No pienses en un sindicalista (La Opinión, 30-10-2010)

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PobreEl mejor 

José Daniel Espejo

Las erupciones de incontinencia ideológica contra los sindicatos, en general, y los liberados sindicales en particular, llevan meses creciendo a nuestro alrededor, como todos ustedes saben, y han alcanzado su correspondiente pico de saña en las semanas anteriores al 29-S. Uno ponía la tele y veía a la señora Aguirre anunciando medidas contra los liberados, quitaba la tele (como es mandado), se bajaba al bar y allí había algún parroquiano clamando contra los violentos piquetes y diciendo "como me tope con alguno de camino al trabajo le parto la cara". Qué les voy a contar. En otros foros unos se preguntaban si la huelga sería un éxito o un fracaso, para inmediatamente contestarse que un fracaso, claro. Para cuando llegó el día D ya todo el mundo había sacado previamente su balance y sus conclusiones. En la manifestación de Murcia vi personas con la boca abierta al mirar hacia atrás desde el puente de los Peligros: ahí va, joder, si todavía sale gente de la plaza Fuensanta, no me lo puedo creer, etcétera.

Me estuve preguntando por qué. ¿Qué por qué, qué? dirán ustedes. Por qué hablábamos de liberados sindicales, de violentos piquetes y de éxito o fracaso de la huelga y no del contenido de la reforma laboral, que por ejemplo hará que si uno se pone enfermo más del 20% de los días en un período de tres meses (aun con su correspondiente baja médica) se le pueda aplicar el despido objetivo. Por qué no nos preguntábamos qué haríamos nosotros si estuviéramos enfermos y nos despidieran y nos dieran menos de la mitad de la indemnización que nos corresponde. Por qué tenemos que pagarnos nosotros con nuestros impuestos parte de esa indemnización, como el que teje su propia mortaja. En fin, ya conocen ese tipo de preguntas retóricas que aturden diariamente al izquierdista murciano. No llevan a ninguna parte, solo muestran impotencia, desánimo y resignación. Yo trato de evitarlas como se evita a un conocido plasta: haciéndome el sueco y yéndome por otro lado. Porque mi por qué no era ninguna pregunta retórica, sino una con respuestas. Seguí dándole vueltas y recordé un libro de George Lakoff, No pienses en un elefante (Editorial Complutense, 2007). Releí ese libro y, en parte, di con una solución, que es la siguiente:

En la obra, Lakoff desvela algunos de los mecanismos psicológicos utilizados por los ´creadores de opinión´ a sueldo de la derecha norteamericana, sobre todo la creación y multidifusión de marcos conceptuales favorables a los conservadores. Por marco conceptual entendemos el contexto que envuelve un concepto y que genera argumentos relativos a éste. Se trata de un fenómeno psicológico profusamente documentado y que explica por qué, ante un acontecimiento dado, tendemos a cuestionar o ignorar ciertos datos y a considerar otros: los que se acomodan al marco que tenemos prefigurado serán aceptados, los otros no. Tal vez esto se entienda mejor con un ejemplo del propio autor (relativo a EEUU): el marco los impuestos son malos produce argumentos del tipo la gente invierte mejor que el Gobierno, anécdotas de despilfarro estatal, términos como alivio fiscal y ´preguntas al aire´ tan poco inocentes como ¿debería el Gobierno rebajar los impuestos? Según Lakoff, la máquina propagandística neocon es capaz de llenar informativos, programas de debate y entrevistas e incluso ficción televisiva con estos argumentos, términos y preguntas, implantando en el público el marco conceptual que los produce. Es más, en muchas ocasiones la propaganda conservadora impone su agenda con la ayuda de los progresistas, porque entrar en un debate público bajo el epígrafe (otra vez) ¿debería el Gobierno rebajar los impuestos? para decir que no, no es sólo un suicidio político, sino la manera más sencilla de apuntalar las creencias del enemigo.

Volviendo a España, el marco los sindicatos son malos produciría los consabidos argumentos los sindicalistas son unos vagos o los sindicatos viven a sueldo del Gobierno, anécdotas sobre violentos piquetes o delegados indolentes y ´debates´ del tipo (recién sacado de la web de Intereconomía) ¿a qué se dedican los liberados sindicales?, que además añade la patente falsedad de que son 330.000. Es más que probable que todo esto haya llegado a oídos de ustedes. ¿Han tratado de discutir a la contra? ¿Verdad que les ha resultado difícil?

Bajo el marco los inmigrantes son malos hemos tenido que enfrentarnos a los argumentos lo que pasa es que no se integran, nos quitan el trabajo, tienen preferencia sobre nosotros o no caben todos, con el consiguiente (y muchas veces lisérgico) anecdotario de apoyo, en el que suele aparecer el amigo de un primo del vecino de alguien. Nos hemos batido el cobre discutiendo con alguien que preguntaba si los inmigrantes sobran, y no hemos convencido a ninguno de los presentes. Y etcétera etcétera.

La solución, según Lakoff, pasa por rechazar de plano el lenguaje del contrario. No entrar en su marco: enfrentarle el nuestro. Según su ejemplo, no meterse a argumentar que el Gobierno no debería bajar los impuestos, con una actitud defensiva, sino contraatacar con el marco los impuestos son una buena cosa, extrayendo de él los mejores argumentos (¿quién va a pagar las infraestructuras?, por ejemplo). No entrar a discutir ni tan siquiera la veracidad del disparate de los 300.000 hijos de San Luis de CC OO y UGT, sino disparar a bocajarro un tu jefe está afiliado a la patronal para que lo ayuden si tiene un problema… ¿te gustaría no tener tú ningún teléfono al que llamar si te la juegan?

Cuando la estrategia está bien diseñada, los argumentos que dan cuerpo a un determinado marco son cortos, fáciles de recordar, compactos e incontestables, y se repiten aquí y allá, cuanto más mejor, por todos los medios, hasta que toman la calle. Juguemos a este juego también nosotros, compañeros. Que el de las preguntas retóricas ya está pasando de moda.

http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2010/10/30/pienses-sindicalista/280072.html

 
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