José Daniel Espejo
Ha pasado un año (menos tres dÃas) del Quince de Mayo y los muchos motivos que lo pusieron en marcha son más reales y dañinos si cabe que entonces. Si la protesta original consistÃa en reivindicar mayor soberanÃa popular ante el despotismo infrademocrático del bipartidismo de mercado, terminando con los rancios privilegios de la clase polÃtica y con la dictadura financiera, los tristes acontecimientos de este año no han hecho sino ratificarnos en nuestro diagnóstico de hace doce meses. Importa recordar cuáles fueron esas reivindicaciones, si queremos desentrañar la maraña interesada que ha ido tejiéndose sobre ellas a base de manipulación, desconfianza y neutralización programada.
Se ha acusado al movimiento de todo tipo de insidias, la más ingenua de las cuales es que somos un partido polÃtico, sindicato u organización, encubiertos. No se han ahorrado ningún disparate: que somos Izquierda Unida y que lo único que pretendemos es hundir al PSOE, o que somos el PP, persiguiendo lo mismo, o Méndez y Toxo, o que somos las Juventudes Socialistas, o los anarcosindicalistas, o incluso (para César Vidal) ETA. Esta técnica, que supongo que se estudia en Primero de Ciencias de la Manipulación (Fundamentos de Divide y Vencerás), pretende introducir la sospecha entre los activistas, haciéndoles creer que su conciencia y buena fe están siendo pervertidas con fines partidistas. Y en efecto es posible encontrar en las asambleas a militantes de IU, o a cuadros de CCOO, o a anarcosindicalistas, o a feministas, o a activistas de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), o a ecologistas, o a gente que es varias de esas cosas (y muchas otras) al mismo tiempo. Pero el operador matemático del movimiento no es =, sino +, y el mÃnimo común denominador es suficientemente diáfano y poderoso como para integrar con toda lógica a ciudadanos con ideologÃas diferentes. Lo cual no significa que no haya espacio para la disensión o intentos de teñir la movilización con colores propios: el debate entre posibilistas y esencialistas sigue incandescente, por ejemplo, y también la polémica sobre las expulsiones de militantes de organizaciones tan centrales como Democracia Real Ya. Un simple vistazo a la forma de organización del movimiento, ontológicamente asambleario y democrático, rizomático y alérgico a cualquier modalidad de cadena de mando, ya deberÃa ser suficiente demostración de la imposibilidad de controlarlo desde un partido polÃtico o sindicato. Sus números, entre participantes en las acampadas, asistentes a las asambleas y manifestantes, que están a años luz de la exigua capacidad de movilización de cualquiera de esos mismos partidos o sindicatos, también.
Otra técnica frecuente de neutralización, que seguro que les suena si están al tanto de los mass media, consiste en dar al 15M por amortizado. Con una lógica más bien amarillista, se entiende que, conforme las acampadas centrales iban abandonando las portadas de los diarios, las ideas que reivindicamos iban abandonando los cerebros de los ciudadanos de este paÃs. Este argumento tan torticero va unido a una actitud resignada y a cierta presión continua sobre el lector-telespectador-oyente para que se una a una supuesta estulticia generalizada y olvide lo que ha visto en la calle. Al final todo esto ha quedado en nada, y es una pena, porque en algunas cosas tenÃan razón o en las asambleas ya no quedan más que los tres o cuatro de siempre o se veÃa venir, porque mucho reunirse y mucho protestar pero no tenÃan un programa realista. ¿Les suena? Claro que les suena.
Pero la insidia favorita de nuestros enemigos es la acusación de violencia, la etiqueta ´antisistema´. En este sentido, las portadas de La Razón o Abc son un ejemplo de «periodismo de contenedor», concepto que acabo de inventarme y que les aclaro para que no piensen que estoy equiparando a estos dos venerables diarios con la basura. En fin, piensen lo que quieran, pero yo me referÃa a esa tendencia a informar de cualquier movilización, reivindicación o fenómeno social mediante la imagen de un contenedor quemado, ignorando olÃmpicamente todo lo demás. Este periodismo se ha utilizado contra el 15M desde el minuto uno, igual que contra las movilizaciones obreras o la lucha altermundista, y no sirve solo para sembrar el desencanto entre los activistas, sino para justificar lo injustificable.
Como injustificable es que la sindicalista Laura Gómez siga en prisión a dÃa de hoy desde el 29M, en virtud de una sentencia con la que el juzgado de instrucción número 23 de Barcelona reinaugura en nuestro paÃs el encarcelamiento por motivos polÃticos.
¿Violencia, dicen? ¿Acaso creen que no sabemos ya lo que es violencia? Ante la duda, recomiendo (es un decir) un sencillo experimento: retrásense en tres o cuatro cuotas del préstamo del piso, que verán lo que es violencia. O acompañen a la PAH en un desahucio, pónganse delante de la puerta de un afectado por la hipoteca y vean avanzar hacia ustedes a la tropa armada. Yo lo he hecho algunas veces y no me queda duda.
Entonces, ¿estoy con todo esto convocándoles a ustedes, amables lectores, a las manifestaciones convocadas para esta tarde en cientos de ciudades de todo el mundo? Empecemos confiando en el libre albedrÃo de cada cual: si considera usted que ya disfruta de suficiente democracia, que su opinión cuenta a la hora de tomar decisiones polÃticas en este paÃs, que no está mal que tres estudiantes pasen 37 dÃas en prisión por participar en una huelga o que una sindicalista siga entre rejas por encender una fogata frente a la Bolsa de Barcelona, que cada voto cuenta lo mismo, que no hay alternativa a los recortes y, por tanto, no es necesario consultarlos con la ciudadanÃa, que los privilegios de la clase polÃtica, la Iglesia católica o la Corona son justos, que es una buena idea tapar las deudas de los bancos con miles de millones de euros públicos y que sus consejeros no tienen responsabilidad en esta crisis (y sus obscenos sueldos son merecidos), etcétera, entonces no salga a la calle esta tarde. Ponga la tele o visite un bonito centro comercial o mejor rece.
Pero si no es asÃ, y yo ya sé que no es asà porque con ese nivel de desinterés y alienación no habrÃa llegado usted hasta esta altura del texto, súmese esta tarde a las marchas de Murcia o Cartagena. Encuentre motivos para dejar a un lado el desencanto y la sospecha, si es que han conseguido introducÃrselos a lo largo de este año. No le resultará difÃcil: abra un periódico o un navegador (ah, no, perdón, que ya lo tiene usted abierto). Lo difÃcil, lo realmente difÃcil, es lo contrario.
(ArtÃculo publicado en La Opinión de Murcia 12/5/2012:
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2012/05/12/12m15m/403328.html)
| < Anterior | Siguiente > |
|---|













