José Roberto Barrilado
Si la respuesta es afirmativa, está usted de enhorabuena. Pertenece a un selecto club, a una suerte de privilegiado pastorcillo de Fátima que sabe que el billete conocido como Bin Laden es algo más que una mera leyenda urbana. Su fortuna va más allá: posiblemente usted no tendrá que pagar la factura de esta crisis financiera.
Si por el contrario no ha tenido el placer de alternar con uno de los 108 millones de billetes morados que corretean alegremente por España (la quinta parte del total en circulación en la UE), no se deprima: es usted un ciudadano normal y corriente, y además, se le va a encomendar la loable misión de reflotar nuestra economÃa.
Nos cuentan que detrás de cada crisis se esconde un mundo de oportunidades. Una ocasión para cambiar todo aquello que no funciona y, con la casa en orden, iniciar un prometedor viaje hacia el futuro. Nadie a estas alturas debe ignorar ya quiénes son los responsables del galimatÃas en el que andamos inmersos: la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo (BCE) con su polÃtica de crédito barato, que alimentó el insostenible ascenso de la burbuja inmobiliaria; Citigroup, Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Morgan Stanley, Bank of America-Merrill Lynch y hedge funds, que contribuyeron a dispersar su basura tóxica gracias a los derivados financieros que proliferaron al amparo de la desregulación auspiciada por el gran gurú Alan Greenspan; finalmente, Standard & Poors, Moody's y Fitch, las agencias de calificación de riesgos que bendecÃan con triple A los bonos basura y que ahora dictan a los Gobiernos cómo afrontar la crisis bajo la amenaza de rebajar la calificación de su deuda.
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Ante el desolador panorama al que nos llevó, una vez más, el credo que promulga que el libre mercado nos conduce con su mano invisible a la eficiencia y al pleno empleo, no pocos intelectuales, entre ellos premios Nobel de EconomÃa como Joseph Stiglitz o el recientemente fallecido Paul Samuelson, aventuraban el advenimiento de una nueva era. Todos se equivocaron. Ningún Gobierno, incluidos los presuntamente socialdemócratas, ha sido capaz de impulsar un verdadero paquete de reformas, y en consecuencia no es de extrañar el imparable declive de la izquierda europea. El último en caer, Gordon Brown, paralizó antes de las elecciones en Reino Unido los planes para reformar los hedge funds y para incrementar la tributación de los bonus bancarios (que vuelven por sus fueros, más de 6.000 millones de libras en 2009, gracias al dinero público inyectado a la banca) para no enfadar a la city londinense. Se lo tiene bien merecido.
Zapatero, por su parte, lleva firme camino de seguir los pasos de Brown. Hace ocho meses, cuando se cocÃa la reforma fiscal, José Blanco pregonaba que los que más tienen pagarÃan la factura de la crisis. Después vino la realidad: se optó por subir el IVA (un impuesto regresivo, como ya he explicado en alguna ocasión), y subir testimonialmente las rentas del capital, con un pÃrrico poder recaudatorio de 800 millones de euros extras.
Los mercados no se contentaron, y la cuestión tiene su gracia: los Estados se han endeudado para salvarlos y ahora aquéllos los castigan por haberse endeudado. La especulación, ahora trasladada al mercado de deuda pública, ha continuado arreciando de mano de los grandes operadores, hundiendo su precio y disparando el tipo de interés que se exige a los Estados. De paso, los seguros de impago de la deuda (los CDS) aumentan su cotización generando pingües beneficios a sus tenedores. Para que se hagan una idea de la irracionalidad de los ataques, quédense con un dato: la deuda del Estado español asciende a 650.000 millones de euros, el 62% de nuestro PIB, notablemente por debajo del 85% de la media europea. La prensa de Reino Unido nos conoce, junto a Portugal, Irlanda y Grecia, como los PIGS (cerdos), aunque el Financial Times sabe muy bien que el déficit de Reino Unido asciende al 11,5% del PIB, superando el 11,2% de España, y su deuda acumulada, del 68% sobre el PIB también supera ampliamente la nuestra.
Los bancos, entretanto, siguen con su suculento negocio: pedir dinero en la barra libre del BCE al módico precio del 1% y revenderlo después a los Estados a tipos crecientes, mientras el crédito sigue sin llegar a las pymes.
Es necesario seguir aplacando a la que el ministro Anders Borg llamó 'manada de lobos': el rescate de 110.000 millones de euros a Grecia y el fondo de respaldo a la zona euro de 750.000 millones aprobado el 9 de mayo apaciguó las Bolsas tan solo un dÃa, de forma que sólo quedaba por ofrecerles en sacrificio la polÃtica social. Zapatero ha castigado a los más débiles con un ajuste draconiano: 600 millones menos de ayuda al desarrollo, 6.000 millones de recortes en inversión, congelación de pensiones, eliminación del cheque bebé y reducción media del 5% del sueldo de los funcionarios, que parecen estar en deuda con la sociedad por tener un trabajo fijo. No está de más recordar que nadie invitó al funcionariado a participar de los años de alegrÃa, cuando sus incrementos salariales apenas conseguÃan aguantar el envite de la inflación. Las empresas del IBEX-35, por cierto, han aumentado sus beneficios un 20% respecto al primer trimestre del año pasado.
ExistÃa alternativa: endurecimiento de la lucha contra la evasión fiscal; incremento de los tipos impositivos más altos del IRPF y de los impuestos especiales; reimplantación del Impuesto del Patrimonio; limitación de las rebajas autonómicas en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones; imposición de una tasa especial a la banca, cuyos beneficios siguen creciendo impasibles a la crisis; imposición verde; SICAVs; gravar las transacciones financieras especulativas (tasa Tobin); creación de un tramo especial de IVA a los artÃculos de lujo... Supongo que el lector ya sospecha quién pagarÃa estas medidas. Efectivamente, los de los billetes morados.
JOSÉ ROBERTO BARRILADO es economista y miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2010/05/22/maneja-billetes-500/248490.html
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