José Daniel Espejo
Quieren que les hable de poesÃa? Han pasado cuatro meses desde la ruptura simultánea de todas las cuerdas del contrabajo que significó el 15M en el adagio polÃtico patrio. Masas de ciudadanos de varia filiación ocuparon, como se sabe, las calles y sobre todo las plazas del paÃs bajo el estandarte ético de la regeneración democrática y una estética sesentaiochista y altermundista absolutamente conmovedora. Todo ciudadano concienciado se ha visto también a sà mismo levantando las manos al aire bajo las porras de los mossos, del mismo modo que hemos deseado estar colocando un bellÃsimo rectángulo de cartón escrito sobre el nombre ordinario de una plaza, o dirigiéndonos de pie al ágora de las asambleas ciudadanas. Todas esas cosas, que no podÃan ocurrir, forman parte ya de nuestra conciencia cÃvica, y a ese lugar feliz, da igual que se llame Sol o La Glorieta (porque todos se llaman Plaza de la Revolución del 15 de Mayo), podemos volver siempre que lo deseemos, para reencontrarnos con todos los demás.
Miren, yo soy poeta y podrÃa seguir con la lÃrica todo el dÃa, pero no lo voy a hacer. Voy a pasar a la prosa (legal) para preguntarme qué pasó con esos párrafos heroicos que escribimos entre todos, sentados en el suelo, escuchándonos y poniéndonos de acuerdo. Qué fue de las reivindicaciones esenciales, de la reforma del sistema electoral y el fin de los privilegios de los grandes partidos, del avance en descentralización y en consulta ciudadana (sobre todo ante propuestas tan cruciales como el rescate a la banca o la reforma constitucional), de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, de la defensa de la educación y sanidad públicas, etcétera. Y la respuesta es: nada. Corrijo: peor que nada, porque la respuesta de los partidos en el poder (incluyo, junto a PP y PSOE, a CiU) no ha consistido solo en ignorar estas reivindicaciones, sino en actuar deliberadamente en contra y aprovechar el mes de agosto para pactar entre ellos reformas legales exprés, sin debate previo ni información a la ciudadanÃa. Obviamente me refiero a esa bajeza de inspiración trichetiana que constituye la reforma de la Carta Magna, pero también a los cambios en la legislación laboral que, con la ubicua excusa de ´calmar a los mercados´ ahondan la precariedad de los contratos basura. También ha constituido un golpe bajo esa reforma de la Ley de Partidos que ¡dificulta aún más la actividad de los pequeños con nuevas exigencias burocráticas y aumenta la ventaja de los grandes! O los ´ajustes´ prescritos por el Pacto del Euro y que, tras las primeras oleadas de recortes autonómicos en educación y sanidad han provocado un aumento récord de la tasa de paro en septiembre.
¿Quieren que les siga hablando de prosa? Toda su estrategia consiste en esperar a que nos disolvamos, como el sabor de un poema en la boca. Abren, sin embargo, los periódicos y leen titulares metálicos sobre marchas multitudinarias: en Jerusalén, en Atenas, en Manhattan. Y reconocen la marca (una marca minuciosamente no registrada, claro) de Democracia Real Ya, del movimiento 15M, de la #spanishrevolution. De las nuevas herramientas polÃticas de una ciudadanÃa mucho más conectada e informada de lo que les gustarÃa. Esperan, sin embargo, que no sabremos hacer valer nuestro bagaje emocional, que no podremos transformarlo en reformas sin perder en la burocracia nuestra esencia crÃtica. Hablan de nosotros, pero no en la sección de nuevas ideas, sino en la de control de daños. Están muy ocupados. Unos ya están pensando en qué amigos favorecer con qué nuevos cargos. Otros, en no perder la silla ellos mismos.
¿Aún quieren más prosa? Atravesamos una crisis y los ciudadanos nos preocupamos por la monstruosa tasa de paro y por las posibles medidas con que puede atenuarse, para abrir un debate urgente. O nos preguntamos por modelos macroeconómicos, por los méritos y deméritos del neoliberalismo, el keynesianismo o el propuesto decrecimiento, por ejemplo. Miramos a los paÃses del entorno y tratamos de analizar qué están haciendo bien o mal para importar soluciones. Vigilamos de reojo (o mejor con los dos ojos) las maniobras de Angela Merkel en la UE, los cambios de nota de las agencias de rating, la prima de riesgo española. Investigamos con avidez las causas del crack financiero estadounidense de 2008 y su metástasis global. Desayunamos como podemos mientras comprobamos en los diarios la supina inmoralidad de los directivos de las cajas de ahorro. Calculamos los perjuicios personales que nos van a causar los recortes en educación y sanidad.
¿Y los partidos principales mientras tanto? Sus temas favoritos son: el exceso de inmigrantes y jornaleros (CiU), los injustos privilegios de ¡los profesores! (PP) y la vagancia de los parados (PSOE). Mención aparte merece ese intensÃsimo (por el espacio mediático que ocupa) debate sobre la excepción lingüÃstica catalana que parece diseñado, como nos recuerda Isaac Rosa, para beneficiar a los dos partidos en liza, cada uno en un territorio diferente, mientras ambos pactan alegres todas las fases del saqueo al Estado de Bienestar que estamos sufriendo. Además, la última moda consiste en dar ruedas de prensa sin aceptar preguntas, muy en especial ese señor con barba que según todas las encuestas y ante mi infinita incredulidad está a punto de convertirse en presidente del Gobierno. Su gabinete ya está anunciando que ni siquiera se molestará en acudir a un debate con el candidato socialista. Sordera me parece un término muy suave. DeberÃa haber una palabra distinta para este tipo especial de sordera voluntaria que sufren unos señores a los que pagamos para entablar con nosotros un diálogo.
¿Quieren que les hable de poesÃa? Por todo lo anterior, esta tarde a las ocho yo voy a la marcha de Democracia Real Ya. A levantar la voz, a luchar, a sumar. A estar con mis amigos y con mis compañeros. No son buenos, son inmejorables tiempos para la lÃrica. Y el dÃa 16, que se prepare la prosa.
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José Daniel Espejo. Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
(ArtÃculo publicado en Diario La Opinión de Murcia el 15/9/2011: http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2011/10/15/buenos-tiempos-lirica/357408.html )
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