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MUJERES |
(La Opinión, 21-3-2008)
Permítanme que les escriba
el discurso que iba a leer con motivo de la concesión del
premio al “Hombre Murciano del año que ha destacado
por su trabajo a favor de la igualdad entre mujeres y hombres”
otorgado por el Instituto de la Mujer.
Un discurso que iba a leer el día 8 de marzo en el Auditorio
cuando me diesen el premio, pero que no voy a poder leer el día
17 en el Palacio de San Esteban, por cuestiones de protocolo (Ya
no hay nada que ganar).
“Quiero aprovechar este lugar público de privilegio
en el que me encuentro hoy, para darle las gracias a todas aquellas
personas como Charo de CCOO, Pepa de UGT y Alicia del STERM, y a
todas las asociaciones anónimas que, más allá
de las fechas señaladas en nuestro calendario, trabajan todos
los días del año en favor de la autonomía de
las mujeres y en la defensa de sus Derechos a la paz, a la seguridad,
a la integridad, al desarrollo y a la dignidad.
Quiero deciros a todas y a todos que hoy, como ayer y como mañana,
es un día que debe ser señalado en el calendario con
letras rojas. Es importante. Es necesario. Es una deuda que todos
tenemos con ELLAS. Las que no están. Las que aun estando
no sabemos hasta cuando estarán.
Hoy, día 25, 8 ó 17 de marzo, la memoria de nuestras
muertas, que todavía no es memoria histórica, y esperemos
que jamás deba ser exigido dicho reconocimiento, nos lo pide
como pago de un silencio que se ha construido a través del
sufrimiento continuo de muchas mujeres que han visto y siguen viendo
conculcados todos sus derechos fundamentales, por el simple hecho
de ser lo que son: MUJERES.
Despertamos con una noticia: “El suicidio es la principal
causa de muerte entre las mujeres de 30 a 34 años”,
que pasa inadvertida en el frenesí de la inmediatez de la
política contemporánea. Esa mala política que
se acaba en el ejercicio de su propia manifestación y que,
por tanto, no entiende de derechos fundamentales ni de proyectos
a largo plazo.
Pero no culpemos sólo a nuestros políticos, por infames
que estos nos puedan parecer, pues al fin y al cabo no son otra
cosa que nuestro propio reflejo hecho público. No son otra
cosa que nosotros mismos con poder.
El estudio continúa y afirma que la causa del suicidio radica
en la depresión que produce el hecho de intentar vivir la
feminidad en un mundo de exigencias masculinas.
Finalmente se cierra la noticia constatando, que una de cada tres
mujeres (de un total de 1600) pide ayuda al médico por ser
víctima de violencia doméstica.
Y seguimos mirando hacia otro lado, como si no fuese con nosotros,
ignorando el silencio trágico que rodea a todas las víctimas
de maltrato, cuya presencia se manifiesta a través de titulares
necrológicos en las noticias, frías estadísticas
anuales y efímeros proyectos políticos que sólo
aparecen en período electoral: ¡Una mujer, un voto!
¿Cuántos votos vale una mujer víctima de violencia
de género?
Por desgracia nada de esto me es ajeno. Son ya 16 años estudiando
el fenómeno de la violencia doméstica, y todo lo que
está ocurriendo era previsible y por desgracia irá
a peor.
Las mujeres siguen sin tener historia, sólo se les reconoce
el cuerpo y éste está encadenado a unos valores de
dominación masculinos que sirven de referencia y ante los
que sólo cabe la sumisión, o por lo que vemos, también
el suicidio.
Los problemas derivados de la condición femenina en la sociedad
siguen sin ser (re)conocidos: ni por hombres, ni por mujeres; ni
por jóvenes, ni por mayores. ¿Cómo solucionar
un problema que “no existe”?
Y aún así, no le importa a nadie más allá
del espectáculo sangriento de la noticia.
¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo cómplices
de tantas muertes y sufrimiento?
Como ciudadano, como hombre, como persona, como sujeto ético
y político quiero exigiros que hagáis de la causa
de la defensa de la mujer una causa ética y política
propia. Pediros que con vuestro esfuerzo diario exijáis a
los órganos competentes, a las administraciones locales,
regionales y nacionales; a los políticos de todas las siglas,
que también hagan de esta causa una exigencia ética
y política de largo recorrido.
Porque la muerte de una sola mujer a causa de la violencia doméstica
(o de género), debe hacer que sintamos una vergüenza
atroz; una necesidad imperiosa de exigirnos justicia para todas
las mujeres, más allá del acto concreto.
Porque la cuestión femenina es un asunto de Estado. ¿Cuándo
vamos a asumirlo? ¿Cuándo se lo vamos a exigir a nuestros
políticos?
Para terminar, un breve recuerdo emocionado y beligerante para todas
aquellas mujeres que no pueden estar hoy con nosotros, porque han
sido asesinadas o han muerto en el ejercicio de su propia condición
femenina.
Tan sólo, CINCO SEGUNDOS de silencio.
Muchas gracias y recordad que con nuestro compromiso y nuestras
exigencias otro mundo sí es posible.
Va por todas vosotras”. .
Javier Ortega Cañavate. Doctor
en Filosofía, miembro de Foro Ciudadano.
Autor del Blog
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