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EDUCACIÓN

"Las oposiciones a profesor se convierten en una lotería"
J. Roberto Barrilado Martínez.

(La Opinión, 15-2-08)

El pasado lunes 28 de enero la Consejería de Educación anunció haber acordado con las principales organizaciones sindicales las características del próximo proceso selectivo de acceso a los cuerpos docentes de profesores de enseñanza secundaria, EOI, técnicos de FP, música y artes escénicas y artes plásticas y diseño.

Dicho acuerdo, como argumentaré, es un cúmulo de despropósitos que se sitúan, todo hay que decirlo, en la onda de lo que viene sucediendo en otras CC.AA. vecinas, y cuya responsabilidad comparten a partes iguales no solo la Consejería de Educación, sino también los sucesivos gobiernos centrales (a través de los Reales Decretos 334/2004, de 27 de febrero y 276/2007, de 23 de febrero) así como, muy especialmente, los sindicatos de enseñanza, autores intelectuales de los nuevos procedimientos, últimamente más preocupados de frenar la huida de afiliados hacia los nuevos sindicatos de interinos que de la calidad de la enseñanza.

La sucesión de dislates comenzó en 2004, con el famoso acuerdo de 27 de abril suscrito entre la Consejería de Educación y los principales sindicatos para la provisión de puestos de trabajo en régimen de interinidad (Resolución de la Consejería de Hacienda de 6 de mayo, BORM de 22 de mayo). Dicho acuerdo contemplaba dos aspectos bien diferenciados, uno muy positivo y otro a todas luces nefasto: por una parte, se acordó reducir la tasa de interinidad hasta el 7% mediante sucesivas ofertas de empleo público para favorecer la estabilidad; bien por ello. Otra cosa que hizo este acuerdo fue blindar las bolsas de trabajo de profesores interinos existentes antes de las oposiciones de 2004, impidiendo la entrada en ellas, así como su reordenación interna. Esto quiere decir que un opositor novel que sacara un 9 en 2004 y no consiguiera plaza quedaría en las bolsas de trabajo relegado por detrás de los que ya estaban, aunque nunca hubieran sacado más de un uno en ninguna convocatoria, y así sucedió. En definitiva, se excluyó del derecho al trabajo a personas cuyo único delito había sido nacer en un año equivocado, y sucede que sin trabajar no se acumulan puntos, y sin puntos no hay nada que hacer en la fase de concurso del proceso selectivo.

La siguiente perla de la Consejería de Educación fueron las bases de la oposición de 2004: exaltaron la valoración de la experiencia docente en el concurso de méritos mientras se redujo la puntuación por expediente académico. Pasarse cinco años en la EOI aprendiendo una lengua pasó a puntuar lo mismo que hacer un cursito de 50 horas en un sindicato. Por último, y ésta es de traca, alguien pensó que ser Premio Extraordinario de Licenciatura ya no era ningún mérito. La intencionalidad era clara: hundir a aquellos que acreditaban reconocidos méritos académicos para darle la plaza al que más años llevase trabajando. Y así fue.

En 2006 se siguió con la misma tónica, y los nuevos opositores que consiguieron una plaza, sólo pudieron hacerlo porque en algunos tribunales aprobaron menos candidatos que plazas se ofertaban, por lo que el concurso de méritos decidía la ordenación final de candidatos pero no el hecho de obtener plaza.

Como decía, ahora empezamos a conocer los detalles que Consejería y sindicatos nos preparan para 2008, y no tienen desperdicio: en primer lugar, se sacarán por sorteo cinco bolas del temario y no dos como sucedía hasta ahora para el desarrollo escrito de un tema a elección del opositor. Se convierte así el proceso en una lotería, a la vez que desincentiva que el opositor prepare toda la materia, pues desechando la mitad del temario, la probabilidad de que entre las cinco bolas salga un tema que ha estudiado es superior al 98%. Más grave si cabe es la eliminación de la prueba de contenidos prácticos en casi todas las especialidades, que permitía abordar todo el temario, no habiendo lugar para la suerte, y que por consiguiente filtraba al opositor cualificado. Por otra parte, este hecho puede propiciar que cualquier licenciado decida opositar por la especialidad que más le plazca con posibilidades de aprobar. A modo de ejemplo, que alguien conozca a la perfección la filosofía de Kant no significa que sea filósofo. Sin práctico, es posible superar el proceso con un poco de suerte y sin tener idea de la materia.

La última guinda viene con la posibilidad que ahora se brinda a los profesores interinos de sustituir su exposición oral de una unidad didáctica por la elaboración previa de un informe que será evaluado en su centro. Se aniquila así también la capacidad del examen oral de evaluar la competencia didáctica.

En definitiva, las modificaciones que año a año introduce la Consejería de Educación son una mala noticia para los opositores mejor formados, interinos o no, que no pueden demostrar sus conocimientos, pues la intención de estas medidas es que todos obtengan igual nota en las pruebas y que el concurso de méritos ulterior dé la plaza al que más años tenga. Con mis mejores deseos de consolidación laboral del colectivo docente interino, creo sinceramente que ésta no es la solución a la vieja problemática de la inestabilidad, pues propiciará la entrada de personas sin preparación al sistema, lo que, además de ser tremendamente injusto con aquellos que sí ganaron su puesto de trabajo a pulso, no va a hacer ningún favor a la calidad de la enseñanza ni a la dignificación de la práctica docente.

J. Roberto Barrilado Martínez.
Profesor titular de Educación Secundaria. Miembro del Foro Ciudadano.

 

 
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