A LA ORILLA DE MAR, SARDINAS, GAZPACHOS EN "LA NIÑA DEL FUEGO"

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A LA ORILLA DEL MAR, SARDINAS. GAZPACHOS EN "LA NIÑA DEL FUEGO" A.M.ENDIQUE El primero fue un título del que me valí para publicar un reportaje que comprendía visistas a las playas del Mar Menor. Las debi a una amable invitación de mi buen amigo Antonio López Muñoz, del Cabezo de Torres y más conocido por “el Obispo”, y ya retirado de sus negocios taurinos. Se empeñó, en el verano de 1967, que comiéramos sardinas a la pancha, pero recién pescadas, y así lo hicimos. Frente al Carmolí, saboreándolas, el mar nos invitaba a reflexiones sobre negocios. Y así sucedió, Antonio, me hablaba de sus proyectos de sus pretensiones de comprar una finca que le habían ofrecido en Yecla, de más de cien hectáreas, ofertada en buenas condiciones de adquisición, y por la que suspiraba. Sin embargo, este sueño se ha cumplido, y para demostrarlo me ha invitado a una visita a la estancia campera. Efectivamente, llegamos a ella. Se encuentra a unos cinco kilómetros de Yecla; pero hay que adentrarse en un valle de secano, cruzando por una rambla de desagüe, que parte de Jumilla, y al este de un montículo. Al llegar a la casa donde yo, por lo menos, había de estar tres días, veo una placa de mármol, fija en su fachada, donde se lee: “Finca La Niña de Fuego, 1967”. He aquí por qué el segundo título de este reportaje. Y también porque en ella, a mediodía, comimos unos gazpachos riquísimos de los que he sentido mucho no traerme la fórmula, pero otra vez será. Como la de igualmente una cocción de gachasmigas, plato que tomamos en ayunas del día siguiente. ¡Qué gazpachos qué gachasmigas en “La nIña de Fuego”, que debe su nombre a que cuando “el Obispo” iba a hacerse cargo de ella vio arder unos rastrojales. Por la tarde, después de reposar del amplio condumio –me refiero a de los gazpachos-, vamos hasta unos terrenos plantados de olivares. Ya en ellos se recolecta, el preciado producto , y se calcula en unos 5.000 kilos de cosecha de esta parcela que visitamos. Los capataces, Pedro Martí nez Muñoz. Más conocido por Calero- y Francisco López-hijo de Antonio-, al frente de una cuadrilla de aceituneros, nos invitan a encanchar una buena bota de vino yeclano, exquisito, con el cual se fabrica un excelente vermut, cosa que muchos no saben. Pero todo no van a ser estancias camperas. Hay, por tanto, la obligada visita a la localidad, y ya en ella, Antnio me presenta a muchos de sus numerosos amigos Recuerdo a Salvador “El Tito”, y Andrés “El Roscao”, yque me hablan de secanos y regadíos. También a Palao Marco, quien me dice que en su tierra puede preciarse de ser la de Murcia en que se hala el mejor castellano.No quiero discutir, porque de esto tengo mis particulares apreciaciones. … Recorremos ls amplias avenidas y entramos en una casa particular, la de don Juan Azorín,que nos invita a una suculenta cena Su esposa y dos hijas se desviven en atenciones. Luego vamos a un café, especie de casinillo donde tengo la sorpresa de encontrarme al maestro “Acosta”•, al frente desus “Premiers”.Entre otras, y en nuestro honor, se interpreta “La Capitana” de a que somos autores los dos vecinos de la célebre calle Torre de Romo. Mientras tanto, veo un cartel en el que se lee algo sobre “peñas”, futbolísticas, y entonces recuerdo mi primera visita a Yecla, en octubre de 1928, cuando los pioneros de nuestro actual Imperial fueron a inaugurar el campo deportivo, en partido amistoso, juganto el C.D Hispania. Ganó el equipo carmelitano, por tres a uno Enrique,que más tarde jugó en el Murcia, y otros de categoría nacional, paró un “penalti” de antología. Yo iba como redactor deportivo, para el entonces “El Liberal”. Entre copa y copia de coñac, los industriales Soriano y Martínez, jóvenes que se dedican a muebles tapizados que hablan de sus deseos, los que se van cumpliendo poco a poco a fuerza de trabajar intensamente, y quieren que me queda algún día más, por lo menos hasta el próximo domingo, para que en su libertad de trabajo visitemos el monte Arabí, con pinturas rupestres; la loma de la Magdalena, con su monasterio franciscano, y otros monumentos; pero yo no puedo hacerlo, y menos en ese día en que forzosamente de de estar en Murcia… Ya el sábado, por la mañana, después de casi madrugada volver a comer gazpachos, cogemos el camino que nos ha de traer hasta la ciudad de la que sus principales productos son vino, aceite y cereales. En este momento está lloviendo ampliamente, lo que es una bendición para los campos, según “el Obispo”, quien con su coche me deja, me traslada hasta la estación de salida, donde he de coger el “bus” destino a Murcia, a las siete de la mañana; pero entonces se presenta la ocasión de que un amigo transportistas, llamado José Soriano Diego, me ofrece su vehículo Acepto encantado, y durante el trayecto nos invitamos mutuamente.… Este ha sido mi viaje por tierras de Yecla, a la que han cantado Azorín, Sánchez Moreno, Pío Baroja y Ricardo del Val, entre otros. Yo sólo puedo decir que para mí ha sido acogedora en todos los aspectos y que de ella guardaré el recuerdo de sus sabrosísimos gazpachos en “La niña de Fuego”, como por asociación de ideas y en viajes con “el Obispo”, paladear sardinas a la plancha en orilla del mar Menor. A.MARTINEZ ENDIQUE LÍNEA, 5-2-1969
 
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