Alejandro Moreno Lax
El sistema neoliberal es la nueva jaula en la que se están encerrando las sociedades occidentales. Y no solo ellas. Un sistema que, como todos, es estrecho comparado con la infinitud de la Realidad. Como ya ocurrió con el fascismo o el comunismo, nos encontramos de nuevo ante la amenaza de que un sistema limitante y fronterizo absorba el potencial ilimitado del ser humano. El tridente tecnológico-polÃtico-económico, catapultado por los medios de incomunicación de masas, continúa reproduciendo un falso ideal de progreso que ha penetrado profundamente en nuestras conciencias, hábitos sociales y hasta en nuestra imagen misma de la infinita Realidad.
Este tridente formado principalmente por las grandes multinacionales, las maquinarias electorales y la banca ha conseguido engrasar un triple efecto social bien identificado por Jorge Riechmann: propaganda agresiva, consumismo compulsivo y un progresivo endeudamiento familiar mediante el crédito. Cabe añadir un cuarto efecto, más sutil: el estrés cotidiano que acumula silenciosamente cada persona independientemente de que satisfaga estas necesidades creadas.
Si este sistema lo mueven tres grandes jaulas (producir más, participar menos y acumular más), éstas tres no funcionarÃan sin la ideologÃa subyacente a ellas: el llamado ´progreso´, especialmente el progreso cuantitativo: comprar más, incrementar el PIB y acumular más ganancias. En el inconsciente individual y colectivo de nuestras sociedades subyace una sensación permanente de insuficiencia y frustración que motiva una compulsiva necesidad de ´tener más´, de ´ser alguien´, de ´trabajar más´, etc. Es decir, de recluir y secuestrar nuestras infinitas capacidades creativas a estereotipos, exigencias e imperativos que son externos: la televisión, la moda, el polÃtico, el crecimiento económico, etc. El sistema reduce la Realidad a reallity transmitiendo incesantemente con sus estÃmulos hiperactivos un mismo mensaje: ´eres insuficiente´. De ahà que en el ´querer progresar´ hay siempre implÃcito un ´somos insuficientes´.
Es importante tener claro todo esto para comprender que la crisis actual no deja de ser también un efecto de las pautas sociales que reproducen estos estÃmulos externos. Hay que recordar que hasta el mismo 2008 en nuestro paÃs un sector importante de la sociedad quiso taparse los ojos ante la burbuja inmobiliaria participando en la especulación galopante de la vivienda e incluso aplaudiendo a muchos polÃticos implicados en ´presuntas´ tramas de corrupción urbanÃstica.
Por su parte, los polÃticos y banqueros hacen su función: reducir la Realidad a reallity, la infinitud a la finitud encarcelante, recurriendo a debates estériles que esquivan sus responsabilidades directas en esta crisis. El PSOE y el PP asumen el ilusorio dogmatismo económico del FMI (o mejor, los banqueros alemanes); los primeros apelando al fatalismo sentimental del ´no hay otra salida´ y los segundos apelando al supuesto economicismo cientÃfico de ´la fórmula correcta´. Esta semejanza mutua ignora el descontento social y reduce la democracia parlamentaria a un instrumento formal al servicio de la banca.
La patronal también lo tienen claro: ´trabajar más por menos, para que el sistema bancario sobreviva´. En ambos casos, hay un horizonte común, el ´progreso´: fortalecer los ´mercados´ (los bancos), para relanzar la ´economÃa´ (el incremento del PIB), para generar ´empleo´ (trabajo precario), para volver al ´progreso´ (acumulación cuantitativa). Esta lógica es tan estéril que basta con recordar que allá donde el FMI aplicó sus ´fórmulas cientÃficas´, o Programas de Ajuste Estructural, como en América Latina, no hizo sino aumentar la pobreza e incrementar las desigualdades sociales.
Con este panorama, una reacción sindical aislada no dejará de tener efectos limitados. Incluso a pesar de las probables conquistas que puedan conseguir los franceses, posiblemente el pueblo con mayor conciencia polÃtica de este planeta. Focalizar la crisis en un mero abuso de la banca, una parálisis de la economÃa o a una precarización del empleo y las garantÃas sociales limita los efectos de las movilizaciones sociales, afectando a los sÃntomas externos del sistema neoliberal pero difÃcilmente a sus raÃces.
La visión de la ´crisis´ puede ampliarse mucho más comprendiéndola como el cuestionamiento de un patrón de comportamiento social compulsivo que nos hace sentir ´siempre insuficientes´ junto a su sutil ideologÃa del progreso, que exige ´hacer siempre más´. Quien haya viajado a paÃses y culturas poco occidentalizadas se habrá sorprendido de que allà no existe esa insatisfacción vital, ni ese nivel patológico de personas deprimidas, ansiosas, estresadas o nihilistas, por no hablar del Ãndice de suicidios.
A pesar del galopante triunfo de este sistema, parece que estamos también ante la oportunidad histórica de mutar la crisis social e individual hacia un cambio de conciencia más amplia que depende de cada persona, ´de Pedro, MarÃa, de Juan y José´, como dijo un poeta. La globalización nos ha permitido incrementar el número y la velocidad de las conexiones entre gentes de distintos paÃses y culturas, intercambiando información y experiencias. Y son muchas las propuestas y transformaciones que están proliferando ya de cara a este cambio de consciencia global, desde el movimiento decrecentista, el llamado slow movement, hasta la espiritualidad transpersonal, etc.
Son nuevas realidades que escapan al sistema, y que son creadas a partir de un sencillo cambio de hábitos, que va desde los modos de alimentación y transporte hasta nuestras relaciones con los demás y con la naturaleza. Cada uno de nosotros y nosotras tiene la última palabra para ponerlos en práctica, y no este ´sistema´ que, como todos los sistemas anteriores, desaparecerá algún dÃa.
Alejandro Moreno Lax es miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2010/11/13/mutaciones/283089.html
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