Andrés Pedreño
«La naturaleza sociopolÃtica de este movimiento 15M abandera reivindicaciones moderadas (reforma de la ley electoral, medidas contra la corrupción, empleo digno y vivienda, derechos sociales, etc.) al tiempo que revolucionarias, pues denuncia el secuestro de la democracia por parte del capital y las burocracias partidistas».
Thomas Paine (1737-1809) ocupa un lugar privilegiado al tiempo que anómalo en la historia de los revolucionarios. Por ello, verle la otra noche en la asamblea de la acampada del 15M parecÃa algo increÃble, quizás una de esas imágenes onÃricas que emergen entre sueño y vigilia… Pero cuando anunció que irÃa a la manifestación del 19J se me antojó todo muy real, y confieso que ni me sorprendió. Alguien como Paine que vivió a caballo entre las dos grandes revoluciones, una por la que América se hizo federalista y la otra que derrocó La Bastilla, acudirÃa allá donde los acontecimientos devinieran prodigiosos: «Participar en dos revoluciones», le escribió a G. Washington, «significa vivir para algo». Estaba cantado que Thomas Paine se identificarÃa de inmediato con esos jóvenes y no tan jóvenes ´indignados´ que en sus proclamas no cesan de reclamar ´sentido común´ frente a la barbarie del capital y la rutina de las burocracias partidistas, y se le notaba mientras se dirigÃa a ellos en el tono amable y suave que siempre le caracterizó.
Ante nuestros oÃdos atónitos revivió de alguna forma aquel panfleto maravilloso que escribió en 1776 donde cristalizaban por primera vez las aspiraciones de la independencia americana, y que tituló justamente El Sentido Común. Muchos de los jóvenes del 15M, al conocer el apoyo afectuoso de Thomas Paine, corrieron aquella noche a las librerÃas a adquirir la edición en castellano que publicara hace ya algunos años la editorial Tecnos.
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Como nuestro 15M, Thomas Paine fue un revolucionario al que no le gustaba tal palabra, fue un revolucionario con proclamas bastante moderadas, pero cuya fuerza arrolladora residÃa en el sentido común que preconizaba. Un sentido común obvio y práctico de las cosas que Paine absorbió de su trayectoria social ligada al mundo de los trabajadores artesanos. Justamente esa fue la clave de su éxito histórico: que su nombre fue legión. El historiador británico Eric Hobsbawn explicó maravillosamente en un sentido homenaje esa capacidad de Paine de sintonizar con las masas revolucionarias americanas en 1776, francesas en 1791 o la otra noche en la Glorieta de Murcia en la asamblea del 15M: «El hombre que fue sucesivamente aprendiz de corsetero, maestro, empleado subalterno, tabaquero, periodista y una persona ingeniosa que confiaba en poder introducir sus invenciones mecánicas en Inglaterra, ese hombre fue capaz de hablar por todos ellos».
«Ese hombre fue capaz de hablar por todos ellos», dice Hobsbawn de Thomas Paine. Por ello a Paine le ha interesado este movimiento 15M, porque le interesa toda esa gente que cruza la historia humana y que «es capaz de hablar por todos ellos», de expresar y poner palabras al malestar de la gente corriente, de abanderar el sentido común y práctico de los artesanos de la vida corriente. El gran problema de la Revolución, decÃa con calma Paine la otra noche en la asamblea del 15M, es «si el hombre heredarÃa sus derechos y se establecerÃa la civilización universal. Si disfrutarÃa del producto de su propio trabajo… Si el robo serÃa expulsado de las Cortes y la miseria de los paÃses …; ese problema era el hecho de que en paÃses que llamamos civilizados vemos a los ancianos conducidos a los asilos y a los jóvenes a los patÃbulos».
Lo de menos en Thomas Paine es el carácter moderado de sus proclamas (defendió la libre empresa y los impuestos bajos, aunque también apostó con radicalidad por dedicar recursos fiscales para financiar las pensiones de ancianidad). Lo que le posiciona entre los revolucionarios más reconocidos por el pueblo es que esas proclamas las expresa en términos de oposición y contra el privilegio, y contra todo aquello que los poderosos utilizan para cerrar el paso al avance de la libertad. Y escuchándole en la asamblea, envuelto en la atmósfera onÃrica de la palabra que proviene de la noche de los tiempos, uno estarÃa dispuesto a proponer que el caso Paine es interesante para entender la naturaleza sociopolÃtica de este movimiento 15M que abandera reivindicaciones moderadas (reforma de la ley electoral, medidas contra la corrupción, empleo digno y vivienda, derechos sociales, etc.) al tiempo que revolucionarias, pues denuncia el secuestro de la democracia por parte del capital y las burocracias partidistas.
¡Asà que el viejo Thomas Paine estaba tan cómodo la otra noche entre estos jóvenes ocupantes de la plaza pública! Los jóvenes y no tan jóvenes del 15M hablan ´por oposición´ y ´contra los privilegios´, por muy moderadas y posibilistas que sean sus demandas. El Sentido Común, que los federalistas revolucionarios americanos leyeron con pasión en 1776, cuando Thomas Paine lo editó, es plausible verlo circular en las plazas del 15M, pero no entre las burocracias de los partidos ni entre los banqueros y demás gestores del capital. Esa democracia sin adjetivos reivindicada por Aguirre en Madrid o por Valcárcel en Murcia es el vacÃo, es el grado cero que tiende al valor nulo. Contra esta concepción vacÃa se erige la democracia ´contra los privilegios´ que es la del sentido común, obvio y práctico de la gente corriente.
La noche en la que Thomas Paine se dirigió a los asambleÃstas del 15M me fui a casa pensando que algún dÃa me gustarÃa enseñarle a mi hija el puente sobre el rÃo Wear que Thomas Paine esbozara en el condado de Durham (Inglaterra). Todo un sÃmbolo de la Revolución Industrial que Paine diseñó no para su beneficio personal sino para el bienestar de la colectividad. Pues un puente es siempre una idea ingeniosa, el resultado de un sentido práctico que quiere unir y no separar dos orillas, que quiere tejer y no fragmentar. Quien diseña un puente tiene en su ideario una poderosa representación de lo que es el buen hacer de los artesanos del vivir común.
Que El Sentido Común vaya a la manifestación del 19 de junio es una de esas cosas hermosas que la plaza pública dona a la ciudad. No se pierdan tal acontecimiento prodigioso.
Andrés Pedreño es profesor de SociologÃa de la Universidad de Murcia y miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2011/06/18/thomas-paine-ira-manifestacion-19j/331258.html
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