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SITUACIÓN
POLÍTICA EN LA REGIÓN DE MURCIA (mayo de 2004) |
FORO CIUDADANO DE LA REGIÓN DE MURCIA (Manifiesto aprobado
en la Asamblea del 15 de mayo de 2004)
I. EL CAMBIO
POLÍTICO EN ESPAÑA
Las elecciones generales del 14 de marzo de
2004 han provocado un vuelco político en España, poniendo
fin a ocho años de gobierno del PP y permitiendo al PSOE
hacerse de nuevo con la mayoría suficiente para gobernar
en solitario. La pérdida de la mayoría absoluta por
parte del PP parecía bastante probable, sobre todo tras el
resultado de las elecciones municipales de 2003 (que dieron mayoría
de votos al PSOE) y tras la victoria del tripartito en Cataluña
(que abrió un nuevo ciclo político en esta comunidad,
gobernada por CiU desde la transición). Pero, tras la victoria
del PP en la comunidad de Madrid y tras la dimisión de Carod
Rovira por su entrevista con ETA, nadie esperaba que el PSOE obtuviera
en el Congreso 16 diputados más que el PP y se quedara a
sólo 12 de la mayoría absoluta. El atentado terrorista
del 11-M y el modo en que fue utilizado por Aznar, fueron sin duda
un acicate para el aumento de la participación electoral
y para el voto de castigo contra el PP, acentuando así una
voluntad de cambio político que se había ido extendiendo
en los dos últimos años (al menos, desde la huelga
general del 20 de junio de 2002) y que ya se reflejaba en las encuestas
preelectorales.
Es muy importante que la derrota del PP haya
sido tan rotunda e inequívoca, y que se haya producido con
una participación de casi nueve puntos por encima de las
anteriores elecciones generales. El PP ha pasado directamente de
la mayoría absoluta a la oposición, cosa que no había
ocurrido en toda la historia de nuestra democracia. Eso indica que
el rechazo del pueblo español hacia el gobierno del PP, y
en especial hacia su política autoritaria, belicista, manipuladora
y cínica, ha sido muy firme y muy claro.
También hay que destacar el enorme éxito
que Zapatero ha conseguido para el PSOE: casi 11 millones de votos,
3 más que en las elecciones anteriores. Esta victoria le
ha proporcionado una gran autoridad moral, no sólo dentro
de su partido sino también ante el conjunto de las fuerzas
políticas parlamentarias, ante la opinión pública
española y ante los demás gobiernos extranjeros. Con
esta autoridad moral, le será más fácil cumplir
sus compromisos electorales y obtener de un PP debilitado los grandes
acuerdos de Estado (en la reforma de la Constitución y de
los estatutos autonómicos, en política exterior, en
política de inmigración, etc.) que Aznar le ha venido
negando al PSOE y al resto de la oposición.
Este cambio de ciclo político no sólo
va a tener grandes consecuencias en la política interna de
nuestro país, sino que también va a modificar la relación
de fuerzas a escala internacional, tanto en el seno de la Unión
Europea como en la relación de España con Estados
Unidos, Latinoamérica y los países árabes y
musulmanes. De hecho, la primera decisión del nuevo presidente
ha sido ordenar el regreso inmediato de las tropas españolas
en Iraq, como había venido prometiendo desde el inicio de
la ocupación, y como había venido exigiendo la inmensa
mayoría del pueblo español. Esta retirada debilita
la política belicista mantenida por Estados Unidos y Gran
Bretaña, y refuerza en cambio el papel de la ONU.
Pero la victoria de Zapatero y del PSOE tiene
dos claros correctivos. En primer lugar, Zapatero y el PSOE han
atraído mucho voto útil procedente de IU, de Los Verdes,
de los desengañados abstencionistas de izquierdas y de los
jóvenes que votaban por vez primera, porque el objetivo prioritario
de todos ellos era derrotar sin paliativos al PP y apoyar un gran
cambio político en España. Esto ha perjudicado de
forma muy grave e injusta a Izquierda Unida, castigada ya por una
ley electoral que beneficia desproporcionadamente a los partidos
mayoritarios y a los que concentran su voto en unas pocas circunscripciones.
