MUNDO PASILLO (12-2-2011)

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PobreEl mejor 

JOSÉ DANIEL ESPEJO

No se sientan culpables si no se han enterado de esto, porque no ha salido casi en ningún medio si exceptuamos periodismohumano.com (ya que estamos, les recomiendo esta página efusivamente): Israel ha empezado a construir un muro más, pero esta vez no a través de Gaza ni de Cisjordania, sino en la frontera con Egipto. No se preocupen, que no va a haber otra guerra. De lo que se trata esta vez es de contener lo que Netanyahu entiende como una epidemia, la inmigración subsahariana hacia el Estado de Israel, que a este ritmo de construcción de paredes lleva camino de convertirse en un catálogo de pasillos. Podrán colgar todos los cuadros que quieran, eso sí. Que no se olviden de poner uno de un horizonte.

Pero no nos vayamos (con ´y´) tan lejos: en estos momentos, la Agencia Europea de Fronteras construye en Grecia otra pareta ultramoderna, sensores de movimiento incluidos, para cortar el paso a los inmigrantes de la ruta turca. Se han inspirado en el dispositivo de Ceuta, dicen. Y más ejemplos: el que se sigue construyendo entre EE UU y México, países gobernados en un 50% por ganadores del Nobel de la Paz. Lo cuenta Chomsky en Esperanzas y realidades (Tendencias, 2010): los fondos para construirlo, que ya se pueden imaginar que fueron de una cuantía escandalosa dada la longitud de la obra, fueron obtenidos por Bush hijo aprovechando la paranoia antiterrorista que sacudió (con su ayuda) su triste país. Sin embargo ¿qué sentido tendría cercar la nación solo por el sur? ¿No podría un hipotético terrorista tomar simplemente la ruta de Canadá y sus porosas fronteras con los Estados? Una pregunta muy simple que demuestra que el objetivo era otro. La carísima valla ya está en pie a lo largo de gran parte de la frontera, y en sí es una ridiculez (es un éxito ahora mismo en Youtube un vídeo con dos chicas saltándosela a la torera, pongan «2 girls undermine» y vean el cachondeo que se gastan los yanquis a cuenta del asunto), pero gobernadores conservadores de estados sureños ya están hablando de electrificación. Y eso ya son otros lópez.
¿Qué es un muro? Una definición en negativo, de las que se usan cuando uno no tiene ni idea de lo que habla. Me explico: traten de definir un agujero negro sin hacer referencia a la ausencia de luz ni a la inoperancia en él de las leyes de la física. Difícil ¿no? Esto ocurre porque en realidad no sabemos qué es, sino qué no es: no es una configuración descriptible, no conocemos su masa ni su densidad, ni qué particulares leyes físicas rigen en su interior. Lo llamamos singularidad. Lo definimos en negativo. De forma similar, al erigir un muro para separarnos del otro lo que estamos proclamando es: somos lo que no está fuera del muro, no somos vosotros. Gracias al muro, a la frontera, podemos definirnos, eso sí, en negativo. Tenemos identidad gracias a esa separación arbitraria, y miedo de perderla si se abrieran las puertas. Sin embargo, ese temor indica que, en realidad, falta una definición en positivo, real, una identidad basada en lo que sí se es. Quien sabe quién es no tiene miedo de dejar de serlo.

Todo esto lo explica muy bien Javier Marías a cuenta de El Mundo de George Apley, de Mankiewicz: el protagonista empieza la película proclamando su orgullo de ser americano. Enemistado con un compatriota, cambia su motivo de orgullo, que ahora es el de ser neoyorquino. Luego se pelea con un neoyorquino, y entona: «Al menos, yo soy de Park Avenue». Después, con un vecino: «Al menos, yo soy un Apley». Cuando, al final, se pelea con un familiar, ya no puede decir nada y comprendemos el sinsentido de toda la cadena.

El exacto contrario de un muro es un puente, y para hablar de puentes hay que acordarse inevitablemente de Ivo Andri?, el escritor serbobosnio, Nobel de Literatura en 1961, que elevó las humildes y ubicuas pasarelas de piedra de su país a la categoría de metáfora universal, de enseña de identidad del homo sapiens sapiens. Los puentes capaces de conectar un valle con otro, una comunidad humana con otra saltando por encima de las fronteras dibujadas por nacionalismos y religiones (él hablaba del que cruza el río Drina en Višegrad, acordémonos nosotros del de Mostar) son probablemente el mejor invento de nuestra especie, lo que mejor nos define, esta vez sí en positivo.

Ya me perdonan haberme puesto tan estupendo, pero es que, oigan, entre un muro y un puente, como que no hay color ¿no? Qué claro lo teníamos en 1989, cuando el de Berlín se convirtió en una mina de pisapapeles. Todavía no se había secado el río de tinta que había corrido, tan estupendo o más que este artículo, cuando se inició la construcción del Muro de la Tortilla en Tijuana, que habría de convertirse, con la moción de Duncan Hunter en 2005, en una vergüenza de 1.123 kilómetros de longitud entre Estados Unidos y México.

(Algunas estadísticas: la palabra ´libertad´ fue utilizada 612.900 veces en las noticias referentes a la caída del muro de Berlín, el 98% de ellas en vano. El Muro de la Tortilla, que ha obligado a los inmigrantes a aventurarse a través de rutas tan peligrosas como la del desierto de Arizona, ha causado más de 3.000 muertes. El puente sobre el Drina, ninguna).

José Daniel Espejo es Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia

Publicado en diario La Opinión (12-2-2011): http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2011/02/12/mundo-pasillo/302487.html)

 
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