Alejandro Moreno Lax
Nuestra crisis económica es el éxito del capitalismo. La privatización de las ganancias responde a la socialización de las pérdidas. La bancarrota de nuestros estómagos alimenta el banquete de los banqueros, y el retroceso de la dignidad humana es el sabio sacrifico para el avance del mercado. Ya no muere Cristo por los hombres, sino que la humanidad muere por la vida del euro, nuestro nuevo Dios.
Hoy se llama economÃa al capitalismo neoliberal. Al capitalismo, a su vez, lo denominan 'economÃa de mercado'. El mercado es la práctica razonable de la libre circulación de bienes, servicios y, sobre todo, de capitales (nunca de personas). Lo llaman, también, desde 1991, el triunfo de la razón contra la barbarie soviética; por tanto, el fin de la Historia (o la victoria de la libertad).
La economÃa, dicen, es una ciencia 'objetiva' que se enseña en las universidades de todo el mundo, la que más alumnos atrae y la que fundamenta el orden de una sociedad. Allà se enseña la 'naturalidad' del mercado libre, con sus reglas 'puras' de la oferta y la demanda, con sus contabilidades, sus estadÃsticas, sus econometrÃas, su eficiencia. En esto consisten las Ciencias Empresariales, las Ciencias Económicas o la Administración de Empresas.
Esta ciencia se transmite al viejo estilo bancario: estudios matemáticos, memorización de datos y reproducción en un examen. Un examen, por cierto, tipo test. Leer un libro y redactar un texto son operaciones generalmente innecesarias para una educación bancaria; repetir lo que pone en la pizarra (hoy llamada Power Point), aunque no se entienda, es más que suficiente. El banquero no necesita pensar, sólo ejecuta instrucciones y cumple sus funciones conforme a la 'objetividad' de los datos que ha memorizado y al 'reglamento' de la entidad. Ganar dinero es su único fin, al infinito. Eso es lo que suelen aprender los egresados de una Facultad de EconomÃa y Empresa como la de Murcia: ganar dinero, una finalidad 'objetiva', 'legal' y 'racional', por supuesto.
Quien escribe estas lÃneas en realidad describe el funcionamiento de esta doctrina funcional que tuvo que memorizar durante tres malos años. Quien aquà escribe fue, en realidad, un diplomado en Ciencias de la Competencia y la Depredación Empresarial, igual que esos que llaman 'especuladores' o 'desestabilizadores' del mercado. Además, con la ingenuidad del diploma y de creer que sabÃa algo.
En tres años estudié la llamada ciencia 'pura' y 'objetiva' de la EconomÃa PolÃtica, eso que hace 150 años llamó Marx 'ideologÃa'. Marx, por cierto, ese estudioso de las crisis cÃclicas del capitalismo, era un pecado que nunca escuché en tres años (ni siquiera en Historia de la EconomÃa). En tres años aprendà a vender (la ciencia del marketing), a maximizar ganancias y minimizar pérdidas (la ciencia contable), a expresarme en algoritmos (la ciencia alegórica de la EstadÃstica), a definir el Fondo Monetario Internacional como un banco que ayuda a los paÃses pobres (la economÃa mundial), y asà sucesivamente, hasta convertirme en un ignorante diplomado que no sabÃa leer ni escribir más que fórmulas matemáticas y dogmas pseudocientÃficos.
Fue entonces, después de un largo perÃodo de desintoxicación numérica, cuando descubrà que para la ciencia económica, esa teorÃa de cómo dar de comer a los financieros a costa de poblaciones famélicas, no existe el ser humano sino el capital humano, no existe la ética empresarial sino la estética de la voracidad, no existe el bien sino el beneficio, no existe más valor que el valor de cambio, no existe la ecologÃa sino la eurologÃa. La economÃa informal, que es la normal en la mayor parte de paÃses del mundo, es un escándalo para la contabilidad y la razón.
La educación bancaria te enseña a invertir bienes y capitales para obtener ganancias, pero no sabe, ni entiende, ni quiere recordar si genera pobreza o depredación ecológica. Es incapaz de explicar sus relaciones amorosas con los paraÃsos fiscales, el estrés laboral, el mecanismo de la especulación financiera mundial, el expolio de recursos naturales en los paÃses del Sur y del Norte, el carácter estructural y creciente del paro en Europa, la concentración de la riqueza en unos pocos y el incremento de la pobreza en una mayorÃa del planeta, o la formación de burbujas inmobiliarias como en España. Esas impurezas, llamadas 'externalidades', no corresponden a la ciencia económica, pues, a lo sumo, corresponden a las ciencias de la pobreza o la ciencia de la insostenibilidad. Cuando le presta atención es para sentenciar la miseria como el justo castigo por la ineficiencia.
La educación bancaria, descontextualizada y disfrazada de leyes numérica metahistóricas, te enseña a ver clientes donde hay humanos, a crear deseos y necesidades insaciables donde antes no existÃan, a estimular la competencia donde antes primaba la cooperación, a vencer en el presente sin preocuparte por las consecuencias negativas en el futuro.
Esta falacia de la ciencia económica se podrÃa aplicar a muchas otras ciencias y su ejercicio profesional, y en ello tienen las universidades mucha responsabilidad. En esta falacia, los 'hechos' no tienen nada que ver con los 'valores'. Cada ciencia posee sus 'leyes' y cada profesional cumple sus 'funciones' conforme a la 'ley'. La ética y la responsabilidad social parecen recluidas en las instituciones de caridad.
Con este modelo de 'educación bancaria' tan extendido parece explicable la resignación con que hoy se acepta socialmente la 'naturalidad' de las crisis económicas y la existencia del paro 'estructural'. Con este modelo de 'educación bancaria', donde nadie es responsable de nada, también parece 'razonable' que los polÃticos, antes de servir a sus ciudadanos, tengan que obedecer a las Cajas de Ahorros, como en el caso de los Gobiernos regionales, o a la Banca, el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional, como es el caso del Gobierno de Zapatero.
ALEJANDRO MORENO LAX es miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2010/05/29/ciencia-economica/249870.html
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