El PSOE debería valorar adecuadamente todas estas circunstancias,
tener muy presente el “no nos falles” que los jóvenes
le exigieron a Zapatero, mostrarse generoso y agradecido hacia el
sector de la izquierda crítica representado por IU, buscar
la colaboración y el apoyo de esta fuerza política,
abrir cauces efectivos de participación ciudadana, tender
puentes de diálogo con los nuevos movimientos sociales y
plantearse una reforma de la ley electoral que incluya toda una
serie de medidas de profundización de la democracia, como
la paridad entre hombres y mujeres, los debates electorales en los
medios de comunicación y una más justa fórmula
de proporcionalidad en la representación parlamentaria de
los diferentes partidos políticos.
El segundo correctivo de la victoria del PSOE
es que no ha obtenido la mayoría absoluta, por lo que ha
de contar con el apoyo de otras fuerzas políticas para gobernar:
Izquierda Verde (IU e IC-Verds) y los partidos nacionalistas (CiU,
ER, PNV, CC, BNG, ChA, EA, NaBai). Esto le obligará a afrontar
el diálogo territorial y la reforma constitucional y estatutaria,
bloqueados hasta ahora por el PP. Para los grandes pactos de Estado,
tendrá que contar, además, con el propio PP. Y es
bueno que así sea. El pueblo español ha demostrado
que no quiere más mayorías absolutas y centralistas,
sino un gobierno que respete la pluralidad ideológica y territorial
de este país, y que gobierne mediante la negociación,
el diálogo y el acuerdo. Porque respetar la pluralidad y
buscar el acuerdo no es un signo de debilidad, como ha pretendido
el PP, sino todo lo contrario: es una demostración de talante
democrático y de grandeza política. El PSOE tendrá
que gobernar mediante una continua política de pactos en
todos los grandes asuntos de Estado, pero no parece que sea una
tarea imposible, porque el autoritarismo de Aznar había conseguido
ya unir a toda la oposición y a una amplia mayoría
de la opinión pública en muchos de estos asuntos.
II. LA CONTINUIDAD
POLÍTICA EN LA REGIÓN DE MURCIA
Sin embargo, en este contexto general de cambio
político, destaca la situación excepcional de la Región
de Murcia, caracterizada por la continuidad e incluso la consolidación
política del PP. Desde que ganó las elecciones autonómicas
en 1995, el PP no sólo ha estado gobernando con mayoría
absoluta, sino que en las sucesivas convocatorias electorales ha
ido aumentando su ventaja con respecto al principal partido de la
oposición, llegando a obtener en las autonómicas de
2003 el 56,66% de los votos emitidos, frente al 34,11% del PSOE.
Si se mantuviera esta tendencia, el PP podría llegar a doblar
en votos a su más inmediato adversario en las autonómicas
de 2007. Además, en las elecciones municipales que se celebraron
al mismo tiempo que las autonómicas, el PP también
incrementó su ventaja con respecto al PSOE en casi todos
los ayuntamientos, arrebató varios de ellos a la izquierda
y borró a IU del ayuntamiento de Murcia. Con estos resultados
autonómicos y municipales, la Región de Murcia es
desde el pasado 2003 la comunidad autónoma políticamente
más conservadora de toda España.
Parecía que en las elecciones generales
del 14 de marzo de 2004 iba a producirse un ligero retroceso del
PP en nuestra Región, en consonancia con el clima general
de cambio político, pero no ha sido así. El PP ha
perdido escaños en casi todas las autonomías, incluso
en las que gobierna con mayoría absoluta, como Galicia o
el País Valenciano, pero las ciudades de Ceuta y Melilla
y la comunidad autónoma de la Región de Murcia han
sido la excepción a la regla. Somos la única comunidad
autónoma de toda España en la que el PP conserva e
incluso aumenta su ventaja sobre el PSOE, al que dobla en escaños
(6 contra 3) y al que supera en votos en 41 de los 45 municipios
de la Región, obteniendo el 57,5% del total regional. Aunque
los murcianos estábamos convocados para elegir al nuevo gobierno
de España, nosotros no hemos castigado con nuestro voto la
política autoritaria, belicista, manipuladora y cínica
del gobierno Aznar. En esta Región no ha tenido el más
mínimo efecto electoral la huelga del 20-J, ni la catástrofe
del Prestige, ni la invasión de Iraq, ni las mentiras del
11-M. Esto indica hasta qué punto la Región de Murcia
constituye una anomalía política en el conjunto de
la democracia española y cuánto es el trabajo que
le queda por hacer a la izquierda murciana.
