DOCUMENTOS - ARTÍCULOS DE OPINIÓN

MUJERES

"Otro 25 de noviembre"
Javier Ortega Cañavate

(La Opinión, 20-11-2008)

Ha pasado ya casi un año y volvemos a tener el 25 de noviembre a la vuelta de la esquina, y antes de que las autoridades competentes se llenen la boca de autorizadas incompetencias, quisiera adelantarme e invitarles a reflexionar.

¿Qué tenemos que celebrar?

- Un Ministerio de Igualdad que da palos de ciego discutiendo sobre el sexo de las palabras. Un Instituto de la Mujer de la Región que se descuelga en septiembre con artificios inviables en los institutos. Un Observatorio Contra la Violencia Doméstica que ahora reconoce la dimensión estructural de la violencia doméstica. Y una Ley Integral que sólo se aplica parcialmente y con pocos recursos.

Y mientras nuestras autoridades nacionales y autonómicas se regodean en su inoperancia, la norepinefrina sigue operando en nuestro organismo y la oxitocina continúa circulando por el riego sanguíneo. Demasiados modelos mitológicos permanecen colgando del deseo y los intereses económicos, religiosos y políticos que se alimentan de la violencia doméstica, siguen lastrando nuestras conductas…

En pleno S XXI qué poco sabemos de nosotros como individuos y como comunidad. Y mientras el estado de la cuestión continúa así, en el mismo punto que hace milenios, nos ponemos a discutir cuestiones baldías acerca de “miembras” y miembros.

Pero no hay problema… ¿Cuántas van ya, 60? (sólo contamos las muertes, además sólo las producidas en las relaciones de pareja, y por supuesto nada de madres e hijos que mueren durante el feminicidio conyugal). Pero tenemos que estar contentos, puesto que el año pasado a estas alturas había 64 asesinadas. Y el anterior 61. ¿Y en el 2005? 51… Pero no caigamos en el derrotismo ¿verdad? Celebremos que ¿sólo hay? 60 muertas y sigamos yendo a lo importante: las “miembros” y los “miembras”.

Ya puestos somos más democráticos y menos sexistas que hace unos años. Y para colmo de la tragedia hay voces autorizadas, la de nuestro presidente del gobierno (ambos con minúscula), que afirman que es una forma de abrir un debate en la so(u)ciedad (29 de junio de 2008. Suplemento del País).

¿Me quieren explicar ustedes qué debate hay que abrir? ¿Me están diciendo que todavía tenemos que negociar, debatir, escurrir y emborronar el estatuto de la mujer en la sociedad como sujeto pleno de derechos?

Yo pensaba, en mi ignorancia, que ya estábamos en el tiempo de las acciones, que nos habíamos situado ya a ras de suelo y no a vuelo de Real Academia. De ahí lo del ministerio de igualdad (hoy también con minúscula) y la Ley Integral, pero ya veo que empieza a ser más humo que fuego (lo del ministerio), mientras que lo de la Ley… sólo se aplica a la protección y la persecución, pero no a la prevención.

Ya dije en un artículo anterior que le daba un voto de confianza al nuevo Ministerio, y quiero mantenerlo, aunque debo decirle a la ministra (con toda humildad), que el problema de la violencia doméstica (que es el del dominio de los valores masculinos) es ESTRUCTURAL y, por lo tanto, necesita de medidas del mismo nivel que ayuden a solucionarlo, o al menos paliarlo.

Si es necesario cambie de asesores, pero no convierta el problema de la igualdad en un circo, porque en estas pistas las atracciones son siempre fatales. Hay que tener paciencia y saber muy bien qué se quiere hacer y por qué.

Y valgan, de paso, estas mismas palabras para la Directora del Instituto de la Mujer de la Región de Murcia, a propósito del Programa Educativo para la prevención de la violencia de pareja.

¿De verdad cree que es tan sencillo? ¿Es ignorancia o son malos asesores? ¿Han comprobado los datos da aplicación de este programa en la Comunidad de Canarias?

Llevo varios años trabajando con alumnado. Varios años (investigando) en los que han leído historias, visto documentales, películas, power-point. Han discutido, peleado, contestado, argumentado, etc. Y lo siento, pero por desgracia, la cuestión no se puede reducir a un “taller de literatura”: 12 sesiones para ¿combatir el maltrato?; para que los alumnos generen ¿autoconceptos?; para que conozcan ¿los valores de uno mismo? y su cuerpo con ¿las intuiciones?; para que las chicas ¿sepan no implicarse? (Extraídas del propio programa). Puro artificio: no es endógeno, no es pionero, no se puede aplicar en los Institutos, los resultados son escasos y de corto alcance y, para colmo, con un curso de 4 horas (12 horas menos) se consiguen los mismos efectos. ¡Menudo festín!

Les guste o no, y esto va para las dos, la lucha por la igualdad no pasa por publicitarse, ni por abrir debates, sino por desarticular y combatir las estructuras complementarias (dominio/sumisión), sobre las que se configuran nuestros modos de sentirnos y pensarnos en el interior de las relaciones familiares.

Es así de largo y así de complicado. Una ardua tarea en la que se deben implicar todas las instituciones en una labor conjunta y constante, con programas de tratamiento ordinario y no talleres.

Y, por cierto, según el baremo de septiembre de 2008, sólo el 2,1% de la población española reconoce el problema de la violencia doméstica como uno de los tres más importantes de España, y sólo el 0,2% reconoce que ser mujer en esta sociedad conlleva problemas específicos. Además las mujeres siguen cobrando entre un 15 y un 20% menos de salario, sólo ocupan una ínfima parte de los organismos de poder económico y político y continúan con doble jornada laboral (dentro y fuera del hogar)…

Saquen sus propias conclusiones…

Javier Ortega Cañavate. Doctor en Filosofía, miembro de Foro Ciudadano.
Autor del Blog
LA SOLEDAD DE MAE

 

 
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