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ECONOMÍA Y TRABAJO |
(La Opinión, 24-05-08)
Es cada día más
evidente que han quebrado las expectativas de enriquecimiento rápido
que prometía el alicatado sistemático de playas, ciudades
y parajes naturales de la Región de Murcia. Podemos estar
a punto de ver como los alcaldes, concejales, diputados y otros
ilustres componentes de la trama de corrupción que ha prosperado
aquí a la sombra del urbanismo salvaje, son tratados como
los policías locales de Coslada, algunos de ellos imputados
por los mismos delitos que lo están ese conjunto de murcianos
de pro -ejemplo de las buenas costumbres murcianas-, que hace unas
semanas eran recibidos por una parte de sus convecinos con gran
alegría a la salida de la cárcel, a cuyas puertas
también se decían misas. Probablemente reclamando
el perdón divino para jueces, fiscales y zapateros, que con
tanta saña estaban tratando a ciudadanos tan ejemplares.
En Coslada, según puede leerse, a los policías que
no han sido imputados, les llaman por la calle ladrones, corruptos
y sinvergüenzas, entre otros cariños, y los vecinos
no han salido en manifestación para que saquen de la cárcel
a los imputados. Cabe imaginarse lo que llamarían a éstos,
por los mismos delitos que aquí te aplauden o te dedican
un novenario o una calle o una urbanización.
No deja de ser chocante que por la misma cosa algunos ciudadanos
te traten de manera tan diferente en dos lugares tan próximos.
La razón puede que esté en el rasgo que diferencia
a los dos modelos de generar riqueza, ambos basados en la corrupción.
En el de Coslada el grupo implicado se enriquece, pero al parecer
no reparte algo de lo que obtiene entre otras gentes, es decir no
amplia el círculo de beneficiarios. Tampoco parece que hayan
utilizado su condición de empleados públicos para
que un buen número de vecinos saque ventaja del incumplimiento
de la legalidad vigente.
La próxima vez que delincan, pues casi seguro que habrá
próxima vez dada la trayectoria de los implicados, deben
pedir asesoramiento a quienes han urdido la trama de corrupción
murciana, que respeta dos principios fundamentales, como no podía
ser de otra manera en gente de principios. El primero dice: puedes
enriquecerte sin medida pero debes repartir algunas migajas en tu
entorno, las suficientes para ganar el diferencial de apoyo social
que te permita seguir gobernando. El segundo postula: la legalidad
no está para cumplirla sino para generar expectativas de
enriquecimiento basadas precisamente en su incumplimiento. Esto
es lo que te garantiza que te vuelvan a elegir votación tras
votación, ya que una buena parte de quienes lo hacen saben
que si gana otro sus expectativas de enriquecimiento se arruinan.
Pero por culpa de las malditas hipotecas locas, la subida de los
precios del petróleo y de los alimentos básicos (detrás
de todas las cuales se encuentra Zapatero, por supuesto), así
como por otras descerebradas estrategias de la derecha global y
local, se ha llegado a una situación en la que las expectativas
de enriquecimiento se han venido abajo, aunque sigan mandando en
la Región y la mayor parte de sus municipios los de siempre,
incluso con el 90% de los votos.
Por lo que se ve, se lee y se escucha, los estrategas locales de
la derecha empiezan a ser conscientes de lo delicado de su situación:
puede que una parte de sus votantes comience a verlos como una rémora,
e incluso como algo innecesario para la mejora de sus vidas y haciendas
o las de sus hijos. Esto es lo que suele suceder un poco antes de
que dejen de votarte.
En estas circunstancias lo que conviene es volver a las viejas certezas
para mantener unida a la clientela. Destaca entre ellas una sobre
todas las demás: los “derechos históricos”
sobre el trasvase del Ebro, que sigue vigente en las Comunidades
Autónomas de Valencia y Murcia - ésta como comparsa
-, a pesar de haber salido de tapadillo del programa electoral del
partido de la derecha, por la necesidad que tenía de recaudar
votos en Aragón uno de los fichajes estrella del Sr. Rajoy
en las últimas elecciones.
El agua, lamentablemente, seguirá siendo tratada como reclamo
y elemento central de intoxicación ideológica, tanto
más cuando otros posibles argumentos electorales están
de capa caída. Así nunca mejorará en esta tierra
la dotación del recurso, ni su gestión, ni su asignación.
Pasará el tiempo entre rogativas, manifiestos de alcaldes,
manifestaciones de presidentes de Comunidad, todos queriendo lavar
sus impresentables caras. A lo mejor para eso quieren el trasvase
del Ebro, aunque ni siquiera tal caudal daría para una higiene
casi imposible. Lo que si puede ocurrir es que, colectivamente,
vayamos perdiendo posibilidades de mantener el trasvase del Tajo,
aquejado como está de serios problemas estructurales, que
nadie cuenta, pero que acabarán imponiéndose.
Podemos pasarnos la vida lamentándonos de que no nos permitan
trasvasar aquí desde el Volga al Amazonas, que desperdician
tanta agua dulce, pero llorando menos y desalando más seríamos
más felices, y no digamos si además ahorramos algo,
gestionamos mejor y asignamos correctamente el agua disponible en
cada momento.
Manuel Tovar Arce.
Miembro de Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
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