Es cierto que el cambio de ciclo político
a escala nacional puede acabar provocando, al menos, un cambio de
clima político también a escala regional. El llamado
fenómeno de la “cohabitación” puede tener
efectos positivos a corto y medio plazo. Para empezar, ya no va
a realizarse el trasvase del Ebro, que había sido convertido
por el gobierno Valcárcel en el buque insignia de toda su
política regional, en la principal seña de identidad
de la “murcianía”, en la bandera con la que tapar
todas sus vergüenzas y en el látigo con el que fustigar
a toda la izquierda política y social; en cuanto a las otras
grandes infraestructuras públicas, en torno a las cuales
ha vertebrado su programa de gobierno (AVE, aeropuerto, autopista
Cartagena-Vera, etc.), tendrá que replantearlas al nuevo
gobierno de Zapatero. A esto hay que añadir los cambios de
cargos y de políticas en la delegación del gobierno,
en la confederación hidrográfica, en el centro territorial
de RTVE, y otros muchos cambios a escala nacional (en educación,
vivienda, inmigración, etc.) que pueden acabar minando la
hegemonía regional del PP. Sin embargo, la izquierda murciana
no puede limitarse a esperar con los brazos cruzados que sea el
gobierno central quien acabe con la excepcionalidad política
de la Región; al contrario, debe iniciar una muy seria labor
de reflexión, de debate, de autocrítica y de renovación
profunda, porque ella misma forma parte de la anomalía política
contra la que hay que combatir.
III. LAS CAUSAS DE LA
EXCEPCIÓN POLÍTICA MURCIANA
Ante todo, hay que comenzar por analizar las
causas que explican el profundo conservadurismo de la Región
de Murcia y su excepcionalidad política en el cambio de ciclo
que se ha iniciado tras el 14 de marzo de 2004. Hemos de diferenciar
claramente tres tipos de causas.
En primer lugar, hay toda una serie de condiciones
sociales y de tradiciones culturales heredadas del pasado, y en
particular de la época franquista, que explican el arraigado
conservadurismo de los murcianos. Hasta hace apenas veinte años,
en la Región de Murcia prevalecían las pequeñas
y medianas explotaciones agrarias, sea en propiedad o en aparcería,
con un sector exportador reducido, un alto porcentaje de la población
activa viviendo directa o indirectamente de la agricultura, muchos
jornaleros sin empleo condenados a emigrar, unas tasas de analfabetismo
adulto muy altas, una cultura cívica muy escasa, una identidad
regional prácticamente nula y una vertebración social
dominada por el clericalismo católico y el clientelismo caciquil.
Aunque se han producido muchos y muy profundos cambios desde la
aprobación de la Constitución (1978), la creación
de la Comunidad Autónoma (1984) y el ingreso en la Unión
Europea (1986), el peso social y cultural del pasado sigue siendo
muy fuerte, no sólo en el terreno de las tradiciones folclóricas
y religiosas, que han sido reavivadas en los últimos años,
sino también en el comportamiento caciquil que sigue predominando
en una gran parte de la clase política y empresarial de la
Región.
Esta herencia histórica explica que,
tras veinte años de autonomía, no se haya consolidado
entre los murcianos un claro sentimiento de pertenencia a una comunidad
política regional, ni una participación informada
y activa en los asuntos públicos. Los ámbitos privilegiados
de identificación siguen siendo la pequeña localidad
y la nación española en su conjunto. Según
datos del CIS relativos a 2003, los murcianos son los españoles
que menos valoran el Estado de las autonomías y los que manifiestan
el sentimiento regionalista más bajo: 2,5 en una escala de
1 a 10, donde 1 es el mínimo regionalismo; el resto de comunidades
pasan del 5 (excepto Castilla y León, con 4,75), y siete
de ellas pasan del 7; por el contrario, los murcianos son los más
identificados con el Estado unitario y centralista (un 15% desean,
incluso, un menor grado de autonomía). En cuanto al grado
de información y participación en los asuntos públicos,
que es un indicador fundamental de cultura democrática, los
datos del CIS relativos a 1998 muestran que también en esto
los murcianos se encuentran muy por debajo de la media española:
unas tres cuartas partes de la población (diez puntos más
que la media nacional) confiesa no estar informada de los asuntos
públicos (tanto autonómicos como locales).
Dada esta escasa conciencia autonómica
y esta falta de cultura democrática por parte de los murcianos,
no es de extrañar que los sucesivos gobiernos de la Región
hayan sido, hasta ahora, del mismo signo político que los
gobiernos centrales: sucedió primero con el PSOE y ha sucedido
después con el PP; ni es de extrañar que uno y otro
partido hayan gobernado con una holgada mayoría absoluta
y hayan promovido un régimen de partido cuasi-único.
