JAVIER PÉREZ ROYO
No nos encontramos ante una decisión que tengan que tomar los consejos escolares, o las consejerÃas de educación de las comunidades autónomas o el Ministerio de Educación, porque la decisión ya la tomó el constituyente. Desde el 29 de diciembre de 1978 cada ciudadano, y subrayo lo de cada ciudadano, es titular del derecho fundamental a la libertad religiosa y ese derecho tiene que serle respetado por los poderes públicos y por los demás ciudadanos sin excepción, ya que, como dice el artÃculo 9.1 CE: "Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución". Ni siquiera las Cortes Generales podrÃan tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, pues, en el supuesto de que aprobaran una ley en ese sentido, la ley serÃa anticonstitucional. En mi opinión, ni siquiera mediante la revisión de la Constitución contemplada en el artÃculo 168, que serÃa la vÃa apropiada para reformar el artÃculo 16 CE, se podrÃa tomar esa decisión, ya que la no confesionalidad del Estado pertenece al núcleo esencial del Estado constitucional, que dejarÃa de serlo en el caso de que se convirtiera en un Estado confesional. Estado constitucional y Estado confesional es una contradicción en los términos. Pero, en todo caso, para tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, habrÃa previamente que revisar la Constitución, esto es, adoptar la decisión por mayorÃa de dos tercios de ambas Cámaras en dos legislaturas consecutivas y someter la decisión después a referéndum.
Desde el 29 de diciembre de 1978 deberÃa haberse procedido de oficio a la retirada de todos los crucifijos de las escuelas. La retirada o no retirada de los crucifijos no es asunto que pueda ser sometido a discusión, ya que ello obligarÃa a que quienes participan en la discusión tengan que hacer públicas "su religión o sus creencias" y esto es algo que está expresamente vedado por la Constitución. La simple formulación de la pregunta ya serÃa anticonstitucional.
Lo que, a su vez, quiere decir que a nadie tendrÃa que ponérsele en la tesitura de tener que hacer una reclamación para que se retiren los crucifijos y, menos todavÃa, que tenga que interponer un recurso ante los tribunales de justicia para que se ordene la retirada. Esto ya supone una vulneración del derecho a la libertad religiosa de la persona que reclama o recurre.
Los derechos fundamentales son derechos de los individuos. Los consejos escolares no son titulares del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, no pueden decidir ni por mayorÃa ni por unanimidad si quieren mantener o no los crucifijos en las escuelas. Mantener esa postura es desconocer de la manera más completa qué son los derechos fundamentales y qué lugar ocupan en nuestro ordenamiento constitucional. De ahà que no pueda entender las declaraciones de la ministra de Educación en la Cadena SER acerca de que la retirada o no de los crucifijos dependerÃa de lo que decidieran en cada centro los consejos escolares. A los 30 años de la entrada en vigor de la Constitución resulta increÃble que todavÃa andemos con disputas de esta naturaleza. También la Junta de AndalucÃa tendrÃa que corregir su posición que resulta constitucionalmente insostenible.
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