partir del cual,
sucesivos aumentos harán caer la recaudación, debido
al efecto desincentivador de la actividad económica, así
como a la aparición de economía sumergida. Por lo
tanto, afirmar que una rebaja fiscal aumenta la recaudación
es afirmar que nos encontramos en el tramo decreciente de la famosa
curva. Desgraciadamente, ningún economista conoce cuál
es el tipo óptimo que maximiza la recaudación, y la
señora Aguirre tampoco. Sin embargo, España, con una
presión fiscal que supone el 36% del PIB, 4 puntos por debajo
de la media comunitaria, es poco sospechosa de situarse en dicho
tramo.
Estas palabras me hicieron por otra parte rememorar la reforma del
IRPF que el Partido Popular lanzó en 1998 y que rebajó
los tipos marginales máximos, que pagan las rentas más
altas, 8 puntos porcentuales (del 56% al 48%), mientras que los
mínimos, que pagan las rentas más bajas, cayeron tan
sólo dos puntos (del 20% al 18%). En otras palabras, migajas
para los pobres y suculentos beneficios para los más adinerados.
De esta manera, todos acabamos como el viejo Lázaro de Tormes:
cornudos, aunque contentos. Otra reflexión afloró
en mí, acerca de lo fácil que es predicar afirmaciones
gratuitas en nuestro país cuando se trata de hablar de economía.
En Murcia tampoco andamos escasos de discípulos de Hayek
y Friedman. Uno de ellos es José Antonio Ruiz Vivo, viceportavoz
del grupo parlamentario popular y también gran aficionado
a realizar imaginativas declaraciones. Hace un par de semanas se
jactaba ante los medios de “la acreditada y solvente trayectoria
que el Gobierno Regional tiene en su disposición en cuanto
a medidas destinadas a conseguir que los jóvenes murcianos
accedan a una vivienda digna”. Sin embargo, la realidad murciana
en materia de vivienda es bastante más triste:
Desde 1995, año en el que la VPO construida en la Región
suponía el 45% del total, hemos pasado al 3% en el último
año. Además de poca, debemos recordar que la adjudicación
de ésta queda en manos de los promotores privados, por lo
que los procesos de entrega pueden ser calificados de todo menos
de transparentes. Hablemos ahora del Plan de Vivienda Joven de nuestra
comunidad que según Ruiz Vivo tan “excelentes resultados
viene dando”. Dicho plan consiste básicamente en un
tipo de interés preferencial de Euribor + 0,50%, con una
comisión única del 0,45% y una reducción del
90% en el impuesto de actos jurídicos documentados. No es
necesario ser un mago de las finanzas para encontrar una entidad
financiera que nos ofrezca unas condiciones más atractivas.
Otro dato a tener en cuenta: en la Región de Murcia sólo
se desarrollan el 61% de las actuaciones contempladas en el Plan
Nacional de Vivienda 2005-2008, mientras que la media de cumplimiento
para el resto de comunidades es del 115% y alguna incluso llega
al 159%. Marcos Nogueroles, Director General de Urbanismo y Vivienda
dice que no hay que alarmarse porque según él, “el
Plan de Vivienda no es ambicioso ni las medidas generosas”.
¡Pues menos mal, oiga, no quiero yo ni pensar si el dichoso
plan fuera ambicioso en qué nivel de cumplimiento andaríamos!
Otro de los proyectos estrella del señor Nogueroles para
solucionar el problema de la vivienda en Murcia es la nueva figura
de la VPPL (Vivienda Protegida de Precio Limitado). Esta figura
pretende incrementar el precio tasado de la vivienda protegida en
un 40%, y dar una subvención directa de 2.000 € al promotor
por cada vivienda construida, con objeto de que su construcción
sea más atractiva a éstos. Vista la actual deriva
del mercado inmobiliario español, no es descabellado rebautizarla
como Viviendas de Protección de Promotores Ladrones, porque
deben ustedes saber que reduciendo los márgenes de beneficio
del 30% o 40% actuales a un aceptable 5% y adquiriendo la Administración
suelo rústico a su justo precio, como posibilita la actual
ley del suelo, sería posible construir viviendas en nuestra
Región por 80.000 €; pero, ¿a quién interesa
esto?
Por si no tuviéramos suficiente con la política de
nuestros gobernantes regionales, el ex-ministro Arias Cañete,
ahora portavoz de economía de los populares, anuncia un boicot
de sus comunidades a las ayudas estatales al alquiler porque, según
él, es imposible aplicarlas a partir de enero. Perdonen mi
atrevimiento, pero si el señor Arias Cañete intentara
dedicar a la aplicación de las ayudas la mitad de la rapidez
con la que le recordamos devorando pepitos de ternera por toda nuestra
geografía, antes de Pascuas todo joven tendría sus
210 € en el bolsillo.
Por cierto, la ocurrencia de la VPPL a la que hacíamos arriba
referencia no es ni mucho menos nuestra: la hemos importado de la
Comunidad de Madrid, que es, por cierto, la única comunidad
autónoma de España junto a la Región de Murcia
donde aún no se ha adaptado la Ley de Dependencia al ordenamiento
regional, impidiendo así que las ayudas comiencen a llegar
a nuestros dependientes. Esperanza sigue sentando cátedra,
y en Murcia seguimos cornudos, aunque eso sí, contentos.
José Roberto
Barrilado Martínez. Miembro de Foro Ciudadano de la Región
de Murcia.
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