Sin embargo, esta situación se ha agravado desde que el gobierno
regional y gran parte de los gobiernos municipales están
en manos del PP, hasta el punto de convertir a la Región
de Murcia en la comunidad más conservadora de toda España.
En efecto, el segundo conjunto de causas que
explican el conservadurismo de la Región de Murcia tienen
que ver con el tipo de políticas que ha llevado a cabo el
PP desde que llegó al gobierno regional en 1995, y con el
apoyo social que ha conseguido obtener gracias a ellas.
En la última década, la estructura
económica y social de la Región se ha visto profundamente
transformada: por un lado, se han multiplicado las grandes plantaciones
horto-frutícolas bajo plástico (con los sectores asociados
del envasado y la exportación) y las grandes promociones
y construcciones urbanísticas (con los sectores asociados
del turismo y la hostelería), en las que participan no sólo
empresas locales y regionales sino también nacionales y multinacionales;
por otro lado, este nuevo modelo de desarrollo ha generado crecimiento
y empleo a corto plazo, pero es completamente insostenible a medio
y largo plazo, porque se sustenta sobre aportes hídricos
externos (el trasvase del Tajo), sobre el expolio intensivo del
patrimonio natural y cultural (las aguas, los montes, la huerta,
el litoral) y sobre la explotación masiva de una mano de
obra precaria e irregular (mayoritaria entre los jóvenes,
las mujeres, los obreros poco cualificados y los inmigrantes extracomunitarios).
La Región de Murcia es la comunidad autónoma
española que ha demostrado un mayor desprecio hacia su propio
patrimonio natural y cultural, hasta el punto de convertir casi
todo su territorio, en el interior y en el litoral (incluidas las
15.000 hectáreas de espacios naturales desprotegidas por
la Ley del Suelo regional), primero en suelo regable y después
en solar urbanizable. Asimismo, es una de las comunidades españolas
con las rentas familiares más bajas, con casi dos tercios
de las familias que tienen dificultades para llegar a fin de mes,
y con las tasas más altas de economía sumergida, de
paro femenino, de empleo precario y de inmigrantes extracomunitarios
explotados y segregados.
El PP ha conseguido imponer este modelo de desarrollo
económico y de discriminación social mediante la combinación
de varios mecanismos:
- Un poder institucional hegemónico
y prepotente, tanto en las instituciones autonómicas como
en la mayoría de los ayuntamientos, que no sólo
ha dejado fuera de juego a los demás partidos sino que
también ha bloqueado cualquier clase de participación
ciudadana.
- Un régimen de lealtades abiertamente clientelar y corrupto,
en el que todas las ilegalidades se legalizan a cambio de dinero
y de apoyo político. Esto ha sido especialmente notorio
en el caso de los regadíos ilegales y de las recalificaciones
urbanísticas.
- Una política autoritaria y mafiosa, en la que se amenaza,
silencia y castiga cualquier clase de crítica y de disidencia.
Esto ha sido bastante efectivo en una región donde la precariedad
laboral es tan alta y genera tanta inseguridad existencial y tanto
conformismo político.
- Una recuperación del nacionalcatolicismo franquista,
mediante la promoción de todo tipo de actividades, asociaciones
e instituciones confesionales: fiestas patronales, años
jubilares, cofradías procesionales, asociaciones neocatecumenales,
religión en las escuelas, UCAM, etc.
- Una política educativa segregadora, que favorece a los
centros concertados, para acoger en ellos a los hijos de las familias
acomodadas, y en cambio descuida a los centros públicos,
donde se concentran los hijos de los inmigrantes y los alumnos
con dificultades especiales.
- Un control casi absoluto de todos los medios de comunicación
públicos (TVE, RNE y Onda Regional) y privados (incluidas
las radios y televisiones locales "alegales”, a las
que se otorgan subvenciones encubiertas y campañas publicitarias),
con algunas pocas y honrosas excepciones. Esto ha sido especialmente
eficaz en una región con un analfabetismo adulto tan alto
y con una cultura cívica tan baja.
