Andrés Pedreño
Qué sentido polÃtico dar a la experiencia, sin duda humilde, de un año de organización de una Asamblea de Barrio (en La Fama-Vistabella-La Paz) como parte del despliegue del movimiento 15M a la búsqueda de los espacios básicos de la democracia directa? Una Asamblea itinerante entre tres barrios (del denominado administrativamente Distrito Este de la ciudad de Murcia) en los cuales la crisis global se muestra en aspectos muy dramáticos da cabida a testimonios de los que todo lo están perdiendo: desempleo, desahucios, anuncios de cortes de agua por impago de las facturas de Aguas de Murcia, cortes de luz, etc. Una Asamblea itinerante por estos tres barrios articula una geografÃa urbana predispuesta a la toma de posición colectiva: un solar inmundo donde antaño hubo una guarderÃa emblemática reducida a escombros para favorecer la especulación inmobiliaria por orden de uno de esos ´demócratas´ con cargo de concejal; una biblioteca con horarios recortados; unos colegios desatendidos; las visibles diferencias entre calles y plazas bien atendidas (y limpias) y las mal atendidas, las cuales se superponen sobre las lÃneas de la dualización social creciente entre la pobreza y los integrados; unas calles cuyos nombres rememoran los fascistas que sustentaron la dictadura franquista (plaza Federico Servet, por ejemplo) mientras que la memoria colectiva de las luchas vecinales y democráticas que tan ricas fueron en estos barrios permanece en el olvido absoluto, etc.
Una Asamblea es un lugar para la conversación; para pensar las razones de la última huelga general; para escuchar a la Asamblea de Vecinos afectados por el terremoto de Lorca; para que una trabajadora social denuncie las nuevas tasas para solicitar o renovar documentación necesaria para personas dependientes (treinta euros), con discapacidad (de diez a veinte euros) o familias numerosas (de cuatro a veinticinco euros). Una Asamblea es un contrapoder social, es un lugar donde la denuncia deviene en lucha y construcción de derechos de ciudadanÃa: derecho a la vivienda, derecho humano al agua, derecho a la vida digna, derecho al buen vivir, derecho a la democracia y a la participación directa.
Una Asamblea estimula la asistencia a los plenos de la Junta Municipal del Distrito Este y comprueba en directo la farsa de lo que se denomina ´participación ciudadana´, escucha que allà no se habla de nada que tenga que ver con los problemas de la gente, presencia la reducción al ridÃculo del debate ciudadano, se rebela contra el vil ejercicio del clientelismo polÃtico que tiene ante sus atónitos ojos. En las juntas municipales no hay construcción de ciudadanÃa, son espacios de una Ãnfima calidad democrática. Por ello el reclamo de todo el poder para la Asamblea de barrio: democracia directa real, elección directa del alcalde pedáneo, presupuestos participativos, fin del caciquismo polÃtico, etc.
El filósofo francés Etienne Balibar ha realizado una acertada reflexión sobre el 15M: «Los indignados españoles son sin duda un movimiento social. Tienen sus raÃces en el territorio, han desarrollado sus propias instituciones, han definido reglas para la toma de decisiones y, por último, han planteado con fuerza el nudo de las relaciones sociales de producción» (en rebelión.org). La Asamblea de Barrio es una más de las instituciones especÃficas (junto con el Centro Social, las asambleas ciudadanas, las comisiones de trabajo, etc.) de las que se ha dotado el 15M en su aspiración de construir territorios para la construcción de dinámicas de democratización social reales.
¿Qué hacer hoy y ahora para que esta experiencia polÃtica no se pierda «como lágrimas en la lluvia» (decÃa el rebelde replicante en aquella inolvidable pelÃcula a su policÃa perseguidor en Blade Runner)? Miraremos al modelo de democracia radical reinventado por la Comuna de ParÃs y también a aquel creado por la inteligencia práctica ateniense en el mundo antiguo. Nos dice Andrés de Francisco (en rebelión.org): «La Comuna era igualitarista, pero piramidal. Arrancaba de la asamblea local e iba organizándose hacia arriba hasta la gran asamblea de la comuna. Sin embargo, no era representativa: la unidad asamblearia local nombraba comisarios, no representantes, los enviaba con un mandato imperativo y podÃa revocarlos en cualquier momento. La ciudadanÃa los tenÃa bajo control, y los obligaba a una doble y permanente comunicación polÃtica, hacia arriba y hacia la base. Además, los mandatos eran limitados en el tiempo y no renovables, se respetaba pues el principio republicano de la rotación. La Comuna era una democracia participativa, directa, social. Pero estuvo organizada, tuvo cabeza. Fue un cuerpo polÃtico democrático. A mi entender el modelo de la comuna es perfectamente exportable a un movimiento como el 15M. SerÃa interesante verlo evolucionar hacia un movimiento comunero».
El 15M y su despliegue hacia las asambleas barriales define un poder social constituyente, pues en lo constituido solo se haya el vacÃo.
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Andrés Pedreño es profesor en la Universidad de Murcia, y miembro del Foro Ciudadano
(ArtÃculo publiacdo en diario La Opnión de Murcia el 2/6/2012: http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2012/06/02/vivencias-pierdan-lagrimas-lluvia/407425.html)
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