Proyectos emblemáticos murcianos

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PobreEl mejor 

Manuel Tovar

Manuel TovarLos más viejos del lugar recordarán que hacia finales de los años 80 del siglo XX se clausuró lo poco que quedaba de la minería regional, tras un curioso intento de seguir hurgando en las entrañas de la tierra que implicaba el traslado del Llano del Beal a otro sitio. Intentaba llevar a cabo aquella operación una empresa que se había quedado con algunos activos de Peñarroya, entre los que estaba una veta bajo los cimientos del Llano. La empresa tenía un nombre que era toda una declaración de principios de cara al eficaz mantenimiento de la minería: se llamaba Portman Golf, y creo que se sigue llamando así. Era el tiempo de los pioneros del ladrillo, que iniciaban su particular conquista del sureste salvaje. Ahora ya son visibles las ruinas de tal hazaña.

En realidad, el verdadero negocio de aquel proyecto no estaba bajo el suelo sino sobre él, y en forma de promoción y construcción de las nuevas viviendas que deberían alojar a los vecinos del Llano, los cuales, con buen criterio, dijeron que no a tal cosa, y se acabó la mortecina minería y uno de primigenios intentos de meterle mano urbanística a aquel entorno. Me consta que después ha habido algunos intentos más de rentabilizar aquellos activos de Peñarroya, que la crisis del ladrillo he debido paralizar, en contra de la voluntad de nuestros ineficientes e ineficaces administradores de la cosa pública, que incluso habían maquinado alguna desprotección de espacio natural para transferir su valor al hormigón armado.

Esta es una peculiaridad común a todos los proyectos emblemáticos murcianos: siempre hay tras ellos algún negocio inmobiliario. He aquí algunos ejemplos.

Es un lugar común que la autopista Cartagena-Vera se construyó para hacer más atractiva la compra de las decenas de miles de casitas que se colocarían entre esas dos ciudades, poblando la franja delimitada por el mar y el asfalto. Como es sabido, esa carretera es uno de los sinsentidos más notables de los que abundan en esta esquina del Estado de las Autonomías. La autopista acabará siendo rescatada por el sector público para evitar la quiebra del gestor, como en el ejemplar proceso de socialización de pérdidas del sistema financiero.

Qué otra cosa es el aeropuerto de Corvera, más allá de una infraestructura al servicio de un proyecto de urbanización a toda costa. Si entra pronto en servicio será una auténtica ruina para sus propietarios, a pesar de lo que ya lleva gastado la Administración regional, ni siquiera el cierre de San Javier garantiza el cubrir costes a corto y medio plazo. Eso lo saben de sobra sus promotores privados, por eso van a presionar a muerte al Gobierno autonómico para que obtenga del central el cierre de San Javier. Hoy por ti, mañana por mí, le habrán dicho ya al señor Valcárcel, que disciplinadamente se ha puesto manos a la obra, eso sí, con un conflicto ético-político de dimensiones no menores que la propia infraestructuras y sus costes presentes y futuros.

Qué angustia no estará viviendo ese hombre, que en más de una ocasión nos ha ilustrado sobre las ventajas del liberalismo en economía, e incluso en política, cuando tiene que gestionar el cierre de un negocio público para que pueda abrir y progresar uno privado. ¿Pero no habíamos quedado en que la iniciativa privada es tan superior a la pública que con sólo dejar que se instale la primera junto a la segunda, el sacrosanto mercado hará su trabajo indeleble, y lo privado triunfará sobre lo público, como el bien sobre el mal, como la luz divina sobre las tinieblas del infierno?

El aeropuerto nos pone sobre la pista de otra de las características de los proyectos emblemáticos murcianos: siempre hay que sacrificar alguna actividad pública para que prospere una privada. Aunque la calidad del bien o servicio que finalmente se obtenga se reduzca por tal asignación de recursos. Y hay que tener en cuenta que a esa calidad está asociada el bienestar colectivo, en incluso las posibilidades de desarrollo de una economía. Una de las razones de la peor calidad de la educación regional, en relación a las de su entorno, reside en el sistemático apoyo del Gobierno regional al sector privado educativo, en detrimento del público, por poner sólo un ejemplo. Pero esto vale también para la sanidad o la dependencia.

Quizás el más reciente de los proyectos emblemáticos murcianos sea el de la Paramount, aunque se ajusta perfectamente al guión de todos los demás: es, por ahora, un excelente negocio para comisionistas (¿no deberíamos saber quién las paga y por cuánto nos está saliendo la barra libre?), para los que todavía no han vendido las viviendas del entorno, para las que vendrán, para que los solares propios y ajenos próximos conserven el valor de balance en las precarias contabilidades de tantos implicados en los excesos urbanísticos de Alhama y alrededores. Una vez más no han dejado funcionar al mercado estos liberales, que estaban compulsivamente aplicados a generar déficit público, que es una actividad puramente keynesiana, y perversa, por supuesto. De las que a mí me gustaban, y ya no sé qué pensar sobre ella tras haber sido parasitada en plan Atila por tanto liberal de pacotilla.

Tanto proyecto emblemático para seguir a la cola del crecimiento real en España en 2010 y tener, al cuarto trimestre del año pasado, 4,5 puntos porcentuales más de paro que el promedio español. Esto último dice el señor Valcárcel que le quita el sueño, y será verdad, pero tiene fácil solución la cosa y múltiples ventajas. Si lo dejara dormiría mejor él y los parados tendrían alguna posibilidad de dejar de tomar barbitúricos en los próximos años. Pero qué sería de las farmacéuticas y, sobre todo, de ese principio político sacrosanto de entrega a los demás, que diría Mubarak.

Manuel Tovar. Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia

Artículo publicado en Diario La Opinión de Murcia el 21/4/2011: http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2011/04/22/proyectos-emblematicos-murcianos/318070.html

 

 
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