- Una auténtica cruzada en defensa del trasvase del Ebro,
que ha sido convertido en la gran panacea del desarrollo regional,
en la bandera distintiva de la “murcianía”
(contra aragoneses, catalanes, europeos, ecologistas y demás
“antimurcianos”) y en la mordaza con la que acallar
todas las críticas de la oposición política
y social. Sin embargo, conviene recordar que, en 1990, el llamado
“problema del agua” era la mayor preocupación
sólo para el 0,4% de los ciudadanos de la Región,
según un estudio del Departamento de Sociología
de la UMU. El “nacionalismo hidráulico” ha
sido, pues, una invención reciente y exitosa.
- Una utilización hipócrita de los inmigrantes extracomunitarios
(que rondan ya, entre los regularizados y los “sin papeles”,
el 10% de la población murciana): se los explota económicamente,
se los segrega socialmente, se los excluye políticamente,
y, al mismo tiempo, se los convierte en chivo expiatorio de todos
los males sociales: delincuencia, paro, bajos salarios, deterioro
de la escuela pública, insuficiencia de los servicios sanitarios,
falta de viviendas sociales, etc. Esto ha sido especialmente eficaz
a la hora de rentabilizar políticamente, como ha ocurrido
en Totana, un racismo soterrado cada vez más extendido.
Sin embargo, ni las condiciones sociales heredadas
del pasado, ni las que el PP ha conseguido promover y aprovechar
desde 1995, son razones suficientes para explicar el profundo conservadurismo
de la Región de Murcia y su situación de excepcionalidad
política tras las elecciones generales del 14 de marzo. Es
necesario tener en cuenta un tercer tipo de causas, que tienen que
ver con los errores que ha venido acumulando la izquierda murciana
en los últimos años.
El primer error y la primera debilidad de la
izquierda murciana son sus profundas divisiones internas, y por
tanto su incapacidad para debatir entre sí y para actuar
de forma mínimamente coordinada:
- En primer lugar, la dificultad que tienen
tanto el PSRM-PSOE como IU-RM para aceptar la pluralidad en su
seno, mantener debates internos y llegar a acuerdos democráticos
que integren a las distintas corrientes en torno a un proyecto
político común, un proyecto sustentado sobre los
valores de la izquierda y sobre el trabajo colectivo de los militantes
más capacitados, y no sobre las ambiciones, enemistades
y componendas personales entre tales o cuales facciones que patrimonializan
el partido y actúan como una auténtica oligarquía
organizativa. Así, el PSOE murciano se ha destacado siempre
por sus luchas internas y por derribar uno tras otro a sus propios
presidentes autonómicos, mientras que la IU murciana se
ha destacado por las sucesivas exclusiones de disidentes, practicadas
siempre por el mismo núcleo duro de dirigentes del PCE.
- En segundo lugar, la división entre unos partidos políticos
y otros. Por un lado, la división entre el PSRM-PSOE e
IU-RM, de la que son responsables ambos: es responsable el PSOE,
por la política de prepotencia que practicó en el
pasado, cuando gobernaba la Región con mayoría absoluta
(de aquella época es heredera una ley electoral que ahora
favorece al PP y que siempre ha castigado a IU, hasta el punto
de reducir al mínimo su representación en la Asamblea
Regional), una prepotencia que sigue demostrando en casi todos
los ayuntamientos donde gobierna (es paradigmático el caso
de Lorca), en contraste con la colaboración mantenida en
otras comunidades (como Cataluña) y apoyada por el propio
Zapatero; y es responsable IU, por la política de la “pinza”
que defendió en el pasado (a escala nacional y a escala
municipal, aunque ahora sólo queda en la Región
el caso de Moratalla) y por el apoyo que Madrazo ha venido dando
a la estrategia soberanista del nacionalismo vasco (primero con
el pacto de Lizarra y después con el pacto de gobierno
y con el plan Ibarretxe), mientras los militantes y cargos electos
del PSOE y del PP son asesinados por ETA. Por otro lado, la división
entre estos dos partidos (IU-RM y PSRM-PSOE) y Los Verdes, de
la que son responsables unos y otros: aquéllos, por no
tomarse suficientemente en serio el necesario giro ecológico
de la izquierda (como ha hecho IC-V en Cataluña y como
ha hecho el PSOE a escala nacional, al suscribir un pacto electoral
con Los Verdes); y éstos, por su oportunismo político
(pues sólo aparecen en períodos electorales, no
mantienen una línea común con el resto de Los Verdes
españoles, y ni siquiera se coordinan con los grupos ecologistas
de la Región).
