Breve diccionario de la liberación

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Alejandro Moreno Lax

Lo que habitualmente llamamos ‘crisis del sistema’ es inseparable también de una igual crisis de los estilos de vida y de las palabras que lo acompañan. El ‘sistema’ es el cúmulo de instituciones que son el cúmulo de nuestras acciones que son el cúmulo de nuestros pensamientos que son el cúmulo de nuestras palabras. Por tanto, liberar las palabras de su secuestro semántico (o económico) se convierte en una tarea necesaria. Veamos algunos ejemplos:

Mercados. Este término, aunque parece referirse a elementos tan dispares como el mercado de los jueves o Mercadona, es el que ahora se utiliza para designar a los especuladores e inversores financieros. Dicho sucintamente: es el eufemismo que sustituye al capitalismo, un término francamente más indecoroso y político.

Reforma. Aunque disfrazada de legalidad jurídica y parlamentaria, dícese de la regresión histórica que sustituye la soberanía popular por el beneficio de unos cuantos bancos, especuladores y políticos nord-europeos. Esto es lo que hasta hace unos pocos años se denominaba ‘golpe de Estado’.

Democracia.
Aparentemente una conquista definitiva de la civilización occidental, se refiere a un precario modelo de representación que sólo escucha a sus soberanos una vez cada cuatro años. La democracia participativa, con instituciones reconocidas y con un poder de decisión autónomo está totalmente fuera del lenguaje secuestrado.

Política. Normalmente atribuido a los cacareos del parlamento y muchas veces confundido con el bipartidismo del PPSOE, la política es la capacidad que tiene cualquier ciudadano de decir ‘nosotros’ y preocuparse por el bienestar de su comunidad. El 15M dijo ‘Nosotros’ y le contestaron ‘Perroflautas’.

Estabilidad. No se refiere a la posibilidad de una ‘vida estable’, con unos ingresos suficientes y un trabajo permanente. Ni mucho menos se refiere al tao de los chinos o la sofrosine de los griegos. Esta palabra, aunque aparentemente se dice del equilibrio de las cuentas públicas, en realidad se reduce hoy a la garantía de que los bancos que especularon durante el boom de la construcción puedan cobrar sus préstamos y aumentar sus ganancias.

Sistema. Esta palabra vacía de significado político se refiere en realidad al ‘neoliberalismo’, que es el modo actual de gobernar al servicio del dinero y no de las personas. Por tanto, ese aparente vacío no es inocuo: requiere eliminar los servicios públicos en beneficio del capital privado. Su origen se remonta a los años 70, y tiene en América Latina, Inglaterra y EEUU sus mejores y más tristes ejemplos. Hacia allí vamos.

Competititividad. Enseñada como una virtud moral en la escuela y una virtud empresarial en las facultades de Economía, es también un disfraz semántico que oculta la delgada frontera que conduce a la dominación de algunos empresarios sobre los trabajadores, las grandes empresas sobre las pequeñas, los países del norte de Europa frente a los del sur, y así sucesivamente.

Crecimiento. Obviamente no remite al crecimiento personal, el que nos hace más pacíficos y satisfechos con nuestra vida, sino a la producción exponencial de bienes y servicios. Por supuesto, los bienes no tienen nada que ver con el viejo ‘bien común’ de la comunidad política ni el servicio tiene nada que ver con la abodah de los semitas o la seva de los hindúes, es decir, con servir a los demás por devoción.

Despilfarro. No sólo se le atribuía antaño a los actos aristocráticos de ostentación pública y a ciertas fiestas religiosas, sino que ahora se le atribuye también a los Estados del sur del Mediterráneo, los llamados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España). Lo cierto es que estos Estados, lejos de ‘gastar mucho’, como sí hacen sus socios del norte, ‘recaudan poco’. Es decir, son ‘Estados débiles’ porque no recaudan impuestos como sí lo hacen sus prestamistas del norte, que son ‘Estados fuertes’.

Deuda. Se dice que los Estados están muy ‘endeudados’ y los ciudadanos también. Pero no se dice que los Estados siempre estuvieron endeudados y que los ciudadanos tienen ahora menos poder adquisitivo que hace veinte años. Tampoco se habla de la deuda que hemos contraído con nuestros ríos contaminados, nuestras costas urbanizadas o el mundo que estamos legando a las generaciones futuras.

Recortes. Lo que suena como una medida ‘temporal’ y de ‘urgencia’ propia de un ‘estado de excepción’ es más bien una continuidad en el proceso político de desmantelamiento del Estado del bienestar y sus garantías sociales. Se acude a los recortes para que hagamos ‘un esfuerzo entre todos’, aunque esos ‘todos’ no incluyan los sueldos de los políticos o los privilegios de ciertas multinacionales españolas, como la mayoría de las que cotizan en el IBEX-35, que ‘aumentan’ sus beneficios gracias a sus fundaciones, la escasa presión fiscal que cargan y los paraísos fiscales donde se registran muchas de sus filiales para evadir impuestos. Por tanto, hay ‘recortes’, pero también podría haber ‘aumentos’.

Consumidor. Así se llamaba antes a los ciudadanos. Un ciudadano es una persona que vive en la ciudad, se interesa por ella y pertenece a alguna asociación. Un consumidor no vota, compra. Su interés está en saciar deseos por cosas nuevas que normalmente no necesita, de ahí su despolitización. A este estilo de vida, aunque no se dice, se le llama ‘consumismo’.

Crisis. Es un estado de incoherencia que se le atribuye al ‘sistema’ o a la ‘economía’. La gran contradicción está en que el sistema y la economía, o también el ‘sistema-económico’, requiere de consumidores para funcionar. Así, se dice que la economía está en crisis y se habla de la ‘caída del consumo', pero no se habla de la crisis del consumismo ni se le critica, como si no hubiera una estrecha relación entre ambos.

Alejandro Moreno Lax es miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia

(Art. publicado en Diario La Opinión de Murcia el 1/10/11 - http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2011/10/01/breve-diccionario-liberacion/354102.html )

 
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