DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

MUJERES

"ESTE OTRO MAYO" ALICIA POZA
(La Opinión, 17-5-2008)

Alicia PozaMayo de 2008, cuarenta años después de aquel otro mítico mayo en el que la vida de las sociedades desarrolladas se puso patas arriba. Los principios de autoridad que durante siglos habían funcionado, fueron cuestionados. Yo seguí los acontecimientos a través de la tele, no tenía edad para hacer otra cosa. En blanco y negro veía desfilar ante mí imágenes de chicos y chicas corriendo delante de la policía o parapetados detrás de las barricadas de adoquines. No viví el 68, pero crecí bajo su influencia.

Cabellos largos y ropas de vivos colores, protestas contra la guerra, rebelión contra el poder de los padres, de las costumbres, del Estado, de la ley. En aquel mayo del 68, la liberación personal y la liberación social se dieron la mano. En la segunda mitad de los sesenta y a lo largo de los setenta, surgieron con fuerza multitud de movimientos sociales: estudiantes, pacifistas, ecologistas, feministas, homosexuales, etc. Mayo del 68 quiso crear una nueva sociedad más justa, abierta y creativa, donde fuera posible la libertad sexual y un trato más cercano entre mujeres y hombres, padres e hijos, profesores y alumnos, patronos y empleados, políticos y ciudadanos. Se buscaba una ruptura total con las jerarquías tradicionales. Para los jóvenes del 68, el viejo mundo ya no se sostenía.

Fue un gran movimiento contracultural, que se nutrió de muchas fuentes: la lucha contra la guerra del Vietnam y la segregación racial en Estados Unidos, la primavera de Praga y otras formas de disidencia en los países comunistas, las comunas hippies,…. Indudablemente, consiguió que comenzaran a cambiar las formas de vida. Así nos lo recuerda Daniel Cohn Bendit, uno de sus líderes y hoy parlamentario europeo. Se pusieron en cuestión las viejas formas de lo político, tanto en el Este como en el Oeste. Se rechazó al mismo tiempo el autoritarismo y el consumismo. Fue un movimiento espontáneo, abierto, alegre y radical (“Sed realistas, pedid lo imposible”), que cogió por sorpresa a todo el mundo y que reclamaba abiertamente la democracia participativa.

Mientras en Francia, Alemania y Estados Unidos se luchaba por cambiar la sociedad, en España se luchaba por conseguir el fin de la dictadura y el reconocimiento de las libertades individuales y políticas. Muchas cosas nunca volverán a ser lo que eran antes de mayo del 68. Aunque a veces parece que damos pasos hacia atrás, porque nada se consigue de manera definitiva. Y sobre todo en lo que toca a los derechos de las mujeres.

Desde los años sesenta, las feministas exigieron el final del patriarcado y el derecho de las mujeres a tomar la palabra y a decidir libremente sobre su propia vida. Con mucho coraje y mucho esfuerzo, consiguieron poner en cuestión costumbres y prejuicios ancestrales.

Cuarenta años después, las mujeres jóvenes se han encontrado con un reconocimiento que no se había dado en dos mil años de historia. Era difícil ser mujer en una sociedad en la que no existíamos más que como esposas, madres o hijas, pero gracias a aquellas heroínas de los 60 y 70, las mujeres fuimos conquistando la autonomía. A partir de los sucesos del 68, la concepción de la mujer como “sexo débil”, sometido a la autoridad masculina, estalló en pedazos. Las feministas rechazaron la idea de estar destinadas al cuidado de lo doméstico.

La liberación sexual de las mujeres llegó con la píldora anticonceptiva y con la reivindicación del derecho al placer, a la independencia, al estudio, a la creación, al juego. Aún recuerdo las campañas en favor del divorcio, el derecho al aborto, la igualdad de salarios y la no discriminación por razones de sexo. El que fue entonces uno de los principales caballos de batalla del feminismo, la interrupción voluntaria del embarazo, sigue siéndolo todavía hoy. La interrupción voluntaria del embarazo es crucial para el feminismo, porque supone el reconocimiento de que las mujeres tenemos el derecho de elegir, el derecho a tener el control sobre nuestro propio cuerpo, sobre nuestra sexualidad y nuestra fecundidad. Cuarenta años después de aquel mayo, vuelve a ser necesario que las mujeres salgamos a la calle para reclamar este derecho. Y eso a pesar de que fue reconocido en 1994, en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo, ratificado en 1995 en la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres de Beijing, y en 2008 por el Consejo de Europa.

En estos primeros años del siglo XXI, vuelven a oírse voces recalcitrantes en contra de nuestros derechos como mujeres. La jerarquía católica vuelve a tachar de asesinas a las mujeres que interrumpen libremente su embarazo. Y vuelve a descalificar a gays y lesbianas. Y de nuevo se empeña en imponernos a todos una idea de familia tradicional que fue cuestionada hace ya cuarenta años precisamente por la juventud del 68.

Aunque parezca increíble, a estas alturas hemos de seguir exigiendo la plena despenalización del aborto, el derecho a realizarlo de manera libre y gratuita en la sanidad pública, la necesidad de una educación sexual y afectiva y la autonomía del Estado democrático con respecto a todo credo religioso. Las feministas llevamos muchos años luchando por una sociedad libre, abierta e igualitaria, y vamos a seguir haciéndolo. El mensaje del 68 sigue vivo y ahora es necesario volver a recordarlo.

Alicia Poza Sebastián, miembro de la Comisión 8 de Marzo,
del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
y del Secretariado de STERM-La intersindical

 

 
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