- En tercer lugar, la división entre la izquierda política
y la izquierda sindical, así como la división en
el seno de esta última. Los grandes sindicatos UGT y CCOO
ya no son la "correa de transmisión" de los partidos
de izquierda, pero esta autonomía sindical no les ha impedido
mostrarse excesivamente complacientes con el PP (sobre todo en
nuestra Región, como lo prueba el apoyo que han venido
prestando a la cruzada por el trasvase del Ebro, hasta que el
nuevo ciclo político les ha obligado a distanciarse de
ella). Esta excesiva complacencia con el PP ha generado fuertes
tensiones internas, sobre todo en el seno de CCOO (donde los sectores
críticos han obtenido el 42% de los votos en su último
congreso), y ha debilitado también la unidad de acción
entre ambos sindicatos. Además, tanto UGT como CCOO se
han burocratizado en exceso (debido a las cuantiosas subvenciones
públicas) y han mantenido sus cuotas de poder institucional
a costa de ignorar y ningunear al resto de sindicatos de izquierdas
(USO, STERM-La Intersindical, CGT y SIME).
- En cuarto lugar, en una región donde el sector agro-pecuario
tiene tanto peso económico y social, no se puede ignorar
la división existente entre las organizaciones sociales,
sindicales y políticas que se proclaman defensoras del
medio ambiente, de los inmigrantes extracomunitarios y de la solidaridad
Norte-Sur, y las organizaciones agrarias y ganaderas que se consideran
de izquierdas, como COAG-IR, pero cuyas posiciones chocan muy
a menudo con las de los ecologistas, las asociaciones de defensa
de los inmigrantes y las ONGs de ayuda al desarrollo.
- Y, por último, la división entre la vieja izquierda
política y sindical (sobre todo, la que cuenta con una
mayor representación y unas mayores cuotas de poder: PSOE,
UGT y CCOO) y la nueva izquierda social que ha venido surgiendo
y movilizándose muy activamente en los últimos años,
a través de distintas organizaciones y plataformas cívicas
de base (los grupos ecologistas, pacifistas y feministas, la Comisión
8 de Marzo, la Plataforma por la Defensa del Litoral, la plataforma
Desobedecer la Ley-Convivir sin Racismo, las ONGs de ayuda al
desarrollo, el Foro Ciudadano, el Foro Social, etc.). Las viejas
y burocratizadas organizaciones de la izquierda política
y sindical murciana tienen dificultades para acercarse a estos
nuevos movimientos sociales y establecer vías de colaboración
con ellos, a pesar de que éstos han abierto para la izquierda
un nuevo ciclo histórico de luchas emancipadoras, una nueva
forma de participación ciudadana y una nueva agenda de
objetivos: profundización de la democracia, justicia global,
pacificación y cooperación internacional, igualdad
entre mujeres y hombres, ciudadanía cosmopolita, sostenibilidad
ambiental, etc. A su vez, los nuevos movimientos sociales tienen
dificultades para reconocer que esa nueva agenda no puede llevarse
adelante sin implicar en ella a las viejas organizaciones de la
izquierda política y sindical, y también se muestran
reacios a establecer vías de colaboración con ellas.
Sin embargo, las responsabilidades no se distribuyen
por igual entre todos los sectores de la izquierda murciana, sino
que son proporcionales al poder efectivo que ejerce cada uno de
ellos. Por eso, el segundo gran error de la izquierda murciana hay
que achacárselo casi en exclusiva al PSOE, dado que ha ejercido
el gobierno de la Región hasta 1995, es ahora el principal
partido de la oposición en la Asamblea Regional, sigue siendo
el partido gobernante en varios municipios murcianos y ha recuperado
el gobierno de España desde el pasado 14 de marzo.
Ante la política autoritaria, incompetente
y corrupta practicada por el PP, en asuntos de tanta trascendencia
como el urbanismo, la vivienda, el transporte, el medio ambiente,
la gestión del agua, los regadíos ilegales, la precariedad
laboral, la inmigración, la educación pública,
las políticas de igualdad, etc., el PSOE murciano ha sido
incapaz de ejercer una oposición clara, firme y coherente,
basada en un proyecto alternativo de desarrollo regional. Y esta
incapacidad se debe a varios motivos:
- La ausencia de un grupo dirigente que reúna
a las personas más capacitadas del partido, que tenga firmes
convicciones de izquierdas, que las defienda públicamente
con claridad y coherencia, y que conecte con los sectores más
progresistas de la Región, como ha hecho Zapatero con el
conjunto de la ciudadanía española. Es especialmente
escandalosa la marginación que sufren las mujeres en los
órganos de dirección del PSRM-PSOE, a pesar de que
algunas han demostrado una gran valía, sobre todo cuando
Zapatero aplica la paridad en el gobierno de España.
