DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

JÓVENES

"Nosotros los jóvenes" Alejandro M. Lax
( La Opinión - 17-11-2007 )

Cuando los fuegos artificiales del éxito y del poder reverberan en los cielos políticos de nuestra Región, ¿dónde está la vanguardia del progreso murciano?; en estos tiempos de bonanza económica, ¿dónde están sus beneficiarios? Más en concreto, y dentro de este contexto de triunfo al que todos parecemos aupados, ¿dónde estamos los jóvenes murcianos?

Desde luego, no nos encontraréis en la cresta de la ola. De toda la vida se nos ha calificado como ese divino tesoro que encarna el entusiasmo, la crítica, la ambición y el optimismo; en resumen, encarnamos vitalidad en estado puro. De hecho, decía Ortega y Gasset que la historia cambia cada 15 años porque nuestra juventud la renueva y la recrea a su gusto.

Hoy se preconiza que Murcia se ha modernizado, que está a la altura del resto de España y que los jóvenes pertenecemos a esa transformación. Pues bien, ¿Somos nosotros la culminación de una transformación social superlativa? Pues no lo sé, lo cierto es que los tiempos que corren se caracterizan por la vida urbana y el ejercicio de la ciudadanía, y que en modo alguno contribuyo a generar una cultura participativa entre los jóvenes y mi ciudad. No tengo el menor interés en constituirme como asociación para reivindicar ni promover nada creativo, nada transformador.

Son pocos los motivos para ello, empezando porque en la ciudad de Murcia hay un solo centro juvenil, Yesqueros, ya viejo y desvalido, por lo que casi estoy condenado a desarrollar mi tiempo libre en los otros 10 centros comerciales que hay en la ciudad, allí donde se encuentran el ocio y la compra, la felicidad y el consumo.

Ahora han hecho un centro juvenil nuevo, La Nave, pero sólo iré cuando mis padres me compren un coche. Vivo y viviré al calor de la placenta materna hasta que pueda, normalmente hasta los 30, momento en que me hipotecaré de por vida junto a mi novia. No me pidan más, pues ustedes, nuestros padres, la clase política y los medios de comunicación nos habéis enseñado a creer en la sociedad de la seguridad y el bienestar. En ella siempre habrá un padre de quien depender económicamente; en su caso, de entre todos los políticos corruptos siempre habrá alguno que se preocupe de sacarnos las castañas del fuego. Ya ven, no somos la juventud francesa.

Vivimos protegidos por esa sociedad paternal y devoradora. Nos veréis sonrientes por las calles porque podemos participar de esta nueva democracia del consumo, llena de pequeños vicios, imágenes y espectáculo. De hecho, sólo salimos los sábados a las tascas y los domingos que abre El Corte Inglés o que juega el Real Murcia. Los que estudiamos solemos asistir el resto de los días a la universidad, donde nos limitamos a recibir los conocimientos que nos dicta el profesor y a charlar en la cantina. No hay nada más que hacer, ni reivindicar, ni defender. Sólo nos interesa las fiestas universitarias.

Las calles de mi ciudad son limpias, asépticas y funcionales. A veces nos gustaría transformarlas mediante algún tipo de improvisación artística, llenándolas de sonrisas y color, pero no tenemos ganas. Sólo lo haríamos si el ayuntamiento nos organiza. De hecho, no estamos en absoluto informados de lo que ocurre en el ayuntamiento. Los pocos que nos hemos preocupado por ello nos confinamos al ámbito en el que estamos educados: la resignación. Sólo unos pocos conservan el ánimo. A veces destinamos nuestras conversaciones a la crítica de la decadente vida política y social, pero siempre acaban esfumándose entre bocanadas de marihuana y sorbos de cerveza fresca.

No me importa si estas actitudes son dignas de progreso o no. Miro mi ciudad y veo que las aceras están nuevas e iluminadas, que comienzan a proliferar los edificios de altura, que ya tenemos un tranvía sin destino y un carril bici de 200 metros de longitud. Algunos achacan estas conquistas al progreso. De lo que sí estamos seguros es que nuestros bolsillos no llegan a fin de mes. No somos ni siquiera mil euristas, acceder a la vivienda nos cuesta el 60% de nuestro salario y más de la mitad de nosotros no tenemos más que contratos temporales, como ocurre en Ceuta y Melilla. Allí incluyo hasta a los universitarios licenciados, aunque la mayoría de nosotros abandonamos nuestros estudios de ESO para trabajar.

Es ahí donde estamos las y los jóvenes de Murcia. Somos una juventud en precario, hipotecada, apática y dócil. Juventud quieta, juventud predecible, juventud indolente. En cierto modo, somos jóvenes envejecidos prematuramente, en su mayoría ajenos a la vitalidad ciudadana que bulle por las arterias urbanas europeas. Nos han anestesiado con esa vaga idea de progreso que convenció a nuestros padres; una idea normalmente reducida a términos de cálculo económico y que, a vista de los datos, se deshace como un castillo de naipes. Es por ello que no podemos hacer nuestra la frase de Ortega, a no ser que la historia la transformen las administraciones públicas, los bancos, las inmobiliarias, los bares y los centros comerciales. Nosotros no, desde luego.

Es por ello que pedimos a los políticos que no nos incluyan en esa supuesta vanguardia del progreso que tanto preconizan, pues no estamos allí. No nos intenten convencer de que estamos en la bonanza económica, porque no es así, al igual que tampoco estamos decididamente en los debates políticos, en las ONGs, en las asociaciones de jóvenes, en los espectáculos callejeros, en los parques, en las rutas senderistas, en las bibliotecas, en los museos, en las manifestaciones, en los grupos ecologistas...
No estamos…

Alejandro M. Lax
Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia.

 

 
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