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GLOBALIZACIÓN |
(La Opinión, 17-1-09)
El ataque de Israel masacrando
desde el 27 de diciembre a la población palestina de Gaza
como represalia al lanzamiento de cohetes por parte de Hamás
ha sido capaz de revelar de nuevo, como ocurrió en el año
2003 cuando la invasión de Iraq por Estados Unidos, la conciencia
de paz y de solidaridad que existe en la humanidad. El horror que
se transmite por las escasas noticias e imágenes que llegan
sobre centenares de personas muertas, cerca de mil, una gran parte
niños, niñas, mujeres y ancianos, en un castigo colectivo
al estilo nazi, es un “crimen contra la humanidad”,
un “genocidio”. Ahora se entiende por qué Israel
no deja entrar periodistas a su particular carnicería, su
campo de exterminio. No quieren testigos del holocausto que está
perpetrando en un territorio que ha estado más de un año
cercado y empobrecido por ellos mismos.
La tibia o nula respuesta inicial
de la comunidad internacional, sobre todo de los gobiernos occidentales,
dejando las manos libres a Israel para proseguir su designio macabro
ha dado paso, gracias a las manifestaciones multitudinarias en todo
el mundo, a posturas más exigentes demandando el fin del
ataque de Israel a Gaza y la solución pacífica del
conflicto como ha hecho nuestro Presidente Rodríguez Zapatero.
Por eso la ciudadanía ha de continuar con los esfuerzos por
la paz. Otra vez surge con fuerza esa “globalización
de la solidaridad” que señalaba el New York Times en
febrero de 2003, esa “conciencia de la humanidad” por
un mundo en paz. No se acepta la barbarie ni la impunidad criminal
la practique quien la practique.
También hay que ir al
fondo del problema porque si no volverá la masacre y la espiral
de violencia de aquí a unos meses. No se trata sólo
de que Israel deje de matar, se trata sobre todo de que no haya
causas que impulsen a la violencia. Es decir ir a la raíz
del problema.
En primer lugar hay que denunciar
el oportunismo del ataque de Israel hecho en clave de las próximas
elecciones para mostrar cuál es el partido más antipalestino,
el que carga con más muertos. Macabra carrera electoral.
Esa es la explicación del fin de la tregua en el mes de diciembre
pasado.
Hay que insistir una y otra
vez que Israel no tiene derecho bajo la excusa de la autodefensa
a ocupar militarmente Palestina, ni a multiplicar los asentamientos
de colonos en tierra palestina, expresamente prohibido por la Convención
de Ginebra, ni a construir un muro del apartheid en suelo palestino,
ni a multiplicar los controles militares, impidiendo la actividad
diaria del pueblo palestino, desde ir al colegio, trabajar, comerciar,
el paso de ambulancias, etc., ni mucho menos a cercar más
de un años la franja de Gaza y someterla a un sitio criminal
privándoles de electricidad, agua, alimentos, medicamentos,
etc. Israel ha de admitir el retorno de los miles y miles de palestinos
expulsados de sus tierras y hogares para arrebatar sus propiedades.
Tampoco tiene derecho a anexionarse Jerusalén Este. La reacción
ante este tipo de agresiones es la que adoptó Europa ante
la invasión nazi, o la de España ante la invasión
francesa, lo que está reconocido por la ONU como el derecho
de un pueblo ocupado militarmente a resistirse y responder con todos
los medios a su alcance.
Hay que decir con toda rotundidad
que si Israel quiere la paz ha de empezar a aplicar las resoluciones
de la ONU y la legalidad internacional. La conducta contraria a
esta postura señala con claridad que Israel no quiere la
paz, puesto que la paz sólo puede venir negociando con Palestina,
con sus representantes elegidos democráticamente. La particular
“Hoja de Ruta” oculta de Israel es eliminar al pueblo
palestino impidiendo que haya un Estado Palestino. Su ideal es que
en la región haya unas reservas de “pieles rojas”,
los palestinos, al estilo de lo hecho por Estados Unidos en el siglo
XIX con los indios. Una situación de apartheid como la que
ahora existe bajo la supervisión militar del poderoso Israel.
Si la ONU decidió en 1948 la existencia de dos estados soberanos,
el de Israel y el de Palestina, cada uno con la mitad del territorio
original palestino, esa es la solución. Para ello la ciudadanía
mundial ha de añadir a la exigencia de fin del ataque la
de solucionar pacíficamente el conflicto según la
frase valientemente acuñada por Daniel Barenboim en el concierto
de primero de año desde Viena, “Justicia Humana en
Oriente Próximo”. Es decir aplicación de las
leyes, de los acuerdos internacionales, negociación bajo
ese marco de la ONU. No sirve la negociación directa entre
la víctima y el agresor, porque ya sabemos cuál será
el resultado. Hace falta el marco de la ONU y la presión
de la UE.
La presión ciudadana
ha de continuar exigiendo a nuestros gobiernos cosas que se han
hecho en casos parecidos como la ruptura de relaciones, la denuncia
del acuerdo de asociación entre la UE e Israel, la instauración
de un embargo como se hizo con África del Sur cuando el apartheid.
Se puede empezar no comprando productos de Israel, con el código
de barras, que empieza por 729. Hay que decir también que
estos crímenes contra la humanidad no pueden quedar impunes.
La justicia internacional ha de intervenir.
Estas son algunas de las
razones por las que la gente de Murcia amante de la paz se ha venido
manifestando estos últimos martes y por las que se manifiesta
el sábado 17 de enero desde la Plaza Redonda. “Por
la paz en Oriente Próximo”, por un “Estado Palestino
Ya”, “Parar el ataque de Israel a Gaza”.
Pedro Marset
Presidente Asociación Solidaridad con el Pueblo Palestino
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