- El retraso que sufre el PSOE regional con respecto a la renovación
política (de personas, de procedimientos y de proyectos)
experimentada por el PSOE nacional, en temas tan importantes como
la “nueva cultura del agua” (y la renuncia al trasvase
del Ebro), la integración social de los inmigrantes (y
la lucha contra el racismo), la igualdad entre mujeres y hombres
(incluida la paridad en los cargos públicos), la regeneración
democrática (y el fomento de la participación ciudadana),
la promoción de viviendas sociales (y el freno a la fiebre
urbano-turística), etc.
- La influencia que algunos alcaldes socialistas ejercen en el
PSOE regional, a pesar de mantener en sus ayuntamientos unas políticas
que poco difieren de las del PP, en asuntos como el urbanismo,
el medio ambiente, la inmigración, la participación
ciudadana, la privatización de la gestión de servicios
públicos básicos, etc. La connivencia con los constructores
no es exclusiva del PP, sino que también la practican algunos
alcaldes socialistas. En plena campaña electoral, el alcalde
de Los Alcázares ofreció al PP un pacto en la Asamblea
Regional para apoyar el modelo de desarrollo urbano-turístico
y de deterioro ecológico que este partido ha promovido
tanto en el litoral como en el interior.
- La falta de conexión de los dirigentes regionales del
PSOE con sus propios militantes y con el resto de los ciudadanos,
especialmente con los sectores sociales más comprometidos
de la izquierda social de la Región. De hecho, han sido
las diferentes organizaciones y plataformas cívicas de
la izquierda social (grupos ecologistas, plataformas de apoyo
a los inmigrantes, foros sociales, etc.) las que han venido protagonizando
en los últimos años la principal oposición
a las políticas conservadoras del PP y a las políticas
no muy diferentes de varios ayuntamientos del PSOE.
IV. PROPUESTAS PARA UN
CAMBIO POLÍTICO EN LA REGIÓN
Ante una hegemonía tan poderosa del PP
en la Región de Murcia, tanto en el gobierno regional como
en la mayoría de los ayuntamientos, no parece posible conseguir
un cambio de ciclo político si la izquierda regional no lleva
a cabo una profunda autocrítica y una no menos profunda renovación
de personas, de procedimientos y de proyectos.
- En primer lugar, es necesaria una profunda
renovación de personas en los puestos dirigentes, sobre
todo en los dos partidos políticos de la Región
que han sufrido reiterados fracasos electorales (PSOE e IU) y
que son los responsables directos de la debilidad política
en la que se encuentra la izquierda murciana.
- En segundo lugar, es necesaria una alianza estratégica
entre todos los actores de la izquierda murciana: partidos, sindicatos,
organizaciones agrarias y movimientos sociales. Esta alianza no
debe efectuarse sólo mediante acuerdos entre las cúpulas
dirigentes, sino también y sobre todo mediante el trabajo
conjunto y cotidiano en las bases.
- En tercer lugar, este trabajo conjunto sólo podrá
llevarse a cabo si se fomenta de forma sistemática el debate
plural y abierto, dentro de las organizaciones y entre unas organizaciones
y otras, con la mirada puesta no en las cuotas de poder de cada
cual sino en la unidad de acción y en el cambio político
regional.
- En cuarto lugar, un objetivo prioritario de esta alianza debe
ser la vertebración de un sólido tejido asociativo
que permita la participación activa de los ciudadanos,
tanto a escala local como a escala regional.
- Por último, esta unidad de acción debe tejerse
en torno a un programa concreto de objetivos compartidos. La izquierda
murciana debe debatir y acordar un proyecto común de cambio
político, económico, social y cultural para la Región
de Murcia.
En el informe promovido por el Foro Ciudadano
de la Región de Murcia y publicado en 2003 con el título
El otro estado de la Región, ya se apuntaron cuáles
podían ser las líneas generales de ese proyecto común:
- Adoptar un modelo diferente de desarrollo
económico, respetuoso con los recursos naturales y los
derechos de los trabajadores. Reducir el peso de la agricultura
y la construcción, limitar la presión ambiental
que ejercen estos sectores, proteger y promover el patrimonio
público (tanto natural como cultural), y potenciar otros
sectores económicos más innovadores (con una mayor
inversión en tecnología y en calidad medioambiental,
unos trabajadores más cualificados y una tasa de productividad
mucho mayor), a fin de conseguir un desarrollo económico
más equilibrado y más justo, en el contexto de un
mundo cada vez más globalizado. Para poner en marcha este
nuevo modelo de desarrollo regional, y para aprovechar el cambio
de ciclo político iniciado el pasado 14 de marzo, creemos
que la izquierda murciana debería promover urgentemente
dos iniciativas: en primer lugar, un gran pacto social por una
"nueva cultura del agua", que ponga al descubierto no
sólo las mentiras del PP en torno al PHN sino también
el expolio al que están siendo sometidos nuestros recursos
hídricos y naturales; en segundo lugar, un gran pacto social
para una ordenación y planificación sostenible del
territorio, del desarrollo urbano, de las infraestructuras públicas
y de los espacios naturales, con especial atención al municipio
de Murcia, en el que se concentra ya un tercio de la población
regional.
- Adoptar un plan de choque para acabar con todas las formas de
discriminación que sufren algunos sectores: las mujeres,
los jóvenes, los ancianos, los discapacitados, los homosexuales,
las clases socio-culturalmente más bajas y los inmigrantes
extracomunitarios. Este plan debe articular diversas políticas
sectoriales (familiares, educativas, laborales, asistenciales,
sanitarias, de vivienda, etc.), debe reconocer la diversidad de
las nuevas formas de convivencia, debe contar con la participación
de los propios colectivos afectados y debe garantizar la equidad,
la solidaridad, la tolerancia y la integración social de
todos los ciudadanos de la Región, con independencia de
su sexo, edad, estado físico, orientación sexual,
clase social y lugar de origen.
- Abrir de par en par las puertas y ventanas de la política
cultural. Sustituir el mal entendido localismo folclórico
por una verdadera política de protección del patrimonio
histórico, arqueológico y etnográfico, que
recupere también la memoria de la tradición republicana,
sepultada por el franquismo. Sustituir las actuaciones meramente
"espectaculares" por una política de promoción
de la cultura entre los ciudadanos, potenciando la red de archivos,
bibliotecas, museo, teatros y centros culturales, y apoyando todas
las iniciativas e innovaciones más creativas (en las artes
plásticas, escénicas, musicales y audiovisuales).
Sustituir el retorno al tradicionalismo católico por una
apertura al cosmopolitismo intercultural. Y, por último,
sustituir la descoordinación e imprevisión constantes
por un gran esfuerzo de colaboración institucional, participación
social y planificación estratégica.
- Emprender una profunda reforma legislativa del sistema político
regional, para corregir el grave déficit democrático
que padece. La Asamblea Regional debe tener una mayor representatividad,
un mayor pluralismo y una mayor capacidad de control del ejecutivo.
Además, hay que multiplicar los mecanismos de participación
ciudadana, en los municipios y en las instituciones autonómicas,
para que todos los ciudadanos puedan intervenir de forma directa
y activa en los asuntos públicos. Por último, hay
que garantizar la independencia y el pluralismo informativo de
los medios de comunicación públicos y privados,
mediante la democratización de su funcionamiento interno,
la transparencia en la política de subvenciones y el cumplimiento
del derecho de acceso a los medios por parte de las distintas
organizaciones ciudadanas de la Región.
En el manifiesto Ante las elecciones generales
del 14 de marzo de 2004, el Foro Ciudadano de la Región de
Murcia concretó algunos puntos de este proyecto común,
y exigió a todos los candidatos un compromiso con toda una
serie de objetivos políticos nacionales y regionales.
El cambio político que ha tenido lugar
en España nos permite esperar que muchos de los objetivos
políticos nacionales, o al menos algunos de ellos, puedan
llegar a cumplirse. En cambio, los objetivos políticos regionales
no podrán cumplirse mientras la izquierda murciana no emprenda
el camino de la renovación y de la unidad de acción.
El Foro Ciudadano de la Región de Murcia
invita y anima a las diversas organizaciones políticas, sindicales,
agrarias y sociales de la izquierda murciana, para que entre todas
emprendamos esta tarea y hagamos posible en nuestra Región
el cambio de ciclo político que ya se ha iniciado en el resto
de España.
Murcia, 15 de mayo de 2004
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